¿Puede un creyente ser carnal toda la vida?

Desde Argentina se ha comunicado con nosotros por Internet un amable oyente para hacernos esta consulta: ¿Puede un creyente ser carnal toda la vida? ¿Necesita tener voluntad para cambiar, o todo depende de Dios? ¿Puede Dios hacer el milagro de cambiarlo aun cuando el creyente tiene el corazón duro?

Gracias por su consulta amable oyente. Para que todos nuestros amigos oyentes sepan de lo que estamos hablando, debo comenzar por definir un par de términos. Un creyente es aquel que ha recibido a Cristo como su personal Salvador. Un creyente carnal es aquel creyente que se deja controlar por su carne. La palabra carne, en este caso, se usa en un sentido figurado para hablar de los deseos o pasiones desordenadas que parten de la naturaleza pecaminosa del creyente. Ahora que hemos definido los términos, ¿puede un creyente ser carnal toda la vida? Para responder esta pregunta, vayamos a la primera epístola de Pablo a los Corintios capítulo 3 versículos 1 a 3. La Biblia dice: De manera que yo,  hermanos,  no pude hablaros como a espirituales,  sino como a carnales,  como a niños en Cristo.  Os di a beber leche,  y no vianda;  porque aún no erais capaces,  ni sois capaces todavía,  porque aún sois carnales;  pues habiendo entre vosotros celos,  contiendas y disensiones,  ¿no sois carnales,  y andáis como hombres?

Note que Pablo está hablando a creyentes, no a incrédulos, por eso los llama “hermanos” Sin embargo, estos hermanos no eran lo que Pablo hubiera esperado, es decir creyentes espirituales, sino que eran creyentes carnales. Pero aquí viene la clave para responder a su consulta. A esos creyentes carnales, Pablo les dice que también son niños en Cristo. Pablo llegó a Corinto, predicó el mensaje del Evangelio, algunos oyeron ese mensaje y recibieron a Cristo como Salvador. Como resultado de esa decisión llegaron a ser niños, o tal vez mejor, bebés en Cristo. Como bebés en Cristo, su característica más notoria es su inmadurez. Por eso Pablo no pudo alimentarlos con alimento sólido, sino con alimento, líquido, la leche, porque no eran capaces de digerir el alimento sólido, debido a su inmadurez. La evidencia de su infancia espiritual, o su inmadurez espiritual, o su carnalidad, era esa tendencia a ser celosos, a meterse en contiendas, a fomentar las disensiones o las divisiones. Esta conducta es propia de alguien que es inmaduro, o alguien que es carnal. Es una conducta que se parece mucho a la conducta de un incrédulo. Pero así como en el plano biológico, se espera que los bebés crezcan hacia la madurez, así también, se espera que los bebés espirituales crezcan hacia la madurez espiritual, es decir que dejen de ser carnales, bebés en Cristo, y progresen poco a poco hacia la madurez o a lo que la Biblia llama creyente espiritual. Por esto, amable oyente, un genuino creyente, no puede ser carnal toda la vida, no puede quedarse toda la vida en un estado de infancia espiritual, como niño en Cristo. Así como un bebé necesita alimento para crecer físicamente, los bebés en Cristo, necesitan el alimento espiritual, la palabra de Dios, para crecer hacia la madurez en Cristo o hacia ser un creyente espiritual. Esta transformación es un mandato. Ponga atención a lo que aparece en Gálatas 5:16-18. La Biblia dice: Digo,  pues:  Andad en el Espíritu,  y no satisfagáis los deseos de la carne.  Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu,  y el del Espíritu es contra la carne;  y éstos se oponen entre sí,  para que no hagáis lo que quisiereis.  Pero si sois guiados por el Espíritu,  no estáis bajo la ley.

Andar en el Espíritu es una forma figurada de hablar de madurez espiritual o control del Espíritu Santo. Satisfacer los deseos de la carne significa precisamente ser un creyente carnal. El mandato de Dios es claro y preciso: Deje de ser creyente carnal, un bebé en Cristo y prosiga a ser un creyente maduro, un creyente espiritual, un creyente controlado por el Espíritu Santo. Esto no es fácil, porque el deseo de la carne se opone al deseo del Espíritu. Pero la última palabra tiene el creyente. Es el creyente quien decide si se va a someter a los deseos de su carne o a los deseos del Espíritu Santo. El creyente que por su propia voluntad decide someterse al Espíritu Santo vence a la ley de la carne que también trata de controlar al creyente. La voluntad de Dios es que todo bebé en Cristo, todo creyente carnal, crezca hacia la madurez de ser controlado por el Espíritu Santo, de ser un creyente espiritual. Ahora pasemos a la segunda parte de su consulta. Esto de dejar de ser creyente carnal y crecer hacia la madurez, hacia ser un creyente espiritual, ¿de quién depende? ¿ De Dios o del creyente? Pues ya vimos que se trata de un mandato. Todo mandato apela a la voluntad del hombre. Dios ya ha hecho todo para que los creyentes sean maduros espiritualmente. Dios ha dado su Espíritu para vencer el pecado, se espera por tanto que el creyente haga uso de lo que tiene y llegue a ser controlado por el Espíritu Santo. Dios jamás pide al hombre hacer algo para lo cual primeramente no le ha capacitado. Si Dios ha ordenado al creyente que deje de ser carnal o bebé en Cristo y pase a ser espiritual o maduro en Cristo, entonces depende del creyente el que lo cumpla o no. De modo que, contestando la última parte de su consulta, si Dios ordena al creyente que deje de ser carnal, o bebé en Cristo, y prosiga hacia la mete de ser espiritual o maduro en Cristo, es porque él ya ha desechado hacer el milagro, entre comillas, de cambiar un corazón duro que se resiste a dejar de ser carnal o bebé en Cristo. No es cuestión de si Dios puede o no puede, o de poner límites a Dios. Cómo Dios, él puede hacer lo que le plazca, siempre y cuando eso esté en conformidad con su carácter. Es más bien cuestión de que Dios ya ha dejado al creyente la facultad de decidir entre ser un creyente carnal o un creyente espiritual.

