¿Acaso Cristo fue desobediente y tuvo que aprender a obedecer?

En Hebreos 5:8 se habla de que Cristo aprendió la obediencia, en Filipenses 2:8 dice que Cristo Jesús se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte. ¿Acaso Cristo fue desobediente y tuvo que aprender a obedecer?

Para responder su consulta es necesario introducirnos en el maravilloso y a la vez insondable asunto de la humanidad y deidad del Señor Jesucristo. La Biblia presenta al Señor Jesucristo como una persona singular, en quien se funden dos naturalezas, la divina y la humana, de modo que él es 100% Dios y a la vez 100% hombre.

Como humano, tuvo un cuerpo humano, nació de una mujer. Su cuerpo tuvo que desarrollar y crecer en todo sentido, fue visto y palpado por los hombres. La única particularidad en cuanto a esto es que él nunca tuvo pecado. Tenía alma y espíritu de hombre. Estaba sujeto a las limitaciones propias de la humanidad. Tuvo hambre, tuvo sed, se fatigó, lloró y fue tentado. Tuvo nombres humanos, como Hijo del Hombre, Jesús, Hijo de David. Como hombre inclusive murió.

Como Dios, usó nombres que pertenecen exclusivamente a la deidad, como Dios, Hijo de Dios, Señor, Rey de Reyes y Señor de señores. Como Dios manifestó atributos divinos, tales como omnipotencia, omnisciencia, omnipresencia, como otorgar vida, como inmutabilidad y verdad. Su deidad quedó manifestada por las obras que hizo, como creador, como sustentador, como perdonar pecados, resucitar muertos, juzgar y enviar el Espíritu Santo. Como Dios fue adorado, tanto por los ángeles como por los humanos. Como Dios está en el mismo plano que las otras personas de la trinidad, el Padre y el Espíritu Santo.

Con esto en mente, su consulta tiene que ver con textos como Hebreos 5:8. Para tomar en cuenta el contexto vamos a leer el pasaje bíblico que se encuentra en Hebreos 5:7-10. La Biblia dice: “Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec.”

Lo que está haciendo el autor de Hebreos es demostrar que Jesucristo es legítimo sacerdote por cuanto ha sido llamado por Dios, por cuanto ha sido tomado de entre los hombres y por cuanto cumple con todos los requisitos para ser sacerdote. En Hebreos 5:7 se nos muestra que Cristo no solamente es el santo Hijo de Dios; sino que también es un perfecto hombre. Para probarlo, el autor de Hebreos hace referencia a la variedad de experiencias humanas por las cuales Cristo pasó en los días de su carne. Como hombre, cuando Cristo estaba en Getsemaní, ofreció ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte. Esto habla de un hombre en total dependencia quien vive en obediencia a Dios y comparte todas las emociones humanas que no están relacionadas con el pecado. La petición de Cristo no tenía que ver con que Dios no permita que muera en la cruz, por cuanto Cristo vino al mundo justamente para morir en la cruz. La petición de Cristo tiene que ver con que su cuerpo no sea retenido por la muerte. Esta oración fue contestada cuando Cristo resucitó de entre los muertos. Cristo fue oído a causa de su temor reverente.

En Hebreos 5:8 seguimos frente a frente con el misterio de la encarnación de Cristo. Aunque Cristo era Hijo, el único y unigénito Hijo de Dios, a pesar de ello, aprendió la obediencia por lo que padeció. No es que Cristo era desobediente y tuvo que aprender a obedecer a golpe de sufrimiento. Nada de esto. Lo que sucedió fue que la entrada del Hijo de Dios en este mundo como Hombre implicó que experimente cosas que de ninguna manera hubiese experimentado si hubiera permanecido en el cielo. Cada mañana Cristo tenía que poner oído a las instrucciones de su Padre. Cristo aprendió la obediencia experimentalmente como el Hijo que está siempre sujeto a la voluntad de su Padre.

Solamente así, habiendo sido perfeccionado, Cristo vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen. No es que Cristo fue imperfecto y en algún momento llegó a ser perfecto. Nada de eso. Sino que Cristo jamás hubiera llegado a ser nuestro perfecto Salvador si se hubiera quedado en el cielo, pero por medio de su encarnación, muerte, sepultura, resurrección y ascensión, Cristo completó la obra que era necesaria para salvarnos de nuestros pecados.

De manera que por ser llamado por Dios, por ser tomado de entre los hombres y por cumplir con los requisitos para ser sacerdote, el Señor Jesucristo es un perfecto sacerdote, no según el antiguo orden de Aarón, sino según un nuevo orden, el de Melquisedec.

Veamos ahora lo que tenemos en Filipenses 2:8. Para respetar el contexto leamos los versículos 6 al 8 del capítulo 2 de Filipenses. La Biblia dice: “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo; haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”

Cada sección de este pasaje bíblico describe la humillación del Hijo de Dios en forma humana. No estaba solamente dispuesto a dejar la gloria celestial, sino que se despojó a sí mismo. No conforme con eso, tomó la forma de esclavo. No sólo se hizo hombre sino que se humilló a sí mismo. Más bajo no podía descender. La profundidad de su humillación voluntaria se hace patente por el hecho que se hizo obediente hasta la muerte. Esto es asombroso, estuvo listo a obedecer aún si para eso tuviera que perder la vida. ¡Qué extraordinario! Pero eso no es todo. Por obedecer inclusive estuvo dispuesto a morir de la manera más indigna que se pueda imaginar. La muerte de cruz. Esta forma de morir estaba reservada para los peores malhechores. Pero la obediencia del Hijo de Dios a la voluntad de su Padre fue tal que estuvo dispuesto a sufrir esta vergonzosa muerte. De esto es lo que habla Pablo cuando al referirse al Hijo de Dios en forma humana dice que se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y hasta la peor de las muertes, la muerte de cruz.

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