Resultados prácticos para el diario vivir

Reciba saludos cordiales amigo oyente, al inicio de un nuevo estudio bíblico en la primera epístola del apóstol Pedro. El tema de esta epístola es la verdadera gracia de Dios. Lo último que vimos fue que la verdadera gracia de Dios nos trae una posición de excelencia delante de Dios. Esta posición de excelencia delante de Dios no tiene como fin solamente el hacemos sentir bien en medio de un mundo que a lo mejor nos desprecia por seguir a Cristo. Además de eso, tiene resultados prácticos para el diario vivir y de eso justamente nos hablará David Logacho en el estudio bíblico de hoy.

Muchas veces los creyentes somos acusados de preparar a las personas para la muerte más no para la vida. ¿Ha oído Ud. algo así? Estoy seguro que si. Tristemente en no pocos casos la acusación es válida. Pero la culpa de ello no es de Dios porque la Palabra de Dios guarda un perfecto equilibrio entre preparar a una persona para la muerte y preparar a la misma persona para la vida, mientras esta persona vive en este mundo. La idea de Dios nunca ha sido: Viva como quiera en la tierra porque cuando salga de la tierra le espera la gloria. Lo que hace Dios en su Palabra es primeramente mostrarnos lo que somos para luego enfatizar lo que debemos hacer como consecuencia de lo que somos. Eso es justamente lo que tenemos en la primera epístola del apóstol Pedro. Lo último que Pedro dijo fue que los creyentes somos linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios. Esto nos hace sentir muy bien. Esto es lo que somos. Esto es nuestro carácter. Pero la gran pregunta es: ¿De qué me sirve esto mientras estoy en este mundo? Bueno, Pedro ya lo intuyó cuando dijo: Para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. Mientras vive en este mundo, el creyente debe ser un mensaje viviente que proclama a los cuatro vientos la grandeza de Dios quien toma a un pecador de las tinieblas en las que vive y lo traslada a la admirable luz de la íntima comunión con él. Con esto en mente, Pedro nos va a mostrar que la verdadera gracia de Dios, nos capacita para poner en práctica esto de anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a la luz admirable. Mire lo que dice 1ª Pedro 2:11 “Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma” El creyente, amigo oyente, no es salvo solamente para que cuando muera no vaya a la condenación eterna. El creyente es salvo también para que mientras viva en este mundo haga buenas obras. Efesios 2:10 dice: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” El apóstol Pedro dice: Amados. Este es un trato de especial consideración Los creyentes somos amados de Dios y también amados del apóstol. Luego Pedro pronuncia un ruego: “yo os ruego como a extranjeros y peregrinos” Pedro cede su derecho de exigir como apóstol que es y en lugar de ello, implora, apelando a la sensibilidad de los creyentes en vista de lo que Dios ha hecho en ellos. Note como Pedro califica a los creyentes. Dice que son extranjeros y peregrinos. Extranjeros en el sentido que están viviendo en un país que no les pertenece y en el cual no tienen derechos. Los creyentes tenemos nuestra ciudadanía en los cielos, amigo oyente. Peregrinos en el sentido que están obligados a vivir por un tiempo en un lugar que no es su hogar permanente. En el Antiguo Testamento se da el calificativo de extranjeros y peregrinos a los patriarcas en su marcha hacia la tierra prometida. Los extranjeros y peregrinos tienen como característica general que no echan raíces en un lugar como si fueran a vivir allí por siempre. Qué triste que a veces los creyentes se olvidan que son extranjeros y peregrinos en este mundo y viven en el mundo como si el mundo fuera su hogar permanente. No saben que pronto pasarán y lo que han acumulado ¿Para quién será? Como extranjeros y peregrinos, los creyentes debemos abstenernos de los deseos carnales que batallan contra el alma. Cuando hablamos de los deseos carnales, casi siempre nuestra mente piensa en desórdenes de índole sexual, pero los deseos