El aborto

Nos escribe una amiga oyente y nos dice lo siguiente: Antes de recibir a Cristo como mi Salvador y en total ignorancia de lo que es el aborto, me sometí a un aborto. Ahora que tengo a Cristo como mi Salvador, me siento muy mal por lo que hice en el pasado y ese sentimiento de culpa no me deja vivir en paz. ¿Qué debo hacer para evitar seguir condenándome a mí misma por lo que hice?

El aborto provocado es un grave pecado contra Dios y contra la vida de un ser humano, con la circunstancia agravante que ese ser humano es el propio hijo o hija de la persona que se somete al aborto. No es extraño por tanto que Usted se sienta tan culpable, aun cuando eso pasó antes de que Usted reciba a Cristo como Salvador.

Para evitar el sentimiento de culpa por este pecado, me gustaría recomendarle algunos pasos que han probado ser efectivos en casos similares al suyo.

Primero, un arrepentimiento genuino. Arrepentirse significa cambiar la mente o cambiar la forma de pensar acerca de algo. En el caso del aborto provocado, Usted pensaba que no había ningún problema con eso y que era la manera ideal para resolver el problema de un embarazo no deseado. Es necesario que Usted cambie su manera de pensar.

Considere al aborto provocado como un asesinato. Yo sé que suena ofensivo, pero así es como ve Dios al aborto provocado. Si le queda algo de duda en mirar al aborto provocado como asesinato, solamente investigue un poco las técnicas de aborto que utilizan los cirujanos que se dedican a esta ingrata tarea y llegará a la conclusión que es atentar contra la vida de una criatura indefensa recluida en el supuestamente seguro seno materno.

Segundo, confiese a Dios este pecado específico. Confesar significa ponerse de acuerdo con Dios. En el caso del aborto Usted necesita ponerse de acuerdo con Dios en que el aborto es un pecado contra Dios. Proverbios 28:13 dice: “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia”

Tercero, por fe acepte el perdón y la limpieza de Dios. 1ª Juan 1:9 dice: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”

Dios es fiel y justo para perdonar el pecado de una persona que lo ha confesado. Acepte por fe esta verdad. Si Usted ha confesado el pecado de aborto, Usted ha sido perdonada de ese pecado. Para Dios es como si nunca hubiera cometido ese pecado. Puede ser que Usted se acuerde de este pecado, pero en lo que a Dios respecta, este pecado está olvidado.

Observe lo que dice Salmo 103:8-12 “Misericordioso y clemente s Jehová; lento para la ira, y grande en misericordia. No contenderá para siempre, ni para siempre guardará el enojo. No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen. Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.”

Pero no solo esto, también el texto en 1ª de Juan 1:9 dice que Dios es fiel y justo para limpiar de toda maldad. Acepte por fe esta verdad. Si Usted ha confesado el pecado de aborto, Usted ha sido limpiada de ese pecado. Su conciencia ha quedado limpia de lo que hizo. Cada vez que le ataque ese sentimiento de culpa, confróntelo con la verdad de la palabra de Dios.

Ese sentimiento de culpa no proviene de Dios sino de Usted misma. ¿A quien va a creer? A Usted misma quien dirá cosas como: Lo que hiciste no tiene perdón, o a Dios quien por medio de su palabra le dice: Estás perdonada y limpiada.

No se guíe por sus sentimientos. Los sentimientos son muy variables y nada dignos de confiar. A veces Usted se sentirá perdonada y limpia y vibrará de gozo, pero a veces Usted se sentirá sucia por lo que hizo y se sumirá en el foso de la culpa y la depresión. Así, su vida será como las olas del mar. Unas veces arriba, otras veces abajo.

Pero los creyentes no debemos manejarnos por los sentimientos sino por la fe. La fe dice: Si Dios me ha declarado perdonada y limpia, no tengo por que sentirme culpable y sucia. De aquí en adelante voy a vivir gozosa de saberme perdonada y limpia. Si Dios le perdonó, ¿Quién es Usted para no perdonarse a Usted misma? Que el Señor le colme de bendición.

La segunda consulta dice así: En Mateo 6:31-33 Jesucristo dijo que no debemos preocuparnos por la comida, pero en 2 Tesalonicenses 3:12 dice que debemos trabajar para comer. ¿Cómo es esto?

Me parece que existe un grave malentendido aquí. Leamos Mateo 6:31-33 donde dice: “31 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? 32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”

Lo que este texto está diciendo es que los creyentes no debemos vivir en ansiedad o preocupación por las necesidades básicas de la vida como son la comida, la bebida y el vestido.

Dios sabe que tenemos necesidad de estas cosas y él nos proveerá siempre y cuando confiemos en él y mostremos la veracidad de esa confianza por medio de buscar primeramente, note primeramente, el reino de Dios y su justicia. El creyente que pone a Dios en el primer lugar de su vida y confía en él verá siempre suplidas por Dios sus necesidades básicas, como son comida, bebida y vestido.

Esto es una realidad. Yo lo he vivido y de seguro también muchos de nuestros amigos oyentes. Me temo mucho que Usted está malinterpretando este pasaje bíblico en el sentido que no es necesario que un creyente trabaje, porque Dios se ha comprometido a satisfacer la necesidad básica de ese creyente.

Pero eso no es lo que está diciendo el texto. La Biblia en realidad exhorta a los creyentes a trabajar. Note lo que dice 2 Tesalonicenses 3:10 “Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma.” 

Dios no tolera la ociosidad de ninguna manera. El trabajo no es la maldición por el pecado de Adán. El trabajo es una bendición de Dios. Adán trabajaba antes de caer en el pecado.

Dicho esto, demos lectura al otro texto mencionado por Usted. Se encuentra en 2 Tesalonicenses 3:12 donde dice: “A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan.”

Nuevamente aquí, notamos que la voluntad de Dios es que los creyentes trabajen. Cuando el texto dice que trabajando sosegadamente coman su propio pan, está indicando que eviten comer de balde o eviten aprovechar el trabajo de otros para comer el fruto del trabajo de ellos. Esto es lo que enseña este texto. Vistas así las cosas, notará que no existe contradicción alguna.

 

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