¿Cuál es el significado de ser quitado del libro de la vida?

Quisiera que por favor me aclaren los pasajes bíblicos de Hebreos 10:26-31 y Apocalipsis 3:5 con respecto a quitar el nombre del libro de la vida. ¿Tiene que ver esto con creyentes o no? Si es así, parecería que la salvación se puede perder.

Con mucho gusto procedo a explicar. Para ello es necesario reconocer que por principio general, la Biblia no se contradice en ninguna de sus partes. Si se contradijera, dejara de ser un libro divino, como lo es en la realidad. Dios su autor no puede decir una cosa en una parte de la Biblia y decir lo opuesto en otra parte de la Biblia. Si lo hiciera, dejaría de ser Dios. Con esto en mente, le invito a considerar lo que dice uno de los muchos pasajes bíblicos que sostienen la doctrina de que la salvación una vez lograda no se la puede perder. Permítame leer Juan 10: 27-30. La Biblia dice: Mis ovejas oyen mi voz,  y yo las conozco,  y me siguen,  y yo les doy vida eterna;  y no perecerán jamás,  ni nadie las arrebatará de mi mano.  Mi Padre que me las dio,  es mayor que todos,  y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.  Yo y el Padre uno somos.

Cuando Jesús habla de sus ovejas, se está refiriendo a los que somos salvos. El texto dice que Jesús nos conoce y nosotros le seguimos. Conocer significa tener una relación íntima. Jesús nos conoce íntimamente y nosotros le seguimos. Esto resulta en que los creyentes tenemos vida eterna. Yo les doy vida eterna, dijo Jesús. El verbo “dar” en esta frase está conjugado en tiempo presente. Esto significa que a partir de haber recibido a Cristo, como Salvador, en cualquier instante del tiempo, los creyentes tenemos vida eterna. Por eso Jesús podía decir con absoluta razón: Y no perecerán jamás. Esto no abre la puerta para dejar entrar la duda de que tal vez existe la posibilidad de que un genuino creyente perezca. Jesús lo dijo para que los creyentes estemos absolutamente seguros de que no vamos a perecer jamás. Para confirmar lo dicho, Jesús añadió que nadie, absolutamente nadie, puede arrebatar a un creyente de su mano. Más claro no puede ser. Más seguridad no puede haber. Jesús por tanto afirma que los creyentes hemos sido dados a él por su Padre. El Padre es mayor que todos porque él es Dios. Nadie puede por tanto arrebatarnos de la mano del Padre. Qué maravilloso. Los creyentes estamos en la mano del Hijo y también en la mano del Padre. Es inconcebible que podamos perdernos. Jesús dijo: Yo y el Padre uno somos. Este es uno de muchos pasajes bíblicos que tratan sobre este asunto. Tenga esto en mente mientras analizamos los textos que son materia de su consulta. El primero se encuentra en Hebreos 10:26-31. La Biblia dice: Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad,  ya no queda más sacrificio por los pecados,  sino una horrenda expectación de juicio,  y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.  El que viola la ley de Moisés,  por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente.  ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios,  y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado,  e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?  Pues conocemos al que dijo:  Mía es la venganza,  yo daré el pago,  dice el Señor.  Y otra vez:  El Señor juzgará a su pueblo.  ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!

Para comprender bien lo que el autor de Hebreos está diciendo en este pasaje bíblico, es necesario considerar que en esta oportunidad, se está refiriendo a personas que teniendo todo el conocimiento intelectual para ser salvos, sin embargo, inexplicablemente rechazan ese conocimiento intelectual, y por decirlo así, dan la espalda a Cristo Jesús, y no lo reciben como Salvador. Esto se comprueba porque no es sino más adelante, hasta que llega el versículo 39 del capítulo 10 de Hebreos, cuando el autor de Hebreos se incluye a sí mismo y a otros creyentes genuinos, para decir: Pero nosotros somos diferentes, no somos los que hemos dado la espalda a Cristo, sin que le hemos recibido como nuestro Salvador. Note lo que dice Hebreos 10:39: Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición,  sino de los que tienen fe para preservación del alma.

El “pero nosotros” con el que comienza esta frase, implica que todo lo anterior se refiere a otro tipo de personas, no a los creyentes genuinos, dentro de lo cual está el autor del libro de Hebreos. Como ya dije, se refiere a los que, digámoslo de esta manera, están a punto de tomar la decisión de recibir por la fe a Cristo como Salvador, pero no lo hacen, y se mantienen en ese rechazo hasta que mueren. A estos se refiere Hebreos 10:26-31. Veamos qué es lo que les dice el autor de Hebreos. Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados. Detengámonos aquí por un momento. El autor de Hebreos está haciendo referencia a algo que era muy conocido para los judíos. Ellos sabían que los diferentes sacrificios por el pecado, cubrían solamente los pecados de ignorancia del pueblo, pero cuando alguien hacía algo malo con soberbia, es decir sabiendo que estaba haciendo algo malo, en la ley de Moisés no había sacrificio para cubrir este pecado. Esto lo tenemos en Números 15:30-31. La Biblia dice: Mas la persona que hiciere algo con soberbia,  así el natural como el extranjero,  ultraja a Jehová;  esa persona será cortada de en medio de su pueblo.  Por cuanto tuvo en poco la palabra de Jehová,  y menospreció su mandamiento,  enteramente será cortada esa persona;  su iniquidad caerá sobre ella.

