Explíqueme con ejemplos de la vida diaria, cómo puedo poner en práctica lo que Cristo nos indicó en el sentido de que cualquiera que desea ser su discípulo debe Cargar su cruz, negarse a si mismo y seguirle.

Desde San Pedro, Sula, Honduras, se ha comunicado con nosotros un amigo oyente quien nos escucha por medio de BBN, para hacernos varias consultas. La primera dice así: Según algunos, la cruz en la que fue clavado el Señor Jesucristo, no tenía la forma que normalmente lo aceptamos, es decir una línea vertical atravesada en su parte superior por una línea horizontal, sino que era un palo o un poste de madera. ¿Es así?

Gracias por su consulta, amable oyente. La forma que normalmente conocemos de la cruz, formada por una viga vertical, cruzada en forma perpendicular un poco más arriba de la mitad, por una viga horizontal de menor longitud, se la conoce como la cruz cristiana o la cruz latina. Pero esta no es la única forma de cruz que existe en el cristianismo, porque también existe cruces en forma de X, en forma de Y, en forma de T y una cantidad más de otras formas un tanto más sofisticadas. La Biblia no se refiere a una forma específica de cruz, aunque por deducción del texto en Juan 19:19 se podría inferir que tal vez se trataba de la cruz latina. Este texto dice lo siguiente: Escribió también Pilato un título,  que puso sobre la cruz,  el cual decía:  JESÚS NAZARENO,  REY DE LOS JUDÍOS.

Se argumenta que para que haya un espacio para poner este título sobre la cabeza del crucificado, la cruz debió haber tenido la forma de la cruz latina. Ciertamente que es un argumento bastante endeble y por eso no se puede ser dogmático en cuanto a la forma que tuvo la cruz en la cual fue crucificado el Señor Jesucristo. Es mucho mejor no dar demasiada importancia a la forma que debe haber tenido esta cruz. Los testigos de Jehová dan por sentado que la cruz consistía simplemente en un palo o un poste, o un madero y por eso, en su versión de la Biblia, conocida como Nuevo Mundo, cada vez que aparece la palabra griega staurós que significa cruz, ellos la traducen como madero de tormento y cada vez que aparece el verbo griego stauróo que significa crucificar, ellos lo traducen como fijar en madero, todo lo cual es incorrecto porque en el Nuevo Testamento en griego existe una palabra específica para referirse al madero, es la palabra griega xúlon, que invariablemente se traduce correctamente como madero en la versión Reina Valera del Nuevo Testamento, en los únicos cinco textos donde aparece, Hechos 5:30, Hechos 10:39, Hechos 13:29, Gálatas 3:13 y 1 Pedro 2:24, textos que se refieren a la cruz, cualquier forma que haya tenido, hecha de madera, o de palo o de árbol, en la cual fue crucificado el Señor Jesucristo, con todo lo que eso significa en el sentido espiritual para los que creemos en Él y le hemos recibido como nuestro Salvador.

La segunda consulta de nuestro amigo oyente que hizo la consulta anterior dice así: Por favor explíqueme con ejemplos de la vida diaria, cómo puedo poner en práctica lo que Cristo nos indicó en el sentido de que cualquiera que desea ser su discípulo debe CARGAR SU CRUZ, NEGARSE A SÍ MISMO Y SEGUIRLE.

Gracias por su consulta, amable oyente. Lo primero que viene a la mente es que tomar la cruz, o cargar la cruz, no significa llevar una imagen de la cruz en una cadena colgada al cuello, o en la billetera, o en el bolso o en la contratapa de la Biblia, o en donde sea. Por otro lado, tampoco significa tener que soportar una situación adversa o una prueba. Algunas esposas cuyos maridos no resultaron como ellas esperaban, suelen decir que la cruz que tienen que llevar es su esposo. Algunos esposos que no tienen buenas relaciones con sus suegras, suelen afirmar que sus suegras son la cruz que ellos tienen que llevar. Los que sufren de alguna enfermedad persistente también suelen referirse a su enfermedad como la cruz que tienen que llevar. Pero vamos a dar lectura a uno de los pasajes bíblicos que hablan de tomar la cruz para determinar a qué se refiere. Se encuentra en Mateo 10:34-39. La Biblia dice: No penséis que he venido para traer paz a la tierra;  no he venido para traer paz,  sino espada.

Mat 10:35  Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre,  a la hija contra su madre,  y a la nuera contra su suegra;

Mat 10:36  y los enemigos del hombre serán los de su casa.

