¿Que significa Hija de Sión?

Desde Honduras Centro América, nos escribe un amable oyente para hacernos la siguiente consulta: ¿Qué significa la frase hija de Sión, en Isaías 1:8?

Gracias por su consulta amable oyente. Guardo gratos recuerdos de la oportunidad que recientemente tuve de visitar este precioso país centroamericano. Permítame leer Isaías 1:7-8 La Biblia dice: Vuestra tierra está destruida,  vuestras ciudades puestas a fuego,  vuestra tierra delante de vosotros comida por extranjeros,  y asolada como asolamiento de extraños.

Isa 1:8  Y queda la hija de Sion como enramada en viña,  y como cabaña en melonar,  como ciudad asolada.

Isaías está describiendo en parte la desolación que resultó del pecado del pueblo de Israel. La tierra en general estaba en destrucción, las ciudades habían sido incendiadas, Israel estaba asolada bajo el dominio de naciones extranjeras. Es natural por tanto que la frase hija de Sión, se refiera a la capital de Israel, Jerusalén. Esto se confirma por lo que dice Isaías 52:2 donde leemos lo siguiente: Sacúdete del polvo;  levántate y siéntate,  Jerusalén;  suelta las ataduras de tu cuello,  cautiva hija de Sion.

Volviendo a Isaías 1:8, como consecuencia del pecado, la ciudad de Jerusalén estaba como enramada en viña y como cabaña en melonar. La otrora esplendorosa y majestuosa ciudad de Jerusalén, fue reducida a un simple cobertizo o una enramada en el cual se protege el cuidador de una viña o como una tienda o cabaña en la cual se protege el cuidador de una plantación de melón. Todo como funesto resultado del pecado del pueblo de Israel.

La siguiente consulta nos ha llegado por correo electrónico. Dice así: En el libro de Mateo 27:46 se nos dice que el Señor Jesús clamó: Eli, Eli, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Algunos comentaristas Bíblicos dicen que el Señor se sentía tan humano que creyó que Dios le había abandonado. Mi opinión es que Dios le desamparó porque estaba castigando el pecado de toda la humanidad sobre su Hijo y como Dios es Santo no puede concordar con el pecado. Para mí, la palabra abandonar y desamparar son diferentes.

Gracias por su consulta. Vamos a leer el pasaje bíblico en Mateo 27:45-50. La Biblia dice: Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.

Mat 27:46  Cerca de la hora novena,  Jesús clamó a gran voz,  diciendo:  Elí,  Elí,  ¿lama sabactani?  Esto es:  Dios mío,  Dios mío,  ¿por qué me has desamparado?

Mat 27:47  Algunos de los que estaban allí decían,  al oírlo:  A Elías llama éste.

Mat 27:48  Y al instante,  corriendo uno de ellos,  tomó una esponja,  y la empapó de vinagre,  y poniéndola en una caña,  le dio a beber.

Mat 27:49  Pero los otros decían:  Deja,  veamos si viene Elías a librarle.

Mat 27:50  Mas Jesús,  habiendo otra vez clamado a gran voz,  entregó el espíritu.

En medio de densas tinieblas a pleno medio día, cerca de la hora novena, es decir cerca de las tres de la tarde, se escuchó la voz del Señor Jesucristo clamando: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es lo que aparece en la primera frase de Salmo 22:1 pero en su forma Aramea, cuyo significado es: Dios mío,  Dios mío,  ¿por qué me has desamparado? 

El clamor del Señor Jesús fue malentendido por la gente que estaba cerca y pensaron que el Señor Jesús estaba llamando a Elías, porque la palabra para Dios en Arameo se parece a la palabra Elías. Uno de los presentes salió a la carrera tomando una esponja empapada en vinagre y poniéndola en una caña, le dio a beber. El resto de gente persistía en la burla y el menosprecio al Señor Jesús y decían con sorna: Deja, veamos si viene Elías a librarle. Pero el Señor Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz entregó el espíritu. De una forma voluntaria, el Señor Jesús entregó su vida. Su inquietud tiene que ver con la razón por la cual el Señor Jesús exclamó antes de entregar su espíritu: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Son al menos dos las razones. Primero para cumplir con lo que de él dice las Escrituras en Salmo 22:1, lo cual ya lo leí. Segundo por el hecho que en la cruz del Calvario, el Señor Jesucristo se hizo a sí mismo pecado, conforme a lo que dice 2 Corintios 5:21 donde leemos: Al que no conoció pecado,  por nosotros lo hizo pecado,  para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

