¿Adónde va el alma de una persona cuando muere?

Iniciamos nuestro Consultorio de hoy dando respuesta a un amigo oyente de Caracas Venezuela, quien escucha nuestra programación a través de la Red de Radiodifusión Bíblica en Caracas. Dice así: ¿Adónde va el alma de una persona cuando muere?

Gracias por su consulta amable oyente. Usted ha hecho una pregunta de trascendencia eterna. Antes de responder a su consulta, me gustaría hacer referencia al significado de la palabra muerte. La muerte en esencia significa separación. La Biblia habla por tanto de varios tipos de muerte. Nos habla de la muerte física. Cuando esto ocurre, se produce una separación entre la parte material del hombre, su cuerpo, y la parte inmaterial del hombre, su alma y espíritu. Santiago 2:26 dice que el cuerpo sin espíritu está muerto. Pero la Biblia nos habla también de otro tipo de muerte. Es la muerte espiritual. Todo ser humano viene a este mundo en esta condición. Esto significa estar separados de Dios. Romanos 3:23 lo pone muy en claro cuando dice: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” En su estado natural el hombre está destituido o separado de la gloria de Dios. Por eso decimos que el hombre en su estado natural está muerto espiritualmente. Además de la muerte física y la muerte espiritual, la Biblia nos habla de la muerte segunda o de la muerte eterna. Mientras la persona está viva en este mundo, tiene abierta la oportunidad de pasar del estado de muerte espiritual al estado de vida espiritual. Si la persona rehúsa recibir a Cristo como Salvador y muere en esas condiciones, entra a lo que la Biblia llama la muerte segunda o la muerte eterna. De esto nos habla Apocalipsis 21:8 donde dice: “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” La muerte segunda y el lago de fuego son términos sinónimos. Apocalipsis 20:14 dice: “Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda” Estos términos se usan con referencia al estado eterno de los malos. Es “segunda”, entre comillas, con relación a la precedente muerte física de los perversos, quienes parten de este mundo en su incredulidad y rechazamiento de Dios; su estado es un estado de muerte perpetua, o lo que es lo mismo, muerte eterna. Muy bien, con todo esto en mente, podemos ahora hablar acerca de lo que pasa cuando muere físicamente una persona. A decir verdad, todo depende de la condición espiritual de esta persona. Consideremos en primer lugar lo que sucede con aquella persona que mientras estaba viva en este mundo recibió a Cristo como Salvador. Al morir físicamente, su cuerpo irá al sepulcro donde se volverá polvo, porque del polvo fue formado. Allí permanecerá hasta el momento de su resurrección cuando se levantará en gloria conforme a las promesas de Dios para los que somos creyentes. Pero ¿Qué pasará con su alma y espíritu? Bueno, para saberlo, podemos echar mano de textos como 2 Corintios 5:6-8 donde dice: “Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (porque por fe andamos, no por vista); pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor.” El alma y espíritu de un creyente puede morar en uno de dos lugares, o en el cuerpo mientras el creyente vive en este mundo, o con el Señor cuando el creyente sale de este mundo. Por eso decimos que el alma y espíritu de un creyente que muere, inmediatamente se encuentra con el Señor en el cielo. Esta es la esperanza que tenía Pablo. Escuche su testimonio según lo registra en la carta a los Filipenses capítulo 1, versículos 21-24: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger. Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros.” Pablo sabía que al salir de este mundo, inmediatamente estaría con Cristo, lo cual, según sus propias palabras, es muchísimo mejor. Durante el tiempo entre la muerte del creyente y su resurrección, el alma y espíritu de ese creyente mora con Cristo en el cielo, sin la presencia del cuerpo. Después de la resurrección, el alma y espíritu del creyente morará con Cristo en el cielo con un cuerpo glorificado. Muy bien, ¿qué pasa en cambio con el incrédulo? Pues al morir, el cuerpo del incrédulo tiene el mismo destino que el cuerpo del creyente. Es decir que va a la tumba donde volverá al polvo porque del polvo fue tomado. Allí estará hasta el momento de la resurrección de los incrédulos. Esta resurrección ocurrirá unos mil años después de la resurrección de los creyentes muertos. En cuanto al alma y espíritu de los incrédulos es una historia muy diferente al compararla con lo que pasa con los creyentes. Para saberlo, debemos hacer referencia a la historia relatada por Jesús acerca del rico y de la Lázaro. Se encuentra en Lucas 16:19-31 donde dice: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. El entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos” Fascinante y aterradora historia real. Fascinante para los que mueren habiendo confiado en Cristo como Salvador, porque su destino inmediato es estar con Cristo en el cielo, según lo que señalamos anteriormente. Pero aterradora para los que mueren sin haber recibido a Cristo como Salvador. El destino inmediato de su alma y espíritu es un lugar llamado Hades. Varias características de este lugar se nos presenta en la historia leída. Primero, es un lugar de tormento en fuego. Segundo, es un lugar donde las almas y espíritus de los que allí moran están plenamente conscientes. El rico estaba consciente del tormento en el que se hallaba, estaba consciente de los bien que estaba Lázaro en el seno de Abraham y estaba consciente de su familia en la tierra. Tercero, es un lugar donde no existe más oportunidad de salvación. Los que están allí no pueden pasar al seno de Abraham. Qué lugar tan espantoso. Sin embargo, cuando llegue el momento de la resurrección de los incrédulos, este lugar será arrojado al lago de fuego. Mire lo que dice Apocalipsis 20:11-15. “Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.” Esto ocurre al final del reino milenial de Cristo. Se lo conoce como el juicio del gran trono blanco. Los incrédulos muertos de todos los tiempos resucitarán y se presentarán ante este gran trono blanco. Allí escucharán el veredicto del Juez: Al lago de fuego. El lago de fuego es el lugar donde los incrédulos con cuerpos resucitados pasarán en tormento por la eternidad. Este lugar no fue creado para el hombre sino para el diablo y sus ángeles. Mateo 25:41 dice: “Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles” Los hombres que terminen en el lago de fuego serán aquellos que voluntariamente han decidido ir a ese lugar. En esta historia tenemos a dos hombres. El uno era rico y jamás arregló su problema de pecado con Dos. El otro era pobre pero arregló su problema de pecado con Dios. También tenemos dos destinos una vez que murieron. El que arregló su problema de pecado con Dios fue a un lugar de bendición. El que no arregló su problema de pecado con Dios fue a un lugar de tormento en fuego. La pregunta que quiero hacerle es: ¿Cuál será el destino inmediato de su alma y espíritu? No olvide que todo depende lo que Usted haga hoy con Cristo Jesús. Si todavía no lo ha recibido como Salvador, hágalo hoy mismo y de una vez por todas Usted habrá decidido donde va a ir una vez que salga de este mundo. Si lo hace, comuníquese con nosotros porque queremos enviarle material gratuito para su crecimiento espiritual.

CORTINA—————————————

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