¿Cuál es el pecado de muerte del cual habla 1 Juan 5:16?

¿Cuál es el pecado de muerte del cual habla 1 Juan 5:16? ¿Será el pecado que cometen los guerrilleros cuando masacran niños inocentes o destruyen la naturaleza que Dios creó? 

El tema del pecado de muerte ha producido una innecesaria confusión en mucha gente, amable oyente. Satanás ha sacado provecho de esta confusión para hacer pensar a mucha gente que con tal de que no cometan el pecado de muerte, pueden cometer cualquier otro pecado. Por eso es que mucha gente se afana sobremanera para saber cuál es ese pecado de muerte, de modo que puedan cometer los otros pecados con seguridad, entre comillas. Recuerdo el caso de un hombre que con insistencia quería saber si el pecado de muerte es el adulterio. Más tarde se llegó a saber que él vivía en adulterio. Quería saber si el adulterio es pecado de muerte para dejar de adulterar por el temor a morirse o seguir adulterando con confianza, entre comillas. Así que, mi amigo es importante que entendamos bien el pasaje bíblico en el cual se habla del pecado de muerte, para no caer en los errores ya anotados. Se encuentra en 1 Juan 5:14-17 donde dice: “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho. Si alguno viere a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida; esto es para los que cometen pecado que no sea de muerte. Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se pida. Toda injusticia es pecado; pero hay pecado no de muerte.” El apóstol Juan está enseñando sobre la oración. Este es el tema central del pasaje. Un principio básico en cuanto a la oración es el orar conforme a la voluntad de Dios. Esto no tiene nada que ver con recitar la frase: En el nombre de Jesús, al final de una oración. Orar conforme a la voluntad de Dios significa tener un claro discernimiento de qué es lo que Dios quiere, mas no lo que yo quiero, y pedir a Dios conforme al deseo de Dios no conforme a mi deseo. A veces, lo que yo deseo no es lo que Dios desearía. Muchos de mis deseos están fuertemente influenciados por mi naturaleza pecaminosa y de ninguna manera pueden ser la voluntad de Dios. Yo podría orar que Dios haga descender fuego del cielo sobre mis enemigos para consumirlos, tal cual como desearon los discípulos de Jesús cuando una aldea de samaritanos se negó a recibirles, pero eso no es la voluntad de Dios y Dios negará una petición de esa naturaleza. Si queremos que nuestras oraciones sean respondidas afirmativamente por Dios, es imperativo que esas oraciones sean hechas conforme a la voluntad de Dios. De otra manera no serán respondidas afirmativamente por Dios. Esta es la enseñanza central del pasaje. Como buen maestro, el apóstol Juan quiere dar un ejemplo de lo que acaba de enseñar, y es allí justamente donde entra este asunto del pecado de muerte. Pero antes de hablar de ello, permítame señalar un par de cosas importantes en cuanto al pecado. Pecado es todo aquello que es contrario al carácter de Dios. Dios es santo, puro y perfecto. Todo lo que no sea también santo, puro y perfecto es pecado. Es decir que a los ojos de Dios no existen categorías de pecado. Sin embargo, las consecuencias del pecado, no son las mismas para todo pecado. Si un niño miente a su madre, aparte de ofender a Dios con lo que ha hecho, lo más que cosechará como consecuencia de ese pecado será una reprimenda de su madre, y eso si la madre se las ingenia para descubrir la mentira. Pero si ese mismo niño lleva un arma a su escuela y dispara a sus compañeros y mata a unos cuantos, además de ofender a Dios, recibirá una fuerte condena. ¿Ve la diferencia? A los ojos de Dios, mentir es tan pecado como matar, pero las consecuencias son totalmente diferentes. Jesús mismo dijo que en el juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidón que para Corazín y Betsaida. Las consecuencias de los pecados no siempre son las mismas. Otra cosa que debemos tener muy en cuenta es que la Biblia enseña que una manera de disciplinar a los creyentes por parte de Dios es quitándoles la vida. Esto no significa que esos creyentes perderán su salvación o algo por el estilo, simplemente significa que Dios se los lleva al hogar celestial para que no causen más problema en la tierra que el que ya han causado con su pecado. Nuevamente aquí, no todo pecado del creyente es disciplinado por Dios con la muerte y no toda muerte de un creyente es consecuencia de algún pecado. Dios trajo la muerte sobre Ananías y Safira cuando después de vender su heredad retuvieron una parte de ella y el resto la pusieron a los pies de los apóstoles, aparentado que era todo lo que obtuvieron de la venta. Pero Dios no hace lo mismo con tanta gente que hoy en día engaña o mejor dicho pretende engañar a Dios no dándole lo que a Dios le corresponde en la ofrenda. Imagínese si Dios quitara la vida a todo creyente que no da al Señor lo que debe. Las iglesias se quedarían sin miembros. Solo Dios sabe cuándo disciplinar a un creyente con la muerte. Con todo esto en mente, vamos a lo que dice el Apóstol Juan en cuando al pecado de muerte. Recuerde que está poniendo un ejemplo de pedir cosas a Dios en oración conforme a la voluntad de Dios. Se trata de un pecado que comete un creyente y de algún modo, ese pecado, es de conocimiento de otro creyente. Este último creyente puede orar a Dios por ese hermano que ha cometido determinado pecado. Si la voluntad de Dios no ha sido disciplinar con la muerte al creyente que cometió el pecado, Dios contestará la oración del creyente que oró por él creyente que pecó, y Dios le concederá vida. ¿Por qué? No porque el creyente oró con fe o demandó a Dios que no discipline con la muerte al creyente que pecó, sino porque la voluntad de Dios fue no disciplinar con la muerte a ese creyente que pecó. Se trata de una oración hecha en la voluntad de Dios. Pero ahora trasladémonos a otro escenario. Supongamos que la voluntad de Dios ha sido disciplinar con la muerte al creyente que pecó. En este caso, aunque el otro creyente ore con fe y con persistencia para que Dios no discipline con la muerte al creyente que pecó, Dios no contestará esta oración, porque su voluntad es disciplinar con la muerte al creyente que pecó. Se trataría, en este caso, de una oración hecha no en la voluntad de Dios. Así que amable oyente, el pecado de muerte no es una acción específica que Dios siempre disciplina con la muerte. Puede ser cualquier pecado, solo Dios sabe por cual pecado va a disciplinar con la muerte y cuando va a disciplinar con la muerte por ese pecado. Por eso, para no correr ningún riesgo, es mejor tener al pecado lo más lejos posible en nuestras vidas. En conclusión, el pecado de muerte no necesariamente es el pecado que cometen los guerrilleros. En todo caso, es necesario orar por los guerrilleros, rogando a Dios que lleguen al conocimiento de la verdad del Evangelio y que reciban a Cristo como Salvador.