El Señor Jesús es sin pecado, pero se hizo pecado por nosotros pecadores. Cuando Dios, como Juez lo miró y vio nuestro pecado sobre Él, tuvo que darle la espalda. Salmo 22:3 dice: Pero tú eres santo, 

 Tú que habitas entre las alabanzas de Israel.

Al reconocer este hecho, el Señor Jesús pronunció ese clamor desesperado: Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has desamparado? Así es amable oyente, en la cruz del Calvario, Dios desamparó a su propio Hijo para poder ampararnos a nosotros. Alguna vez leí esa interesante ilustración al respecto: La tarde moría en quietud contagiosa, las aguas del callado Passaic volvieron a la serena normalidad. A la distancia un desmantelado petrolero se perdía en la creciente bruma, el herrumbrado puente había quedado abierto. Alberto Drecker estaba pensativo, una extraña melancolía lo aletargaba peligrosamente, debía cerrar el puente, no mucho después pasaría el expreso nocturno. Los minutos fueron corriendo, la vida parecía reeditarse en los ojos tristes del guardapuente, sus primeras travesuras, su novia joven, aquella mañana gris cuado su esposa murió y… su hijo, lo único que tenía en el mundo. Con una sonrisa miró a su pequeño jugando cerca de él, el pecho guardó un suspiro. De pronto, el silbato del tren le volvió a la realidad, de un salto se paró y corrió a la casilla de control para bajar el vetusto puente, su hijo corrió tras él, pero un paso en falso resbaló y a pesar de que intentó aferrarse a algunos arbustos, cedieron, cayendo finalmente al río. Con todas sus fuerzas comenzó a manotear para mantenerse a flote mientras clamaba a su padre por auxilio. Las pitadas del expreso indicaban que ya estaba en la curva norte. Drecker estaba atrapado por el destino, tenía que hacer una decisión: O salvaba a su hijo o trataba de salvar lasa vidas de quienes, ajenos al drama, se acercaban vertiginosamente a la tragedia. Sus manos callosas comenzaron a girar la palanca, el chirrido de los hierros era un grito de renunciamiento, lentamente el puente se fue cerrando, segundos mas tarde, una luz centelleó sobre el río, el rápido de la noche había pasado como un relámpago. El atribulado padre se arrojó a las aguas para ayudar a su pequeño… pero ya era tarde, su inocente Pedro estaba muerto.

Mezclando sus lágrimas candentes con el agua helada que le caía de la ropa empapada, subió la barranca, cuando llegó a las vías miró la noche como tratando de divisar el tren perdido en la distancia. En sus brazos, callado, descansaba el cuerpo exhausto de un niño que ya no volvería a sonreír jamás.

¡Qué final más triste para nuestra historia! Pero así concluyó la escena, una escena descriptiva del drama inmortal del Gólgota. Aquella tarde, al caer el telón del último acto de la redención humana, en las sombras de un universo conmovido, el Padre Eterno recogió en sus brazos la ofrenda consumada de su Hijo que, desde un madero de sangre y soledad, imploró que sus manos lo recibiesen. Él también tuvo que hacer una elección: la inocencia prístina de su Ungido o la necesidad desesperante de una humanidad perdida, velozmente arrastrada al cataclismo. Y por la gracia inexpresable de su amor, desamparó al Unigénito del cielo para ampararnos a nosotros, para que, por su muerte, tuviésemos vida y por su sacrificio, dimensión eterna. Qué interesante amable oyente. Para finalizar, la palabra “desamparado” enkataleipo en el idioma en que se escribió el Nuevo Testamento significa literalmente dejar atrás, abandonar, dejar en apuros. De modo que se puede traducir también como “abandonado” Tanto es así que la Nueva Versión Internacional traduce la primera parte de Salmo 22:1 de esta manera: Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?