Por esta causa, si alguien, sabiendo que es un pecador y sabiendo que Cristo murió por él en la cruz del Calvario, y a pesar de eso, con soberbia rechaza a Cristo como Salvador, está cayendo justamente en lo que la ley de Moisés condenaba, ya no queda más sacrificio por los pecados. ¿Qué es lo que queda, entonces? Según la ley de Moisés, lo único que quedaba es ser cortado de en medio del pueblo de Israel. Pero algo más severo espera a aquel que a sabiendas voluntariamente rechaza a Cristo como Salvador. Lo que le espera es una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. Una persona así merece el castigo de los adversarios. La palabra Satanás, significa adversario. Aquel que, a pesar de saber, rechaza a Cristo como Salvador sufrirá eterno tormento en el lago de fuego junto a Satanás. La gravedad del castigo guarda relación con la gravedad de la falta. Eso es lo que el autor de Hebreos muestra a continuación. La falta es una ofensa contra el Padre, porque es equivalente a pisotear al Hijo de Dios. Si usted tiene un hijo, sabrá lo doloroso que es cuando ese hijo es lastimado por alguien. La falta también es una ofensa contra el mismo Hijo. Es equivalente a tener por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado. Es como si el Hijo fuera un pecador y que la sangre que él derramó en la cruz, la sangre del pacto, está contaminada con el pecado. La falta también es una ofensa contra el Espíritu Santo. Es el Espíritu Santo quien da testimonio a favor de Cristo al incrédulo. Rechazar a Cristo como Salvador teniendo pleno conocimiento de lo que se está haciendo es equivalente a dar por falso el testimonio del Espíritu Santo. Es decir que cuando una persona sabe todo lo que hace falta saber para recibir a Cristo como Salvador y sin embargo da la espalda y rechaza a Cristo como Salvador, está pecando contra el Padre, contra el Hijo y contra el Espíritu Santo. La ley dice que el que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente, cuanto peor será el castigo cuando el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se levantan como testigos en contra de alguien que ha rechazado a Cristo como Salvador. Reconociendo lo grave del castigo, el autor de Hebreos exclama: ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo! Así que, Hebreos 10:26-31 no habla de que los genuinos creyentes pueden perder la salvación, sino del castigo que espera a todo aquel que conociendo todo lo que tiene que conocer acerca de la salvación en Cristo, sin embargo, inexplicablemente da la espalda a Cristo y lo rechaza como Salvador. Ahora miremos el otro texto que usted mencionó en su consulta. Se encuentra en Apocalipsis 3:5. Para tomar el contexto vamos a leer desde el versículo 4. La Biblia dice: Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras;  y andarán conmigo en vestiduras blancas,  porque son dignas.  El que venciere será vestido de vestiduras blancas;  y no borraré su nombre del libro de la vida,  y confesaré su nombre delante de mi Padre,  y delante de sus ángeles.

El texto está hablando de los genuinos creyentes que se congregaban en una iglesia local en la ciudad de Sardis, en el primer siglo. A pesar de la presión del mundo sobre ellos, estos creyentes se mantuvieron firmes en su fe. Ellos son los que no han manchado sus vestiduras. La promesa es que ellos estarán para siempre con Jesús en el cielo, vistiendo vestiduras blancas, un símbolo de pureza y santidad. Estas son las personas dignas de semejante gloria. Cristo Jesús las hizo dignas. Eso es lo que espera también a todo genuino creyente. Todo genuino creyente es un vencedor, y al igual que los creyentes de Sardis, ellos también estarán para siempre con Jesús en el cielo, vistiendo vestiduras blancas, un símbolo de pureza y santidad. Es a ellos, a todo genuino creyente, que Jesús promete no borrar sus nombres del libro de la vida. El libro de la vida es el listado de los nombres de todos los que han sido escogidos por Dios para ser salvos, y que por tanto poseen vida eterna. Para todos ellos, es la promesa de Jesús de que sus nombres no serán borrados del libro de la vida. Esto comunica seguridad. No existe manera posible de borrar los nombres del libro de la vida. Su dilema tal vez, es que piense que como Jesús está prometiendo no borrar el nombre del libro de la vida a algunos, existe la posibilidad de que sí borre el nombre del libro de la vida a otros. Pero no hay tal. Esta posibilidad no existe. Eso es lo que declaró Jesús. Jesús termina diciendo que confesará delante de su Padre y delante de sus ángeles a todos los que constan en el libro de la vida. Una vez más, no existe posibilidad de que un genuino creyente pueda perder su salvación.

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