¿María tuvo más hijos aparte de Jesús?

Soy católica y desde que tengo uso de razón me han enseñado que la virgen María no tuvo más hijos aparte de Jesús. Una amiga mía quien es evangélica me ha dicho que la virgen María tuvo otros hijos además de Jesús. Quisiera que me muestre con la Biblia si esto es así.

Efectivamente, la virgen María fue virgen solo hasta que dio a luz a su primogénito Jesús. Después tuvo más hijos con su esposo José. Esto se desprende de lo que enseña la Biblia en varios pasajes bíblicos, entre los cuales me gustaría mencionar los siguientes:

Primero: Hablando de José, con quien había sido desposada María, la virgen, Mateo 1:24-25 dice: “Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre Jesús.”

Interesante. José, con quien fue desposada María, recibió a su mujer, una vez que supo que lo que se había concebido en su vientre fue obra del Espíritu Santo, pero no la conoció, hasta que la virgen María dio a luz a Jesús. Esto significa que José no tuvo relaciones sexuales con la virgen María hasta que nació Jesús.

Note, hasta que nació Jesús. Una vez que nació Jesús, José conoció a María, o José tuvo relaciones sexuales con María, por cuanto los dos estaban legítimamente casados. María por tanto concibió y dio a luz hijos a José su marido.

Incidentalmente note que Mateo dice que José no conoció a María hasta que dio a luz a su hijo primogénito, cuyo nombre fue Jesús. Es decir, que Jesús fue el primogénito de María. Primogénito puede significar el primero de varios, o el más importante de varios. Ambos significados se aplican a Jesús y comprueban que María tuvo más hijos. Jesús fue el primero de varios hijos de María y Jesús fue el más importante de los varios hijos de María.

Pero existe otro pasaje bíblico que se encuentra en todos los evangelios sinópticos, Mateo, Marcos y Lucas, en el cual se hace muy evidente que María tuvo más hijos. Leamos Lucas 8:19-21 donde dice: “Entonces su madre y sus hermanos vinieron a él; pero no podían llegar hasta él por causa de la multitud. Y se le avisó, diciendo: Tu madre y tus hermanos están afuera y quieren verte. Él entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen.”

Jesús está poniendo su propósito de cumplir con la voluntad de Dios, sobre sus relaciones familiares. Para Jesús era más importante hacer lo que Dios le mandó a hacer, que atender a su propia familia.

Pero note como el médico e historiador Lucas indica claramente que Jesús tenía madre y hermanos. Interesante que no estaba con ellos José, el esposo de María. Muchos piensan que para entonces ya había fallecido.

Otro pasaje bíblico que nos habla que María tuvo más hijos e hijas es el que se encuentra en el evangelio de Marcos capítulo 6. Durante su ministerio público, Jesús llegó a su tierra y comenzó a enseñar en la sinagoga de ellos. La enseñanza de Jesús fue tan sabia y profunda que los que le oían estaban admirados.

Dejemos que Marcos nos cuente la reacción de los paisanos de Jesús. Marcos 6:2-3 dice: “Y decían: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos? ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él”

Allí lo tiene amable oyente. María tuvo como hijos, además de Jesús, a Jacobo, José, Judas y Simón. Además tuvo hijas, cuyos nombres no aparecen en el Nuevo Testamento.

Un texto más que habla acerca de que María tuvo más hijos además de Jesús, se encuentra en Juan 7:2-5 donde dice: “Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos; y le dijeron sus hermanos: Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. Porque ni aun sus hermanos creían en él.”

Quienes hablaron así a Jesús, fueron los hermanos de Jesús, es decir: Jacobo, José, Judas y Simón. Todos ellos no creían que Jesús era el Cristo, el Mesías, el Hijo de Dios. Más tarde, después que Jesús murió y resucitó, Jacobo y Judas llegaron a ser fieles discípulos de Cristo. Jacobo llegó a ser pilar en la naciente iglesia cristiana en Jerusalén y escribió el libro de Santiago. Judas llegó a ser un fiel discípulo de Cristo y escribió el libro de Judas.