Mat 10:37  El que ama a padre o madre más que a mí,  no es digno de mí;  el que ama a hijo o hija más que a mí,  no es digno de mí;

Mat 10:38  y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí,  no es digno de mí.

Mat 10:39  El que halla su vida,  la perderá;  y el que pierde su vida por causa de mí,  la hallará.

Obviamente, el propósito principal del evangelio es lograr la paz con Dios. Juan 14:27 dice: La paz os dejo,  mi paz os doy;  yo no os la doy como el mundo la da.  No se turbe vuestro corazón,  ni tenga miedo.

Pero esto normalmente está precedido de un temporal conflicto en el plano humano. Cuando una persona deposita su fe en la persona y obra del Señor Jesucristo y lo hace público de alguna manera, no cosechará el aplauso de las masas sino el reproche de las masas. Pero lo más triste es la incomprensión y rechazo de las personas más cercanas al creyente ya sea padres, madres, hermanos, hermanas, suegros, suegras, hijos, hijas, amigos, y así por el estilo. Es como si la decisión de recibir a Cristo como Salvador fuera un filo cuchillo que hace división entre el creyente y las personas que le rodean. A esto se refirió el Señor Jesús cuando dijo: No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa. Esta circunstancia es una especie de prueba para determinar el grado de sinceridad de una persona que está considerando recibir a Cristo como Salvador y ser un discípulo de Él. A esto se refirió el Señor Jesucristo cuando dijo: El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí. Este versículo no está diciendo que los genuinos creyentes debemos odiar a nuestros padres o a nuestros hijos. Todo lo contrario. Los genuinos creyentes debemos amar a nuestros padres y a nuestros hijos y a todos en general. Pero el amor que debemos tener a nuestros padres, esposas, esposos, hijos, nietos, suegros, nueras y todo lo demás, debe ser de menor calidad que el amor que debemos tener al Seño Jesucristo. Presiento que esta declaración hará levantar las cejas de sorpresa a muchos creyentes, pero esa es la realidad. Poner esto en práctica implica una negación total al yo, a mis propios intereses, a mis propios afectos para dar preferencia al Señor Jesucristo, a su palabra, a su obra. Justamente es a esto a lo que se refirió el Señor Jesucristo cuando dijo: Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. Esta es la primera vez que el Señor Jesús menciona la palabra cruz a sus discípulos. Lo que el Señor Jesús estaba demandando es compromiso total de parte de sus discípulos, incluso hasta la muerte física. Usted me está pidiendo algún ejemplo práctico de esto. Existen tantos, pero me gustaría citar el caso de un grupo de cinco misioneros, algunos de ellos muy jóvenes, con un potencial maravilloso para llegar a ser prósperos en la vida secular en su país, pero con un amor supremo por el Salvador. Este amor sin condiciones llevó a estos jóvenes misioneros a dejar atrás la comodidad en su país y un futuro brillante, y viajar a Ecuador para dar testimonio de su fe en la persona y obra del Señor Jesucristo. Estando en Ecuador, el Señor guió a estos misioneros a llevar el precioso mensaje del Evangelio a una tribu indígena en la selva ecuatoriana que en esos tiempos vivía en estado semi salvaje. Sin conocer el idioma de los indígenas y sin tener a nadie que sirva de contacto, pero conscientes del peligro que enfrentaban por la ferocidad de la tribu, estos cinco misioneros se dieron forma de entrar al territorio de la tribu para aprender su idioma, sus costumbres y sobre todo para compartir con ellos el amor de Cristo. Al parecer, la tribu indígena pensó que los misioneros representaban un potencial peligro para ellos y atravesaron con sus lanzas a todos ellos. Estos misioneros pagaron con su vida el precio de llevar el mensaje del Evangelio a los perdidos. A los ojos humanos parecía una gran pérdida. ¿Cómo es posible que cinco hombres con un futuro brillante hayan tenido que morir de esa manera tan trágica? Pero a los ojos de Dios no fue una pérdida sino una inversión. Como resultado de esta aparente tragedia, Dios trajo salvación inclusive a los que mataron a los misioneros, a sus esposas, a sus hijos, y a una cantidad de personas incrédulas. Como resultado de esta aparente tragedia, en el mundo se levantó una gran ola de interés por el campo misionero. La semilla que fue plantada dio un fruto abundante. A esto se refirió el Señor Jesús cuando dijo: El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará.