Los niños o jóvenes creyentes tendrán que arrodillarse y decir en voz alta: si juro, Por favor oriéntenos para saber lo que tenemos que hacer según la Biblia

Desde Ecuador se ha comunicado con nosotros un amigo oyente para hacernos la siguiente consulta. En Ecuador estamos próximos a realizar el juramento a la bandera en las escuelas y colegios. Quisiera que me digan si está bien o no que los niños o jóvenes creyentes tengan que cumplir con esto, por cuanto tendrán que arrodillarse y decir en voz alta: si juro. Yo no creo que eso esté bien. Por favor oriéntenos para saber lo que tenemos que hacer según la Biblia.

Las autoridades de algunos países, dentro de ellos, Ecuador, han establecido que al terminar los estudios primarios y secundarios, los estudiantes participen en una ceremonia que en Ecuador se llama la jura de la bandera. Lo único que persigue esta ceremonia es que los estudiantes tengan una oportunidad de hacer una promesa juramentada de ser leales a su país y a sus símbolos patrios. Esta ceremonia no tiene en absoluto ningún tinte religioso como lo entienden algunas sectas falsas, sino que se trata del cumplimiento de un deber cívico. ¿Qué dice la palabra de Dios en cuanto a esto? Pues, lo que dice es que los creyentes debemos someternos a las autoridades superiores en tanto y en cuanto lo que nos pidan hacer no contradiga algo expresamente prohibido en la palabra de Dios. Note lo que dice Romanos 13: 1-2  Sométase toda persona a las autoridades superiores;  porque no hay autoridad sino de parte de Dios,  y las que hay,  por Dios han sido establecidas.

Rom 13:2  De modo que quien se opone a la autoridad,  a lo establecido por Dios resiste;  y los que resisten,  acarrean condenación para sí mismos.

Si las autoridades de un país demandan que sus ciudadanos hagan una promesa con juramento de ser leales a su país, los creyentes debemos obedecer y someternos a eso por cuanto no contradice en absoluto algo expresamente prohibido en la Biblia. Muchos piensan que el pasaje bíblico en Mateo 5:33-36 prohíbe los juramentos, pero no es así. Permítame leer este pasaje bíblico. La Biblia dice: Además habéis oído que fue dicho a los antiguos:  No perjurarás,  sino cumplirás al Señor tus juramentos.

Mat 5:34  Pero yo os digo:  No juréis en ninguna manera;  ni por el cielo,  porque es el trono de Dios;

Mat 5:35  ni por la tierra,  porque es el estrado de sus pies;  ni por Jerusalén,  porque es la ciudad del gran Rey.

Mat 5:36  Ni por tu cabeza jurarás,  porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello.

Los fariseos del tiempo de Jesús, enseñaban y practicaban que si alguien afirmaba algo y lo juraba por cualquier cosa que no sea el Señor, no había problema si lo que había afirmado no era verdad, pero si se juraba por el Señor, entonces más vale que lo que se había afirmado sea la verdad. Esto abrió la puerta para una explosión de mentiras bien cubiertas por juramentos en el nombre de cualquier cosa menos en el nombre del Señor. Esto es lo que cuestiona el Señor Jesús. Lo dicho se confirma por lo que encontramos en Mateo 23:16-22 donde leemos lo siguiente: ¡Ay de vosotros,  guías ciegos!  que decís:  Si alguno jura por el templo,  no es nada;  pero si alguno jura por el oro del templo,  es deudor.

Mat 23:17   ¡Insensatos y ciegos!  porque  ¿cuál es mayor,  el oro,  o el templo que santifica al oro?

Mat 23:18  También decís:  Si alguno jura por el altar,  no es nada;  pero si alguno jura por la ofrenda que está sobre él,  es deudor.

Mat 23:19   ¡Necios y ciegos!  porque  ¿cuál es mayor,  la ofrenda,  o el altar que santifica la ofrenda?

Mat 23:20  Pues el que jura por el altar,  jura por él,  y por todo lo que está sobre él;

Mat 23:21  y el que jura por el templo,  jura por él,  y por el que lo habita;

Mat 23:22  y el que jura por el cielo,  jura por el trono de Dios,  y por aquel que está sentado en él.

La enseñanza del Señor Jesús la recoge también Santiago en Santiago 5:12 donde dice: Pero sobre todo,  hermanos míos,  no juréis,  ni por el cielo,  ni por la tierra,  ni por ningún otro juramento;  sino que vuestro sí sea sí,  y vuestro no sea no,  para que no caigáis en condenación.

Este pasaje bíblico no está condenando los juramentos sino la nada honrosa práctica de afirmar algo falso y cubrirlo con un juramento para que aparezca como si fuera verdad. El hablar del creyente debería ser tan digno de confiar que no hace falta hacer juramento para que otro lo crea. Si la Biblia prohibiera hacer juramentos, Dios se habría equivocado, porque Él hizo un juramento. Note lo que dice Salmo 110:4 Juró Jehová,  y no se arrepentirá: 

 Tú eres sacerdote para siempre 

 Según el orden de Melquisedec.

Si la Biblia prohibiera hacer juramentos, el Señor Jesús no habría permitido ser puesto bajo juramento cuando el sumo sacerdote le preguntaba si él era el Cristo. Mateo 26:63 dice: Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo:  Te conjuro por el Dios viviente,  que nos digas si eres tú el Cristo,  el Hijo de Dios.

La respuesta del Señor Jesús bajo juramento aparece en Mateo 26:64 donde dice: Jesús le dijo:  Tú lo has dicho;  y además os digo,  que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios,  y viniendo en las nubes del cielo.

Los creyentes no tenemos que andar jurando para que la gente nos crea lo que estamos diciendo, pero si un juez o en una corte se nos pide afirmar algo bajo juramento no hay problema con eso, siempre y cuando lo que vayamos a afirmar sea la verdad, por supuesto, y ciertamente también en esto de prometer bajo juramento ser leal a un país en la ceremonia de la jura de la bandera.

Desde Perú nos escribe un amigo oyente quien escucha nuestra programación por medido de Radio del Pacífico. Dice así: ¿A qué se refiere exactamente el pasaje bíblico que dice “No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”? (Mt. 15:24). En otras versiones de la Biblia se lee “No fui enviado sino a las ovejas perdidas del pueblo de Israel” (Biblia al Día), “Dios me envió para ayudar sólo a los israelitas, pues ellos son para mí como ovejas perdidas” (Biblia en Lenguaje Sencillo), “Dios me ha enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel” (Biblia Dios Habla Hoy). Parece que existe una contradicción entre este pasaje y lo que señala Juan 3:16. ¿Me pueden explicar a qué se debe?

Gracias por tan interesante consulta amable oyente. Sucede que una mujer no judía, sino cananea se dirigió al Señor Jesús para hacerle el pedido que tenga misericordia de ella y de su hija, quien estaba gravemente atormentada por un demonio. El Señor Jesús no le respondió, pero la mujer seguía haciendo su pedido a gritos. Esto incomodó a los discípulos del Señor Jesús, quienes rogándole dijeron al Señor Jesús: Despídela, pues da voces tras nosotros. Fue en estas circunstancias que aparece el texto materia de su consulta. Leo Mateo 15:24. El respondiendo,  dijo:  No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.

Ante esto, la mujer se postró ante el Señor Jesús y le dijo: ¡Señor, socórreme! Eventualmente la fe de esta mujer cananea hizo que el Señor Jesús atienda su pedido. Usted encuentra contradicción con el texto en Juan 3:16 donde dice: Porque de tal manera amó Dios al mundo,  que ha dado a su Hijo unigénito,  para que todo aquel que en él cree,  no se pierda,  mas tenga vida eterna.

Me imagino que la contradicción radicaría en el hecho que según Juan 3:16 Dios ha dado a su Hijo, el Señor Jesús, al mundo, no solamente a los judíos, las ovejas perdidas de la casa de Israel, según Mateo 15:24. El asunto se explica de la siguiente manera. Cuando sucedió el evento con la mujer cananea, el Señor Jesús estaba todavía manifestando sus credenciales que le acreditaban como el Cristo, el Mesías, el Rey de Israel, por eso da prioridad a los judíos, las ovejas perdidas de la casa de Israel, una frase utilizada por el profeta Jeremías para referirse al remanente judío en su estado de incredulidad espiritual. A pesar de todas las credenciales que el Señor Jesús presentó, la nación de Israel lo rechazó como el Cristo, o el Mesías, o el Rey de los Judíos, y pidió su crucifixión. El Señor Jesús murió conforme a lo que las Escrituras decían sobre él, como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, pero resucitó de entre los muertos demostrando que su Padre había aceptado su sacrificio por el pecado. En estas condiciones, el Señor Jesús ya no es solamente el Cristo o el Mesías o el Rey de Israel, sino también el Salvador de todo el mundo, entendiéndose por supuesto que la salvación se hace efectiva únicamente para aquellos que lo reciben por la fe como su Salvador. A esto se refiere el texto en Juan 3:16.