Por todo lo dicho, podemos afirmar con certeza que María la virgen, fue virgen hasta dar a luz a Jesús. Después tuvo más hijos e hijas como afirma el registro bíblico.

¿Dónde dice la Biblia que no se debe comer carne de cerdo?

Sabiendo que yo como carne de cerdo, un amigo mío me ha dicho que no debería hacerlo porque eso está prohibido en la Biblia. ¿Dónde dice la Biblia que no se debe comer carne de cerdo?

Gracias por su consulta. Seguramente su amigo se estaba refiriendo a la ley de Moisés, dentro de la cual consta una detallada reglamentación sobre lo que el pueblo de Israel podía comer y lo que no podía comer.

Una parte de este reglamento se halla en Levítico 11:2-7 donde dice: “Hablad a los hijos de Israel y decidles: Estos son los animales que comeréis de entre todos los animales que hay sobre la tierra. De entre los animales, todo el que tiene pezuña hendida y que rumia, éste comeréis. Pero de los que rumian o que tienen pezuña, no comeréis éstos: el camello, porque rumia pero no tiene pezuña hendida, lo tendréis por inmundo. También el conejo, porque rumia, pero no tiene pezuña, lo tendréis por inmundo. Asimismo la liebre, porque rumia, pero no tiene pezuña, la tendréis por inmunda. También el cerdo, porque tiene pezuñas, y es de pezuñas hendidas, pero no rumia, lo tendréis por inmundo.”

Esta es la razón por la cual el pueblo de Israel no comía carne de cerdo. Este reglamento estuvo en vigencia mientras la ley de Moisés estuvo en vigencia.

Pero a raíz de la muerte y resurrección de Cristo, la ley de Moisés fue abrogada. Hablando de la ley de Moisés, Hebreos 7:18 dice: “Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de debilidad e ineficacia”

Este es el motivo para afirmar que los que creemos en Cristo ya no estemos bajo la ley de Moisés y por tanto ya no estamos en obligación de cumplir con aquel reglamento sobre lo que se debe comer y lo que no se debe comer.

El mismo apóstol Pedro fue expuesto a esta verdad en visión. Hechos 10:9-16 dice: “Al día siguiente, mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea para orar, cerca de la hora sexta. Y tuvo gran hambre, y quiso comer; pero mientras le preparaban algo, le sobrevino un éxtasis; y vio el cielo abierto, y que descendía algo semejante a un gran lienzo, que atado a las cuatro puntas era bajado a la tierra; en el cual había de todos los cuadrúpedos terrestres y reptiles y aves del cielo. Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come. Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás. Volvió a él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. Esto se hizo tres veces; y aquel lienzo volvió a ser recogido en el cielo.”

Aunque la visión tenía como propósito mostrar a Pedro que los gentiles también tenían parte en las bendiciones resultantes del evangelio, sin embargo, es muy significativa la manera que utilizó Dios para mostrar este hecho. Puso delante de Pedro todo tipo de cuadrúpedos, el cerdo inclusive, y todo tipo de reptiles y aves. Muchos de estos animales eran inmundos conforme a la ley de Moisés. Luego Dios ordenó a Pedro: Levántate, mata y come. Estando bajo la ley, Dios jamás hubiera pedido esto a Pedro. Dios no puede contradecirse en algo que él mismo previamente ha ordenado.

Pero por el hecho que ya no estamos bajo la ley sino bajo la gracia, es absolutamente legítimo que Dios diga a Pedro: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. Levántate, mata y come

Otro pasaje bíblico que muestra que para los creyentes que estamos bajo la gracia ya no tienen vigencia las restricciones sobre los alimentos que aparecen en la ley de Moisés es 1ª Timoteo 4:1-5 donde dice: “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad. Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado.”

Así que, no es del todo correcto afirmar que la Biblia prohíbe que se coma carne de cerdo. Esto fue prohibido para el pueblo de Israel mientras estaba en vigencia la ley de Moisés, pero hoy en día, una vez que fue abrogada la ley de Moisés, los creyentes están en libertad de hacerlo.

Sin embargo, es necesario recalcar que la libertad de un creyente maduro para hacer o dejar de hacer ciertas cosas, debe tomar en cuenta la clara enseñanza de la Biblia en cuanto a no ofender al hermano débil. Note lo que dice 1ª Corintios 8:8-9 “Si bien la vianda no nos hace más aceptos ante Dios; pues ni porque comamos seremos más, ni porque no comamos seremos menos. Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles.”

El hecho de comer o no comer carne de cerdo no nos hace ni mejores ni peores delante de Dios. Sin embargo, debemos tener cuidado de que el uso de nuestra libertad no lastime a un hermano débil. Un hermano débil es aquel que tiene escrúpulos en cuanto a cosas que caen dentro de la libertad que tenemos en Cristo, como esto de comer carne de cerdo, por ejemplo.

Puede ser que haya algún hermano que sinceramente piensa que comer carne de cerdo es pecado. Bueno, si es así, este hermano no debe comer carne de cerdo y los que piensan que no hay problema con comer carne de cerdo, no deben hacer uso de esta libertad en presencia del hermano débil, para no herir su débil conciencia. Eso es lo que aconseja el Nuevo Testamento.