Desde Caracas, Venezuela, un amigo oyente nos hace la siguiente consulta: ¿adónde va el alma de un creyente cuando muere? He oído que va al cielo, pero si esto es así, ¿de qué sirve la resurrección de los muertos?

Muchas gracias por su consulta amable oyente. Que Dios bendiga ricamente su vida y le colme de sabiduría para entender su palabra. Cuando un creyente muere, el cuerpo queda en la tierra en cumplimiento de lo que Dios dijo al hombre en Génesis 3:19: pues polvo eres, y al polvo volverás. En la tierra yacerá el cuerpo del creyente hasta el momento de la resurrección. Pero el alma y espíritu del creyente, su parte inmaterial, tiene un destino totalmente diferente. De esto nos habla pasajes bíblicos como 2 Corintios 5:6-9. La Biblia dice: Así que vivimos confiados siempre,  y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo,  estamos ausentes del Señor  (porque por fe andamos,  no por vista);  pero confiamos,  y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo,  y presentes al Señor.  Por tanto procuramos también,  o ausentes o presentes,  serle agradables.

Allí lo tiene amable oyente. Es un hecho que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor, pero cuando salgamos del cuerpo, inmediatamente pasamos a la presencia del Señor. Mírelo así: El alma y espíritu del creyente puede morar en uno de dos lugares. O en el cuerpo, mientras el creyente está vivo en el mundo o en la presencia del Señor cuando el creyente muere físicamente. Esta verdad se confirma en el relato conocido como El rico y Lázaro. Cuando murió Lázaro, inmediatamente fue llevado por los ángeles a un lugar de bendición, conocido en esa época como el Seno de Abraham, y más tarde como el paraíso o el cielo. Pero note algo importante amable oyente. Los creyentes que están en el cielo, desde que mueren físicamente hasta el momento de la resurrección, están en una forma incorpórea. Durante este tiempo, ante el Señor está solamente el alma y el espíritu del creyente, no su cuerpo. Por eso es absolutamente necesaria la resurrección del cuerpo. Esto sucederá cuando Cristo Jesús venga a las nubes a llamar a su iglesia, en lo que se conoce el rapto o arrebatamiento. En ese instante los creyentes serán revestidos de un cuerpo glorificado y seguirán en ese estado por la eternidad en la presencia del Señor. Esto es lo que presenta la Biblia en relación con el destino del alma y espíritu de los creyentes cuando mueren físicamente y también con relación con su cuerpo.

Esta consulta también nos ha hecho el amigo oyente que hizo la consulta anterior. Dice así: ¿Es el ángel Miguel, Jesucristo? 

Bueno, para comenzar, no le bajemos de categoría a Miguel. Era un arcángel, no simplemente un ángel. Esto significa que era un ángel de elevado rango. Del arcángel Miguel habla Judas 9. La Biblia dice: Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo,  disputando con él por el cuerpo de Moisés,  no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él,  sino que dijo:  El Señor te reprenda.

El arcángel Miguel debe ser muy poderoso como para luchar y vencer al diablo. Al arcángel Miguel se le conoce también como el príncipe que lucha o está a favor del pueblo de Israel. Note lo que encontramos en Daniel 12:1. La Biblia dice: En aquel tiempo se levantará Miguel,  el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo;  y será tiempo de angustia,  cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces;  pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo,  todos los que se hallen escritos en el libro.

Esto es Miguel, el arcángel, amable oyente. Pero Jesucristo es absolutamente superior. Más aún, Jesucristo creó al arcángel Miguel. Hablando de la abismal diferencia entre Jesucristo, el Hijo de Dios y los ángeles en general, y dentro de ellos el arcángel Miguel, observe lo que dijo el autor de Hebreos. Leo en Hebreos 1:5. La Biblia dice: Porque  ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás:

Mi Hijo eres tú, 

 Yo te he engendrado hoy, 

 y otra vez: 

 Yo seré a él Padre, 

Y él me será a mí hijo?

Jesucristo es Dios, el arcángel Miguel, es solo eso, un arcángel.

 

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