Destino eterno de un suicida

El suicidio amigo oyente es contrario a la voluntad de Dios, porque el otorgar o quitar la vida es una prerrogativa de Dios. Hablando de Jehová, Dios, Deuteronomio 32:39 dice:

Ved ahora que yo, yo soy,
Y no hay dioses conmigo;
Yo hago morir, y yo hago vivir;
Yo hiero, y yo sano;
Y no hay quien pueda librar de mi mano.

Siendo algo contrario a la voluntad de Dios, el suicidio es pecado, porque en esencia el pecado es todo lo que no se ajusta a las normas de Dios. Aunque Dios ha dado a todo creyente el poder para vivir en santidad, sin embargo, es posible que un verdadero creyente peque, cuando en lugar de someterse al poder del Espíritu Santo, se somete al poder de su propia vieja naturaleza cuya tendencia incurable es hacia el pecado.

Previendo esta posibilidad, Dios ha establecido la manera como un creyente puede remediar esta situación. Observe lo que dice 1 Juan 1:8 a 1 Juan 2:2. La Biblia dice: Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros. Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.

Estas palabras no son para los incrédulos sino para los creyentes. Si un creyente genuino dice que no tiene pecado, se está engañando a sí mismo. Como es posible que un verdadero creyente peque, Dios ha determinado que para arreglar ese problema de pecado, el creyente debe confesar su pecado y en consecuencia, Dios quien es fiel y justo, perdonará y limpiará ese pecado. Si un creyente dice que nunca peca, está haciendo a Dios mentiroso, algo horrendo. Todo esto no es una licencia para pecar para el creyente, sino para que no peque, pero si algún verdadero creyente peca, tiene su abogado para con Dios el Padre. Su abogado es Jesucristo el justo, quien es la propiciación por el pecado, o quien satisface las demandas de Dios el Padre por el pecado. Ahora apliquemos todo esto al caso de la persona que en algún momento ha recibido a Cristo como su personal Salvador y algún tiempo más tarde se ha suicidado. La pregunta es ¿Cuál será el destino eterno de esta persona? Bueno, todo depende de si esta persona fue sincera en recibir al Señor Jesucristo como Salvador. Si lo fue, la palabra infalible de Dios dice que esta persona es salva. Note lo que dice Juan 3:36 El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.

Por haber confiado en Cristo como Salvador, la persona que lo hace, tiene vida eterna, es salva, su destino eterno es el cielo. Pero si la persona no ha sido sincera en su decisión de recibir a Cristo como Salvador, si lo ha hecho sin saber lo que estaba haciendo, o para agradar a alguien, o de labios para afuera, entonces esta persona no es salva, y si muere físicamente en estas condiciones, recibirá el castigo eterno por su pecado. Tal vez Usted o alguno de nuestros amables oyentes se está preguntando en este punto: Pero ¿puede un verdadero creyente cometer suicidio? La respuesta, lamentablemente es sí, porque el suicidio es pecado, y como ya hemos demostrado, el creyente está en capacidad de cometer pecado, inclusive el suicidio, aunque insisto, la voluntad de Dios es que el creyente no peque. Lo que pasa amable oyente es que la salvación no depende de que un creyente deje de pecar. La salvación no es por obras, sino por la fe en la persona y obra del Señor Jesucristo cuando murió en la cruz. De igual manera, una vez que una persona llega a recibir a Cristo como Salvador, es salva y sigue siendo salva por la eternidad, no por dejar de pecar, sino por la fe en la persona y obra del Señor Jesucristo cuando murió en la cruz. Así que amable oyente, a las personas que le preguntan sobre el destino eterno de esa persona que habiendo sido creyente se ha suicidado, tal vez su respuesta podría ser algo como esto: Si esa persona fue realmente creyente, ahora está en el cielo, porque Dios le perdonó de todo su pecado, inclusive el suicidio, cuando esa persona recibió por la fe a Cristo como su personal Salvador. Todo esto amable oyente, no es para alentar el suicidio entre los creyentes, porque ya hemos dicho que el suicidio es pecado y mal podríamos alentar a los creyentes a pecar. El suicidio es una medida en extremo egoísta, porque supone que pondrá fin a una situación insoportable, pero al elevado precio del sufrimiento de todas las personas relacionadas con el suicida. El suicidio también es desconfiar en Dios. El que se suicida está diciendo a Dios: Tú no puedes hacer nada por mí. Tú no tienes poder para sostenerme en medio de mi problema y por eso prefiero tomar mi vida en mi propia mano. Desde cualquier punto de vista que se lo mire, el suicidio no resuelva nada, sino complica todo. Dios es más que suficiente para sostener a cualquiera de los suyos en las crisis más difíciles.

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