Ponga atención a lo que leo en 1 Corintios 8:10-13 “Porque si alguno te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un lugar de ídolos, la conciencia de aquel que es débil, ¿no será estimulada a comer de lo sacrificado a los ídolos? Y por el conocimiento tuyo, se perderá el hermano débil por quien Cristo murió. De esta manera, pues, pecando contra los hermanos e hiriendo su débil conciencia, contra Cristo pecáis. Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano.”

En esencia se trata de ceder a los derechos que tenemos por amor a los demás.

Considere lo que dice Romanos 14:14-15 “Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo; mas para el que piensa que algo es inmundo, para él lo es. Pero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor. No hagas que por la comida tuya se pierda aquel por quien Cristo murió.”

Aplicando este principio a nuestro caso relacionado con comer o no, carne de cerdo, Pablo diría: Yo sé, y estoy seguro de ello porque confío en Jesucristo, que la carne de cerdo no es inmunda en sí misma, pero si alguien piensa que la carne de cerdo es inmunda, para esa persona es inmunda. Pero si por causa de comer carne de cerdo, tu hermano se siente ofendido, tu conducta ya no es de amor. Que tu comida no sea causa de que se pierda aquel por quien Cristo murió.

Esto es la libertad en Cristo, ejercida dentro del marco del amor. De modo que, si Usted no tiene problema en comer carne de cerdo, pero está en presencia de un hermano que piensa que los creyentes no deben comer carne de cerdo, es mejor que ceda su derecho a comer carne de cerdo y evite de esa manera lastimar la conciencia del hermano que piensa que es malo comer carne de cerdo.

¿La Biblia condena el matrimonio entre primos?

¿El matrimonio entre primos en primer grado es condenado por la Biblia?

Gracias por su consulta amable oyente. Su inquietud se inscribe dentro de lo que se llama el matrimonio entre parientes cercanos. Al respecto, permítame señalar lo siguiente: La revelación de Dios es progresiva, y en el caso de los matrimonios se lo puede notar con mucha facilidad.

Cuando Dios creó a Adán y Eva les dio la orden de fructificar y multiplicarse sobre la faz de la tierra. En cumplimiento de este mandato, la Biblia registra en Génesis 5:4 que Adán y Eva tuvieron una familia muy numerosa. Leo este texto: Y fueron los días de Adán después que engendró a Set,  ochocientos años,  y engendró hijos e hijas.

Muchos piensan erróneamente que Adán y Eva tuvieron solamente tres hijos, Caín el primogénito, Abel a quien asesinó Caín, y Set, el hijo que reemplazó a Abel. Pero la Biblia dice, conforme al texto leído que Adán y Eva engendraron hijos e hijas. ¿Cuántos? No se puede saber, pero imagine cuántos hijos habrán tenido si Adán vivió ochocientos años después de engendrar a Set. Pero detengámonos para la reflexión. Para que la especie humana continúe propagándose, fue necesario que los hijos de Adán y Eva se hayan tenido que casar entre hermanos. Más adelante en el tiempo, además de casarse entre hermanos, seguramente se casaron entre primos o entre tíos y sobrinos. Este fue el caso de Nacor, un tío con Milca, una sobrina. Génesis 11:27-29 dice: Estas son las generaciones de Taré:  Taré engendró a Abram,  a Nacor y a Harán;  y Harán engendró a Lot.

Gen 11:28  Y murió Harán antes que su padre Taré en la tierra de su nacimiento,  en Ur de los caldeos.

Gen 11:29  Y tomaron Abram y Nacor para sí mujeres;  el nombre de la mujer de Abram era Sarai,  y el nombre de la mujer de Nacor,  Milca,  hija de Harán,  padre de Milca y de Isca.

Todas estas uniones fueron permitidas por Dios. En aquel tiempo, la composición genética de los moradores de la tierra era tal que no representaba problema alguno para la descendencia, el casarse entre parientes tan cercanos como hermanos o primos o sobrinos.

Pero lo interesante del caso es que unos 700 años después, Dios dio a Moisés mandamientos para el pueblo de Israel, entre los cuales había cosas que tenían que ver con el matrimonio. Estos mandamientos establecían restricciones en lo que tiene que ver con el grado de consanguinidad de los contrayentes.

Observe lo que dice Levítico 18:6; “Ningún varón se llegue a parienta próxima alguna, para descubrir su desnudez. Yo Jehová”.

Este mandamiento incluiría el matrimonio entre primos. Si fuera así: ¿Por qué la Biblia prohibiría este tipo de uniones matrimoniales? Pues la razón no es para coartar la libertad del hombre sino para procurar el bienestar del hombre, por cuanto, a estas alturas de la existencia de la humanidad, la composición genética de los seres humanos se había degradado tanto, que era muy probable que la descendencia de parejas que tienen un parentesco cercano, nazca con serios defectos genéticos. Si este peligro existía cuando Dios dio mandamientos a Moisés, cuánto más hoy en día, cuando vivimos miles de años después. Así que, si nos fundamentamos en el mandamiento del Antiguo Testamento es recomendable no casarse entre primos. El Nuevo Testamento no ordena ni condena el matrimonio entre primos, pero por el antecedente del Antiguo Testamento es preferible evitar el matrimonio entre primos. ¿Para qué correr riesgos que perfectamente pueden evitarse?

¿Puedo masturbarme si mi esposa no quiere tener sexo?

Una persona nos cuenta que su esposa se ha vuelto totalmente indiferente en cuanto al sexo y eso le ha conducido a recurrir a la masturbación. Pide nuestra opinión sobre este asunto.

