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¿A qué se refiere la Biblia cuando en Hechos 2:38 habla del don del Espíritu Santo?

¿Se refiere al bautismo en el Espíritu Santo? ¿Son las lenguas la evidencia de que alguien ha sido bautizado en el Espíritu Santo?

Para tomar en cuenta el contexto, vamos a dar lectura al pasaje bíblico que se encuentra en Hechos 2:37-41. Dice así: “Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro llamare. Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas” Pedro había predicado un poderoso mensaje centrado en Jesús de Nazaret, mostrando que él es el Mesías o el Cristo, lo cual fue confirmado por medio de su resurrección. La nación de Israel, sin embargo, rechazó a Jesús de Nazaret como su Mesías o Cristo y por eso le entregó para ser crucificado. Pedro dijo a los judíos que le oían: Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo. Algunos judíos reconocieron su error al apoyar la crucifixión de Jesús y por eso se compungieron de corazón y preguntaron a Pedro y a los otros apóstoles: ¿Qué haremos? Pedro respondió esta pregunta mostrando que era necesario arrepentirse, o cambiar su forma de pensar en cuanto a Jesús de Nazaret, para ya no rechazarle como Mesías, sino reconocer que él es el Mesías o el Cristo. Este cambio de mente acerca de Jesús de Nazaret debía ser manifestado públicamente mediante el bautismo en agua en el nombre de Jesucristo. Los creyentes entonces disfrutarían de dos grandiosos beneficios. Primero, sus pecados serán perdonados, y por tanto serán salvos del castigo que espera al pecador y, segundo, recibirán lo que Pedro llama el don del Espíritu Santo. Sólo a manera de aclaración y para evitar malos entendidos, esta porción bíblica no está enseñando que el bautismo en agua es requisito para la salvación, además de la fe en Cristo. La Biblia es lo suficientemente clara al indicar que la salvación es única y exclusivamente por la fe en la persona y obra de Cristo Jesús. El creyente se bautiza en agua porque ya es salvo, no para ser salvo. No reviste gran problema entender que el perdón de pecados es resultado de recibir por la fe a Cristo como Salvador, pero ¿A qué se refiere Pedro cuando habla del don del Espíritu Santo? Para saberlo es necesario mirar lo que dijo Jesús resucitado a sus discípulos poco antes de ascender a la gloria de su Padre. Hechos 1:4 dice: “Y estando juntos les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí.” ¿A qué se refería Jesús cuando habló de la promesa del Padre? Pues se refería a la venida del Espíritu Santo a morar en cada creyente. Lucas 24:49 dice: “He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.” Esta promesa del Padre se hizo una realidad en los discípulos que estaban en el aposento alto en el día de Pentecostés. A partir de ese momento, los apóstoles y discípulos de Cristo tenían el Espíritu Santo morando en sus vidas, capacitándolos para hacer la obra que Cristo les había encomendado. De esto es lo que hablaba Pedro cuando en su discurso dijo a los judíos: Y recibiréis el don del Espíritu Santo. Don significa un regalo que no se merece. El Espíritu Santo morando en el creyente es un don, o un regalo que el creyente no lo merece. El Espíritu Santo como don, morando en la vida del creyente, no debe ser confundido con el bautismo en el Espíritu Santo. El bautismo en el Espíritu Santo no es una obra del Espíritu Santo, sino una obra de Cristo por medio del Espíritu Santo. El bautizador con el Espíritu Santo es Cristo, no el Espíritu Santo. Mire lo que dice Mateo 3:11 “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.” Esta son palabras de Juan el Bautista. En esencia, lo que está diciendo es que así como él bautizaba en agua, después de él viene uno, quien no es otro sino Cristo, quien bautizará en Espíritu Santo y fuego. Por eso es que decimos que quien bautiza en el Espíritu Santo es el Señor Jesucristo. El resultado de ser bautizado en el Espíritu Santo, es ser introducido en el cuerpo de Cristo que es la iglesia. Esto lo tenemos en 1 Corintios 12:13 donde dice: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” El bautismo en el Espíritu Santo, realizado por Cristo en todo creyente, resulta en que ese creyente es introducido o sumergido en el cuerpo de Cristo que es la iglesia. Además, todo creyente que está en el cuerpo de Cristo que es la iglesia, tiene el Espíritu Santo morando en su vida, por eso el texto dice: Y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. De modo que, el bautismo en el Espíritu Santo es una obra de Cristo en todo creyente, que sucede el instante de la conversión, mediante la cual ese creyente es introducido en el cuerpo de Cristo que es la iglesia. Ahora hablemos un poco sobre las lenguas. Leamos Hechos 2:4 donde dice: “Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.” Cuando en este texto se habla de lenguas, se está refiriendo a idiomas, no a un balbuceo en estado de éxtasis. Los apóstoles y discípulos comenzaron a hablar idiomas que jamás habían aprendido a hablar. Lo interesante es que los idiomas que hablaron los discípulos sin haber aprendido, pudieron ser entendidos perfectamente por varias personas que estaban escuchando. Hechos 2:6-11 dice: “Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues,  les oímos nosotros hablar  cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.” Dios usó esta manifestación sobrenatural de hablar idiomas que los discípulos nunca aprendieron, para anunciar juicio a la nación de Israel que rechazó a Jesús de Nazaret como su Mesías, en cumplimiento de lo que dice en Isaías 28:11 donde leemos: “porque en lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablará a este pueblo.” El apóstol Pablo se hace eco de este hecho y hablando del don de lenguas en la iglesia dice lo siguiente en 1 Corintios 14:21-22: “En la ley está escrito: En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aún así me oirán, dice el Señor. Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos; pero la profecía, no a los incrédulos sino a los creyentes.” Esta manifestación de lenguas tuvo este propósito. De ninguna manera fue la evidencia de que un creyente ha sido bautizado en el Espíritu Santo.

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