Cuando la Biblia habla de ese proverbio acerca del perro que vuelve a su vómito, y la puerca lavada que vuelve a revolcarse en el cieno, ¿se está refiriendo a creyentes que han perdido su salvación?

Comencemos por leer el pasaje bíblico al cual Usted hace referencia. Se encuentra en 2 Pedro 2:22 donde dice: “Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno.” Lo que primero necesitamos dilucidar es acerca de quien está hablando este texto. Para ello, es necesario ir al primer versículo del capítulo 2 de 2 Pedro, donde dice: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.” Este versículo identifica a los sujetos de quienes habla el versículo 22. Se trata de falsos maestros, quienes introducirán encubiertamente herejías destructoras, es decir falsa doctrina inventada por ellos mismos que produce división en la iglesia. Estos falsos maestros inclusive niegan al Señor que los rescató. Esto no significa que eran salvos y que en algún momento negaron a Jesucristo y perdieron su salvación. Cuando Pedro dice que estos falsos maestros negaron al Señor que los rescató simplemente está diciendo que rechazaron a Cristo, quien con su muerte pagó también por el pecado que estos falsos cometieron. Recuerde que Cristo pagó por el pecado de todo el mundo, pero esto no significa que todo el mundo es automáticamente salvo, porque para ser salvo, el pecador necesita recibir a Cristo como Salvador. Estos falsos maestros jamás tomaron esa decisión. Pero déjeme también comentar rápidamente sobre el hecho que estos falsos maestros se introdujeron encubiertamente en las iglesias. Esto significa que se metieron en secreto. Por fuera parecían verdaderos creyentes. Cantaban, oraban, hablaban, vestían, como si fueran creyentes, pero en realidad no lo eran. Su propósito era introducir falsa doctrina y causar división en la iglesia. Estos falsos maestros están también presentes hoy en día. Son lobos rapaces vestidos con piel de oveja. Cuidado con ellos. Podrían estar en su iglesia. De allí la importancia de comparar todo lo que Usted oye, con lo que dice la palabra de Dios. Si alguien dice algo contrario a lo que dice la palabra de Dios, Usted ya puede saber que se trata de un falso maestro. Pedro dice también que estos falsos maestros atraen sobre sí mismos destrucción repentina. Será el juicio de Dios sobre estos falsos maestros. Lo dicho será suficiente para que Usted reconozca que estos falsos maestros jamás fueron salvos, aparentaban serlo, pero en realidad no lo eran. Pero permítame mostrar más evidencia que apoya esta conclusión, porque es clave que Usted reconozca que estos falsos maestros son incrédulos. De otra manera tendrá mucha dificultad para interpretar el texto en 2 Pedro 2:22. En el capítulo 2, versículo 2 dice: “Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme.” En el versículo 9 dice: “y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio” En el versículo 12 dice: “como animales irracionales, nacidos para presa y destrucción, perecerán en su propia destrucción. En el versículo 14 dice: “y son hijos de maldición” Todo esto nos lleva a pensar que estos falsos maestros no son creyentes. Pero además, tienen algo más en contra. Por estar en contacto con la verdad, aun sin ser creyentes, estos falsos maestros recibieron abundante luz sobre su condición espiritual pero rechazaron recibir a Cristo como Salvador. Esto hizo de estos falsos maestros lo que se llama “apóstatas” Un apóstata no es un creyente que pierde su salvación y niega a Cristo. Un apóstata es alguien que aparenta ser creyente, pero en algún momento va en contra de lo que supuestamente apoyaba. De estos apóstatas habla el apóstol Juan cuando en su primera carta capítulo 2 versículo 19 dice: “Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros.” El apóstol Pedro dice que el postrer estado del apóstata es peor que el primero. 2 Pedro 2:20-21 dice: “Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado.” Con todo este bagaje de información, entonces consideremos el versículo 22 del capítulo 2 de Segunda de Pedro. Al mirar la trayectoria de los falsos maestros, también apóstatas, el apóstol Pablo aplica a ellos el proverbio que dice: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno. Cuando Dios rescata a un pecador, lo transforma totalmente. Es una transformación interior. Es como si el perro dejara de ser perro y se transformara en oveja y como si la puerca dejara de ser puerca y se transformara en oveja. El hecho que el perro vuelva a su vómito significa que ese perro jamás fue transformado en oveja. Siguió siendo perro. El hecho que la puerca aunque se lavó y se perfumó, sin embargo vuelve a revolcarse en el cieno, significa que esa puerca jamás fue transformada en oveja. Siguió siendo puerca. La obra sobrenatural de Dios transformando a un pecador es comparable a un perro o a una puerca transformándose en una oveja. ¿Ha visto Usted alguna vez a una oveja comiendo su propio vómito o revolcándose en el barro? ¿Verdad que no? La razón es porque eso no es parte de la naturaleza de una oveja. Igual es con los creyentes. Un verdadero creyente, jamás volverá a vivir como vivía antes de ser creyente. No es que nunca más va a cometer algún pecado. Puede ser que peque, pero lo reconocerá, lo confesará y se apartará de ese pecado. Pero si alguien dice ser creyente y sin embargo vive en el pecado y parece que no le importa vivir en el pecado, entonces en esta persona también se está cumpliendo el proverbio de que el perro vuelve a su vómito y la puerca lavada a revolcarse en el cieno. En esta persona ha habido solamente un cambio externo, pasajero, quizá adoptado por conveniencia, pero no ha habido un cambio interno. Por eso esta persona no es verdaderamente creyente.

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