Por la manera como ha planteado su consulta, parece que tiene claro en su mente que su esposa es la culpable de los problemas en el área de intimidad sexual. Con todo el amor y el respeto, le aconsejo en primer lugar a que no se apresure identificando al culpable porque puede ser que efectivamente sea ella la culpable, pero también puede ser que Usted sea el culpable, pero lo más probable es que los dos sean culpables. Mientras más trato conflictos de parejas en el área sexual, más convencido estoy que la culpa de los problemas en el área sexual siempre es compartida entre el esposo y la esposa. De modo que, en segundo lugar, mi consejo es que hable franca y abiertamente con su esposa y entre los dos reconozcan que tienen un serio problema en el área de intimidad sexual. Si no logran sobrepasar esta etapa va a ser difícil implementar una solución.

Nadie recurre a un médico antes de reconocer que tiene una enfermedad. Deben reconocer que están enfermos en lo referente a su relación de pareja. Cuando entre los dos reconozcan eso, en tercer lugar, les recomiendo que busquen un consejero capacitado bíblicamente para tratar este asunto. Puede ser un pastor, o un anciano o un consejero familiar. Si no tiene confianza con el pastor o el anciano de su iglesia, busquen alguien que les inspire algo de confianza. Debería ser alguien que conozca de la Biblia para que sus consejos sean fundamentados en la Biblia. Cuando se reúnan con el consejero, traten de estar los dos, no cada uno por su lado, porque de esta manera el consejero podrá guiarles a identificar la parte que cada uno tiene en el conflicto. Ante el consejero, los dos deben ser absolutamente veraces y concretos de modo que puedan identificar correctamente el problema y plantear una solución bíblica. Todo esto va a funcionar bien, en la medida que los dos se sometan al proceso de consejería.

En cuarto lugar, acérquense más a Dios por medio de su palabra y la oración. Seguramente esto será parte de la solución recomendada por el consejero. Dice que ante el problema que está teniendo con su esposa ha tenido que recurrir a la masturbación para satisfacer su legítimo deseo sexual. El sexo fue dado por Dios al hombre y a la mujer para que lo disfruten en pareja, una vez que se han casado. La relación sexual en una pareja de esposos funciona bien cuando él se entrega a ella sin reservas y cuando ella se entrega a él sin reservas. De otro modo uno de los dos se sentirá utilizado o abusado. La masturbación es el goce sexual solitario, algo contrario al propósito de Dios para el sexo. De modo que la solución a su problema de intimidad con su esposa no es la masturbación. La solución se dará cuando entre los dos, y tal vez con la ayuda de un consejero, identifiquen con veracidad la raíz del problema y pongan en práctica los pasos sugeridos para arreglar el asunto. La raíz del problema puede ser espiritual o emocional o inclusive física, pero nunca se sabrá hasta que se decidan a enfrentar el problema con madurez y con un sincero deseo de buscar una solución.

¿Qué hay de malo masturbarse?

Antes de referirnos al tema de la masturbación, es necesario tener en claro el papel asignado por Dios al sexo en general. Básicamente se ve que Dios diseñó el sexo en el ser humano con un triple propósito.

Primero, para comunión. Génesis 2:24 dice: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”

Cuando este texto nos habla de que los que se casan son una sola carne, nos está hablando de una unidad total entre un hombre y una mujer. Unidad espiritual, unidad emocional y unidad física. La unidad física tiene varios niveles, pero halla su máxima expresión en el acto sexual entre los esposos.

Segundo, el sexo ha sido diseñado por Dios para la procreación. Mediante la relación sexual, el esposo y la esposa contribuyen cada uno con su parte para que se conciba una nueva vida en la matriz de la esposa. La Biblia nos habla de esta función del sexo. Génesis 4:1 dice: “Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón.”

Cuando Adán tuvo relaciones sexuales con su esposa Eva, ésta concibió y en su debido tiempo dio a luz a Caín, el primer descendiente de la primera pareja de seres humanos en el mundo.

Tercero, el sexo ha sido diseñado por Dios para traer placer a una pareja que se ha casado. Pensando en esto, ponga atención a lo que dijo Salomón sobre la Sulamita. Cantares 7:6-9 dice: “¡Qué hermosa eres, y cuán suave, oh amor deleitoso! Tu estatura es semejante a la palmera, y tus pechos a los racimos. Yo dije: Subiré a la palmera, asiré sus ramas. Deja que tus pechos sean como racimos de vid, y el olor de tu boca como de manzanas, y tu paladar como el buen vino,”

Es el sexo lo que motivó a Salomón a escribir esto sobre la Sulamita. Salomón está meditando en lo deleitoso de la relación sexual con su esposa. Pero el sexo no es solo para el deleite del esposo. Es también para el deleite de la esposa. Cantares 2:3-4 dice: “Como el manzano entre los árboles silvestres, así es mi amado entre los jóvenes; bajo la sombra del deseado me senté, y su fruto fue dulce a mi paladar. Me llevó a la casa del banquete, y su bandera sobre mí fue amor.”

Es el sexo lo que motivó a la Sulamita a pensar así sobre Salomón. El sexo es para deleite tanto del esposo como de la esposa. El esposo procura el deleite de la esposa y la esposa procura el deleite del esposo, solo así funciona bien la relación sexual entre esposos.