carnales son eso y mucho más. Se refiere a cualquier deseo fuerte por algo que es inconsistente con la voluntad de Dios. Puede ser la sobre indulgencia en la comida o la bebida, el pasarse la vida durmiendo o sin hacer nada, la pasión por acumular riqueza sobre todas las cosas, la incesante búsqueda de placer, etc. Estos deseos carnales son los que batallan contra el alma en el sentido que se oponen al crecimiento espiritual del creyente. Pedro dice “que os abstengáis de estas cosas” Abstenerse significa cortar totalmente con algo. La verdadera gracia de Dios nos da la fuerza necesaria y la voluntad para cortar totalmente con la satisfacción de los deseos carnales a pesar de la burla y el rechazo por parte del mundo. ¿Qué es lo que se logra con abstenerse de los deseos carnales que batallan contra el alma? Dos cosas importantes. Primero, la victoria contra la carne. Esto traerá madurez al creyente y consecuentemente una relación dinámica y significativa con el Señor. Segundo, una influencia positiva sobre los incrédulos que nos rodean. 1ª Pedro 2:12 dice “Manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras” El abstenerse de los deseos carnales que batallan contra el alma produce inevitablemente una buena manera de vivir. Esta buena manera de vivir producirá un efecto muy benéfico en los incrédulos que nos miran. Los incrédulos normalmente tienen en poco a los creyentes. Y lamentablemente con justificada razón en muchos casos, pero cuando ven a un creyente que no solamente habla lindas cosas sino que vive lo que habla, ellos se quedan muy bien impresionados y no será extraño que esa sea la puerta para la entrada del evangelio. Una vez un padre fue a una zapatería a comprar zapatos para su hijo. Después de escoger el modelo y ponerse de acuerdo con el precio de los zapatos, el padre procedió a efectuar el pago. La dueña de la zapatería cobró lo que debía y entregó el cambio, el padre sin siquiera mirarlo guardó el cambio en su bolsillo y juntamente con su hijo salieron de la zapatearía. Tiempo más tarde, se aprestaron a tomar el bus. Al meter la mano en el bolsillo para buscar el dinero para el pasaje, el padre se quedó estático. ¿Qué pasa papá, dijo el hijo? Pues, la dueña de la zapatería se ha equivocado al darme el cambio y me ha dado mucho más de lo que debía. ¡Qué bueno dijo el hijo! ahora podemos comprar helados. No, dijo el padre. Te diré lo que haremos. Regresaremos a la zapatería y devolveremos el dinero que nos han dado demás. Así lo hicieron. Llegaron a la zapatería, explicaron el asunto y devolvieron lo que había que devolver. La dueña de la zapatería estaba tan agradecida. No tanto por el dinero devuelto, sino por haber encontrado a una persona honesta. Al despedirse dijo a los dos: ¿Saben una cosa? Uds. son los primeros en hacer algo así desde que yo tengo esta zapatería. ¿Por qué lo hicieron? Allí fue el momento preciso para compartir con esta persona el mensaje del evangelio. Así es amigo oyente. Puede ser que los gentiles, que no es sino otro nombre para los incrédulos, murmuren de nosotros los creyentes como de malhechores, pero si nosotros mantenemos buena nuestra manera de vivir entre ellos, lograremos que ellos glorifiquen a Dios en el día de la visitación al considerar nuestras buenas obras. Esto del día de la visitación puede referirse a dos cosas. Por un lado puede referirse al momento cuando un incrédulo se interesa por las cosas del Señor al ver las buenas obras de un creyente o por otro lado puede referirse al momento cuando un incrédulo reciba el juicio de parte de Dios por sus malas obras. En ambos casos el incrédulo reconocerá que fue injusto cuando calumnió al creyente tildándole de malhechor. La verdadera gracia de Dios capacita al creyente para abstenerse de los deseos carnales que batallan contra el alma y de esa manera, el creyente puede ser una influencia positiva en el mundo en el que vive para atraer a otros hacia la gloriosa verdad del evangelio. Que vivamos esta verdad en la práctica los que tenemos el privilegio de ser del Señor.