¿La Biblia condena el matrimonio entre primos?, Mateo 20:22

Por medio de Internet se ha comunicado con nosotros un amigo oyente para preguntarnos si la Biblia condena el matrimonio entre primos en primer grado.

Gracias por su consulta amable oyente. Su inquietud se inscribe dentro de lo que se llama el matrimonio entre parientes cercanos. Al respecto, permítame señalar lo siguiente: La revelación de Dios es progresiva, y en el caso de los matrimonios se lo puede notar con mucha facilidad.

Cuando Dios creó a Adán y Eva les dio la orden de fructificar y multiplicarse sobre la faz de la tierra. En cumplimiento de este mandato, la Biblia registra en Génesis 5:4 que Adán y Eva tuvieron una familia muy numerosa. Leo este texto: Y fueron los días de Adán después que engendró a Set,  ochocientos años,  y engendró hijos e hijas.

Muchos piensan erróneamente que Adán y Eva tuvieron solamente tres hijos, Caín el primogénito, Abel a quien asesinó Caín, y Set, el hijo que reemplazó a Abel. Pero la Biblia dice, conforme al texto leído que Adán y Eva engendraron hijos e hijas. ¿Cuántos? No se puede saber, pero imagine cuántos hijos habrán tenido si Adán vivió ochocientos años después de engendrar a Set. Pero detengámonos para la reflexión. Para que la especie humana continúe propagándose, fue necesario que los hijos de Adán y Eva se hayan tenido que casar entre hermanos. Más adelante en el tiempo, además de casarse entre hermanos, seguramente se casaron entre primos o entre tíos y sobrinos. Este fue el caso de Nacor, un tío con Milca, una sobrina. Génesis 11:27-29 dice: Estas son las generaciones de Taré:  Taré engendró a Abram,  a Nacor y a Harán;  y Harán engendró a Lot.

Gen 11:28  Y murió Harán antes que su padre Taré en la tierra de su nacimiento,  en Ur de los caldeos.

Gen 11:29  Y tomaron Abram y Nacor para sí mujeres;  el nombre de la mujer de Abram era Sarai,  y el nombre de la mujer de Nacor,  Milca,  hija de Harán,  padre de Milca y de Isca.

Todas estas uniones fueron permitidas por Dios. En aquel tiempo, la composición genética de los moradores de la tierra era tal que no representaba problema alguno para la descendencia, el casarse entre parientes tan cercanos como hermanos o primos o sobrinos.

Pero lo interesante del caso es que unos 700 años después, Dios dio a Moisés mandamientos para el pueblo de Israel, entre los cuales había cosas que tenían que ver con el matrimonio. Estos mandamientos establecían restricciones en lo que tiene que ver con el grado de consanguinidad de los contrayentes.

Observe lo que dice Levítico 18:6; “Ningún varón se llegue a parienta próxima alguna, para descubrir su desnudez. Yo Jehová”.

Este mandamiento incluiría el matrimonio entre primos. Si fuera así: ¿Por qué la Biblia prohibiría este tipo de uniones matrimoniales? Pues la razón no es para coartar la libertad del hombre sino para procurar el bienestar del hombre, por cuanto, a estas alturas de la existencia de la humanidad, la composición genética de los seres humanos se había degradado tanto, que era muy probable que la descendencia de parejas que tienen un parentesco cercano, nazca con serios defectos genéticos. Si este peligro existía cuando Dios dio mandamientos a Moisés, cuánto más hoy en día, cuando vivimos miles de años después. Así que, si nos fundamentamos en el mandamiento del Antiguo Testamento es recomendable no casarse entre primos. El Nuevo Testamento no ordena ni condena el matrimonio entre primos, pero por el antecedente del Antiguo Testamento es preferible evitar el matrimonio entre primos. ¿Para qué correr riesgos que perfectamente pueden evitarse?

La segunda consulta del amigo oyente que hizo la consulta anterior dice así: ¿QUE TRATA DE DECIR MATEO 20:22 CUANDO JESUS PREGUNTA A LOS DISCÍPULOS SI PUEDEN BEBER LA COPA Y EL BAUTIZO QUE JESUS LO HIZO?

Gracias por su consulta. Vamos a dar lectura al texto citado por Usted, incluyendo el contexto. Se encuentra en Mateo 20:20-28. La Biblia dice: Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos,  postrándose ante él y pidiéndole algo.

Mat 20:21  El le dijo:  ¿Qué quieres? Ella le dijo:  Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos,  el uno a tu derecha,  y el otro a tu izquierda.