De otra manera, se reduce a una simple autogratificación utilizando a la otra persona como un mero instrumento para producir placer. Como Ud. habrá ya notado, el uso del sexo para cualquiera de sus propósitos está limitado a una pareja, un hombre con una mujer, que previamente se han casado. El uso del sexo fuera del matrimonio es condenado por Dios.

Dicho esto, vayamos al tema de la masturbación. Según el diccionario, masturbarse significa procurarse solitariamente el goce sensual. Partiendo de esta definición, debemos preguntarnos.

¿Existe comunión con alguien en el acto de la masturbación? La respuesta es obvia. ¿Existe posibilidad de procreación en el acto de la masturbación? La respuesta también es obvia. ¿Existe el procurar placer en otra persona en el acto de la masturbación?

La respuesta es nuevamente negativa porque en la masturbación el placer es exclusivo de la persona que se masturba. Es evidente entonces que en la masturbación no se cumple con ninguno de los propósitos que Dios tuvo para otorgar el sexo al ser humano. Puede ser que la masturbación no produzca ningún efecto adverso a nivel físico en el ser humano, como afirman algunos entendidos, pero ¿Qué de la conciencia manchada con un sentimiento de culpa por saber que se ha hecho algo opuesto al propósito de Dios para el sexo? ¿Qué del espíritu que sabe que todo aquello que va en contra del propósito de Dios atenta contra la santidad de Dios?

Estas son preguntas que los médicos y psicólogos normalmente no dan atención cuando tocan el tema de la masturbación. Además, la masturbación inevitablemente debe estar acompañada de fantasías sexuales porque de otra manera no puede existir excitación sexual.

Pero ¿Qué dice la Biblia sobre esto? 2ª Timoteo 2:22 dice: “Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor.”

La Biblia no alienta que los jóvenes vivan fantasías sexuales. La Biblia dice que los jóvenes deben huir de las pasiones juveniles. De modo que, hasta donde yo puedo ver, la masturbación no es aprobada por la Biblia por cuanto distorsiona el plan de Dios para el sexo y por cuanto se alimenta o induce malos pensamientos en los que la practican.

Quizá Ud. dirá: Pero si no es por la masturbación, entonces ¿Cómo entonces puede un joven o una señorita solteros desfogar su energía sexual? Bueno, la primera recomendación es que no carguen las baterías para después estar en la obligación de descargarlas. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que no se expongan a situaciones o circunstancias que de antemano se sabe que van a producir excitación sexual.

Si no existe excitación sexual no habrá necesidad de masturbación. Por tanto se debe evitar las caricias en el enamoramiento, las revistas o películas pornográficas, las conversaciones subidas de color, etc.

Pero estoy consciente que aunque los jóvenes no busquen voluntariamente excitarse sexualmente, es inevitable la excitación sexual, pero la forma de desfogar la energía sexual no debe ser masturbándose o peor recurriendo a la prostitución.

La segunda recomendación es que la forma de desfogar la energía sexual puede ser por lo que se conoce como sublimación que en este caso significa transformar esa energía sexual en otro tipo de energía. Un joven o una señorita que esté excitado o excitada sexualmente, podría hacer abundante ejercicio físico, o podría ocupar su mente y su cuerpo en alguna otra actividad que demande concentración y poco a poco el nivel de excitación sexual irá disminuyendo.

Como tercera recomendación, es necesario echar mano del poder espiritual que Dios ha dado a los creyentes para capacitarlos para vivir en santidad. Ante la presencia de la excitación sexual, se puede clamar a Dios en oración por ayuda, se puede leer la Biblia o se puede repetir citas bíblicas previamente memorizadas, se puede cantar, etc. Todo esto logrará que la excitación sexual disminuya y haga innecesaria la masturbación.

Cuarto, en el caso de parejas de novios, cuando llegan a un punto en el cual se vuelve harto difícil evitar la constante excitación sexual, probablemente será necesario pensar en el matrimonio para evitar caer en la masturbación o peor todavía en la fornicación. Esto por supuesto deberá ser manejado bajo la dirección de Dios. La Biblia aconseja a los solteros que ya están “quemando” entre comillas que mejor es casarse que estarse quemando.

Espero que estas ideas le sean útiles en cuanto a este importante asunto.

¿Un creyente casado con un incrédulo debe separarse?

En el libro de Esdras, que los judíos que se habían casado con mujeres no judías, fueron ordenados a separarse. ¿Significa esto que si un creyente hoy en día está casado con un incrédulo deberían también separarse?

Efectivamente amigo oyente, en el libro de Esdras aparece el relato del evento mencionado por Usted en su consulta. Esdras 9:1-2 dice: “Acabadas estas cosas, los príncipes vinieron a mí, diciendo: El pueblo de Israel y los sacerdotes y levitas n se han separado de los pueblos de las tierras, de los cananeos, heteos, ferezeos, jebuseos, amonitas, moabitas, egipcios y amorreos, y hacen conforme a sus abominaciones. Porque han tomado de las hijas de ellos para sí y para sus hijos, y el linaje santo ha sido mezclado con los pueblos de las tierras; y la mano de los príncipes y de los gobernadores ha sido la primera en cometer este pecado.” Cuando Esdras supo de esto, rasgó sus vestidos y su manto, y arrancó pelos de su cabeza y de su barba y se sentó angustiado en extremo. Luego oró a Dios confesando este pecado. El quebrantamiento de Esdras por este pecado contagió a todo el pueblo, y una multitud de Israel, hombres, mujeres y niños lloraba amargamente. Más tarde llegó el momento de hacer práctico este arrepentimiento. Note lo que dice Esdras 10:10-12 “Y se levantó el sacerdote Esdras y les dijo: Vosotros habéis pecado, por cuanto tomasteis mujeres extranjeras, añadiendo así sobre el pecado de Israel. Ahora, pues, dad gloria a Jehová Dios de vuestros padres, y haced su voluntad, y apartaos de los pueblos de las tierras y de las mujeres extranjeras.” Esta orden de Esdras se cumplió. Observe lo que dice Esdras 10:12 “Y respondió toda la asamblea, y dijeron en alta voz: Así se haga conforme a tu palabra.” Este episodio se repitió más tarde en los tiempos de Nehemías. Nehemías 13:23 dice: “Vi asimismo en aquellos días a judíos que habían tomado mujeres de Asdod, amonitas, y moabitas” La reacción de Nehemías ante este hecho fue severa. Nehemías 13:25 dice: “Y reñí con ellos, y los maldije, y herí a algunos de ellos, y les arranqué los cabellos, y les hice jurar, diciendo: No daréis vuestras hijas a sus hijos, y no tomaréis de sus hijas para vuestros hijos, ni para vosotros mismos.” El desenlace fue que Nehemías hizo separar a los judíos de sus mujeres extranjeras. Nehemías 13:30 dice: “Los limpié, pues, de todo extranjero, y puse a los sacerdotes y levitas por sus grupos, a cada uno en su servicio.” Muy bien. Si la Biblia no dijera nada más sobre un creyente casado con un incrédulo, entonces lo que se debería hacerse es lo mismo que ordenaron Esdras y Nehemías, es decir la separación. Pero el Nuevo Testamento da enseñanza sobre este asunto. Veamos lo que dice 1 Corintios 7:12-13 “Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone.” En otras palabras, si un creyente, hombre o mujer está casado o casada con una persona incrédula, y esta persona incrédula no tiene ningún problema con eso, entonces el hombre o mujer creyente no debe separarse de su pareja incrédula. Así que, si Usted siendo creyente, está casado con su esposa que es incrédula y ella consiente en vivir con Usted, entonces Usted no debe separarse de ella. Pero ¿Qué pasa si la parte incrédula no quiere saber nada de estar casada con el creyente? Entonces se aplica lo que dice 1 Corintios 7:15 donde leemos: “Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios.” Note que es el incrédulo, quien no quiere seguir casado con el creyente, y es el incrédulo, no el creyente, quien inicia el proceso de separación. En estas condiciones el creyente no puede obligar al incrédulo a seguir con él y debe separarse. Eso es lo que enseña la palabra del Señor.

¿Es contrario a la voluntad de Dios que un hombre creyente contraiga matrimonio con una mujer incrédula?

La voluntad de Dios con respecto al estado espiritual de los que están por casarse ha sido claramente expresada en su palabra. La voluntad de Dios es que su pueblo escogido no se mezcle con otros pueblos. Note lo que dice Deuteronomio 7:1-3 “Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra en la cual entrarás para tomarla, y haya echado de delante de ti a muchas naciones, al heteo, al gergeseo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, siete naciones mayores y más poderosas que tú, y Jehová tu Dios las haya entregado delante de ti, y las hayas derrotado, las destruirás del todo; no harás con ellas alianza, ni tendrás de ellas misericordia. Y no emparentarás con ellas; no darás tu hija a su hijo, ni tomarás a su hija para tu hijo.” Allí lo tiene amigo oyente. Es un claro mandamiento para el pueblo de Israel a no unirse en matrimonio con personas de otros pueblos. La razón para este mandato no es porque el pueblo de Israel sea mejor o superior que los demás pueblos de la tierra o que los demás pueblos de la tierra no sean dignos de emparentarse con el pueblo de Israel. Nada de esto. La razón es puramente espiritual. Note lo que dice el versículo siguiente del pasaje que leímos anteriormente. Se encuentra en Deuteronomio 7:4 donde dice: “Porque desviará a tu hijo de en pos de mí, y servirán a dioses ajenos; y el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros, y te destruirá pronto.” Esta es la razón por la cual Dios no quería que su pueblo escogido se mezcle con los demás pueblos de la tierra. El punto es este: Cuando alguien que es escogido de Dios y sirve a Dios se casa con alguien que no conoce a Dios y que no sirve a Dios, lo más probable que acontezca es que el escogido de Dios sea arrastrado a adorar y servir a dioses ajenos. ¿Ve Usted el punto? La misma idea se encuentra en el Nuevo Testamento. Mire lo que dice 2 Corintios 6:14 “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente.” El apóstol Pablo mira a la unión de un creyente con un incrédulo, como un yugo desigual. No sé si Usted habrá visto arar con bueyes. Bueno, habrá notado que los bueyes deben ser de igual tamaño para que puedan estar bajo el yugo y puedan hacer su trabajo. No se puede poner bajo el mismo yugo a un buey adulto y a un ternero recién nacido. Esa es la ilustración que Pablo usa para decir que un creyente no debe unirse en matrimonio con un incrédulo, porque será tan absurdo como intentar poner un buey y un ternero bajo un mismo yugo. Para clarificar más el asunto, Pablo hace varias preguntas retóricas ¿Qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? Ninguno. El creyente es justicia, el incrédulo es injusticia. La justicia no puede unirse con la injusticia. ¿Qué comunión la luz con las tinieblas? Ninguna. La luz y las tinieblas se excluyen mutuamente. Donde hay luz no puede haber tinieblas y donde hay tinieblas no puede haber luz. Un creyente es luz, un incrédulo es tinieblas, no pueden tener comunión entre ellos. ¿Qué concordia Cristo con Belial? Ninguna. Cristo es el perfecto, puro y santo Hijo de Dios. Belial es un nombre antiguo para Satanás y encierra la esencia misma de maldad e impiedad. El creyente está revestido de Cristo. El incrédulo está revestido de Belial. Entre los dos no puede haber ningún acuerdo. ¿Qué parte el creyente con el incrédulo? Ninguna. ¿Qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Ninguno. El creyente es templo de Dios. El incrédulo es templo de los ídolos. No puede jamás haber ningún acuerdo entre alguien que es el templo de Dios y alguien que es el templo de los ídolos. Queda claro por tanto que un creyente no debe unirse en matrimonio con un incrédulo. Pero Satanás es muy astuto. Satanás sabe que logrando que un creyente se una en matrimonio con un incrédulo, inutilizará a ese creyente y por eso mete en la cabeza de los creyentes pensamientos muy extraños. Como ese, según el cual Dios no quiere que sea feliz y por eso no quiere que me case con un incrédulo. O como ese otro, según el cual, si me caso con un incrédulo, algún día lograré guiarlo a los pies del Señor. Pensamientos así son una vil mentira de Satanás. No se deje engañar por Satanás amigo oyente. No piense jamás que Dios va a bendecir la unión matrimonial de un creyente con un incrédulo, porque de antemano, Dios ha dicho que un creyente no debe unirse en yugo desigual con un incrédulo.