Mat 20:22  Entonces Jesús respondiendo,  dijo:  No sabéis lo que pedís.  ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber,  y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le dijeron:  Podemos.

Mat 20:23  El les dijo:  A la verdad,  de mi vaso beberéis,  y con el bautismo con que yo soy bautizado,  seréis bautizados;  pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda,  no es mío darlo,  sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre.

Mat 20:24  Cuando los diez oyeron esto,  se enojaron contra los dos hermanos.

Mat 20:25  Entonces Jesús,  llamándolos,  dijo:  Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas,  y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad.

Mat 20:26  Mas entre vosotros no será así,  sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor,

Mat 20:27  y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo;

Mat 20:28  como el Hijo del Hombre no vino para ser servido,  sino para servir,  y para dar su vida en rescate por muchos.

El pasaje bíblico tiene que ver con la muy humana codicia de honor, poder y fama. Valiéndose de su madre, Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, hicieron conocer al Señor Jesús su deseo de ocupar los lugares de privilegio en el reino que el Señor Jesús había anunciado. Sentarse a la derecha y a la izquierda del Rey significaba ser las personas de mayor confianza del Rey. Ante el pedido, el Señor Jesús comienza por señalar que Jacobo y Juan, no sabían lo que estaban pidiendo. Claro, ellos veían solamente el poder, la fama, la gloria, pero no sabían que no hay gloria sin humillación, no sabían que la cima del poder está precedida del profundo valle de la humillación. Por eso el Señor Jesús hizo la pregunta a Jacobo y Juan: ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? El vaso del cual habla el Señor Jesús, se refiere al vaso de la ira de Dios. Esto lo sabemos porque hablando del inminente castigo que estaba por recibir a causa de pecado del hombre, en lo que se llama la pasión de Cristo, lo cual incluye todo lo que soportó antes, durante y después de su crucifixión, el Señor Jesús dijo lo que registra Mateo en su Evangelio en el capítulo 26 versículo 39 donde dice: Yendo un poco adelante,  se postró sobre su rostro,  orando y diciendo:  Padre mío,  si es posible,  pase de mí esta copa;  pero no sea como yo quiero,  sino como tú.

El bautismo del cual habló el Señor Jesús se refiere a la inmersión del Señor en el sufrimiento. El verbo bautizar significa sumergir o introducir. Esto queda confirmado por lo que dice Lucas 12:50, texto en el cual, hablando de su pasión en la cruz, el Señor Jesús dijo: De un bautismo tengo que ser bautizado;  y  ¡cómo me angustio hasta que se cumpla!

Queda claro entonces que la gloria y el honor son el resultado de la humillación. Tal vez sin meditar mucho en lo que estaban diciendo, Jacobo y Juan dijeron al Señor Jesús que estaban dispuestos a saborear la humillación y el sufrimiento con tal de obtener lo que deseaban tan profundamente. Esta fue la razón para que el Señor Jesús les anuncie que conforme a su propia decisión, Jacobo y Juan van a ser humillados y van a sufrir, pero aun así, no es potestad del Señor Jesús el asignar los puestos de mayor honra, poder y gloria en su reino, sino que esta potestad la tiene Dios el Padre y Él ya ha escogido a quienes los va a dar. El Nuevo Testamento registra que en lo que tiene que ver con Jacobo y Juan se cumplió lo que el Señor Jesús les dijo. En Hechos 12:1-2, encontramos la manera como terminó la vida de Jacobo. Dice así: En aquel mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles.

Act 12:2  Y mató a espada a Jacobo,  hermano de Juan.

En cuanto a Juan, la tradición dice que fue arrojado a un recipiente con aceite hirviendo y que milagrosamente preservó la vida. En todo caso, el Nuevo Testamento afirma que Juan fue desterrado a una isla desierta llamada Patmos por el sólo delito, entre comillas, de ser un fiel discípulo de Cristo. Se cumplió lo que el Señor Jesús les anunció. Cuando el resto de los discípulos oyeron lo que Jacobo y Juan pidieron al Señor Jesús, se enojaron mucho. ¡Claro! Cada uno de ellos quería también lo que Jacobo y Juan habían pedido. Ante esto, el Señor Jesús dejó esa hermosa enseñanza en cuanto a lo que se conoce como el liderazgo por servicio. Los líderes incrédulos dominan de manera dictatorial, usando poder y autoridad carnal, pero los líderes creyentes deben actuar de manera opuesta. El modelo divino es que los líderes se entreguen a servir a otros, así como lo hizo el Señor Jesús.

 

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