Selah

¿Cuál es el significado de la palabra Selah en la Biblia?

Seguramente no será una novedad para Usted saber que los salmos son en realidad la letra de las canciones de alabanza del pueblo judío. Alguien ha dicho muy bien que el libro de los Salmos era el Himnario del pueblo judío.

La palabra que Usted ha notado en algunos salmos, parece que tiene relación con esto. Digo, parece, porque nadie puede estar totalmente seguro de ello. El significado de la palabra “selah” puede ser “levantar” aunque también se dice que significa “pausa” o “repetición” o “cambio de voz”.

No existe total seguridad sobre el significado original de la palabra “selah”.

Según algunos intérpretes de la Biblia, esta palabra se añadía al texto para indicar un interludio o cambio del acompañamiento musical.

Según otros intérpretes de la Biblia, esta palabra se añadía al texto para indicar que en ese momento los músicos debían levantar las manos de sus instrumentos y dejar de tocar.

Otros intérpretes de la Biblia dicen que esta palabra se usaba para hacer una pausa con el fin de meditar sobre lo que se acaba de cantar. Me gusta más esta interpretación. Muchas veces me encuentro que algo que leo en los Salmos y en Biblia en general, me obliga a detenerme para meditar en lo que acabo de leer para enriquecer mi alma y mi espíritu.

Así que, cada vez que se encuentre con la palabra “selah” en la Biblia, deténgase y medite sobre lo que acaba de leer. Estoy seguro que esto traerá enorme bendición a su vida.

¿Cuántas veces aparece la palabra sela en la Biblia?

A propósito, alguien ha tomado el tiempo para contar las veces que en la Biblia aparece la palabra “selah” y nos dice que aparece 71 veces en los Salmos y 3 veces en el libro de Habacuc.

Varios significados de Selah

Lo que no puede explicarse con palabras tal vez pueda entenderse con el corazón. Hay cantos sin letra cuyo significado se revela a la mente pensadora sin necesidad de comentario alguno; y ciertas veces el silencio es más expresivo que la palabra.

Y así el Selah, que podríamos llamar la sagrada pausa del Salmista, al presentarse después de una verdad importante o de un pensamiento nuevo, no requiere nada más: la lengua calla; tal vez el arpa o el salterio sigue repitiendo en melodiosa cadencia la última frase del cantor, mientras nuestros corazones, asintiendo interiormente a la verdad divina, comprenden que aquel Selah es nuestro amen, así sea.

Hay, por ejemplo, tres Selah en el Salmo tercero. Examinémoslos con relación a los pasajes que acompañan, y veamos si encontramos alguna significación.

En el verso segundo: “Muchos dicen de mi vida: No hay para él salud en Dios. Selah“.

Este es el Selah de admiración. El varón de Dios se siente sorprendido como de espanto ante el pensamiento de tal blasfemia contra Dios y su Padre. ¡Qué no hay auxilio para él en Dios! Su lengua enmudece, su arpa calla extremecida; medita un momento como si estuviese horrorizado, y luego reuniendo sus fuerzas prorrumpe en una exclamación de santa confianza: “Mas tu, Jehová, eres escudo alrededor de mi; mi gloria y el que ensalza mi cabeza”. Verdad que su propia experiencia atestigua, y que le hace decir “Con mi voz clamé a Jehová, y él me respondió desde el monte de su santidad. Selah“.

Este es el Selah de alabanza. Calla de nuevo la voz del canto, y parécenos ver los ojos del cantor elevados en muda pero solemne adoración.

Su propia experiencia le lleva al conocimiento de una verdad grande y general, y en el último verso exclama: “De Jehová es la salud: sobre tu pueblo será tu bendición. Selah“.

Este es el Selah de triunfo. El cantor ha empezado el salmo con una queja, y lo termina con un grito de victoria.

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