El nacimiento de Jesús es la historia que más conmueve el corazón de muchas personas

Qué gozo es saludarle amable oyente. Bienvenido al estudio bíblico de hoy. El nacimiento de Jesús es la historia que más conmueve el corazón de muchas personas. Pero pocos se han detenido a pensar en todos los obstáculos que se tuvieron que vencer para traer al mundo a ese precioso niño. En el estudio bíblico de hoy en el libro de Apocalipsis conoceremos algunos de los detalles de los hechos que sucedieron entre bastidores en relación no solo al nacimiento de Jesús sino a su vida, muerte y resurrección.

En nuestro estudio en el libro de Apocalipsis, estamos en el capítulo 12. En este capítulo aparecen cuatro personajes que cumplen a cabalidad con los planes diseñados por Dios desde antes de la fundación del mundo. Estos personajes son: La mujer vestida del sol, el gran dragón escarlata, el hijo varón y el arcángel Miguel. En el estudio bíblico último llegamos a la conclusión que la mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies y con una corona de doce estrellas sobre su cabeza, representa a la nación de Israel. Esta mujer aparece encinta, clamando con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento. Esto representa a Israel como el pueblo del cual provendrá un descendiente que cumplirá con un propósito especial de Dios. La venida al mundo de este descendiente no será sin dolor y angustia para su pueblo. También llegamos a la conclusión que el gran dragón escarlata, con siete cabezas, diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas, representa a Satanás quien ha dominado siete reinos o formas de gobierno hasta antes de la tribulación. Durante la tribulación, dominará a una confederación de diez reinos poderosos. Las diademas sobre las siete cabezas nos llevan a pensar que Satanás ha sido el amo y señor de todos los poderes que han existido en el mundo. El comienzo de la segunda mitad de la tribulación marcará el inicio de la caída e irremediable destrucción de Satanás. El gran dragón escarlata arrastraba con su cola a la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Esto significa que la tercera parte de los ángeles se unió a Satanás en su rebelión contra Dios y llegaron a ser los ángeles caídos o demonios. Estos demonios fueron arrojados sobre la tierra. Según ellos, estaban cumpliendo órdenes de Satanás, pero según Dios estaban solamente cumpliendo los designios de un Dios soberano. Ahora que sabemos quiénes son estos personajes, concentrémonos en lo que harán en la escena de la historia humana. En primer lugar, vemos el papel del gran dragón escarlata. Apocalipsis 12:4 en su segunda parte dice: “Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese.” De esta manera tan lacónica, se nos presenta el conflicto de los siglos amable oyente. Satanás, representado por el dragón, se para frente a la nación de Israel, representada por mujer que estaba para dar a luz. El propósito de Satanás era devorar al hijo de la mujer tan pronto naciese. Adelantándonos un tanto en los eventos, será de gran ayuda saber que el hijo de la mujer representa a Jesús, el Hijo de Dios, el Cristo, el Mesías de Israel. Podemos afirmar con propiedad entonces que Satanás estaba listo para acabar con la vida de Jesús. Pero este odio de Satanás a Jesús comenzó en los albores de la humanidad. El punto de inicio fue cuando, a raíz de la caída del hombre en el pecado, allá en el huerto de Edén, Dios anunció que levantará simiente de la mujer y esta simiente de la mujer herirá a Satanás en la cabeza. Satanás sabe muy bien que una herida en la cabeza es una herida mortal. Por eso ha tratado todas las formas posibles para evitar que Jesús venga a este mundo. Todas sus artimañas fracasaron porque Dios se encargó de mantener siempre abierta la puerta para que Jesús nazca en este mundo. Pero Satanás es hueso duro de roer. No da su brazo a torcer fácilmente. Como no pudo evitar que nazca Jesús, ahora está listo para devorarlo tan pronto nazca. Lo hizo por medio de Herodes, cuando ordenó matar a todos los niños menores de dos años en Belén. Esperaba que Jesús cayera en la redada. Pero Dios protegió a Jesús, enviándole a Egipto. Más tarde, ya durante su ministerio público, Satanás trató de descalificar a Jesús, tentándole a pecar. Una de las tentaciones, inclusive, tuvo que ver con que Jesús se lance del pináculo del templo. Si Jesús lo hubiera hecho, hablo en el plano meramente hipotético, porque Jesús no podía hacerlo jamás, Jesús hubiera muerto al estrellarse contra el suelo y Satanás hubiera logrado su objetivo de devorar a la simiente de la mujer. Posteriormente, Jesús estaba predicando en la sinagoga de Nazaret y luego de su mensaje, la gente estaba tan furiosa que se levantó, echó fuera a Jesús y le llevó hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de Nazaret, para despeñarle. Pero Jesús pasó por en medio de ellos y se fue. Muchas veces los judíos procuraron apedrear a Jesús. La vida de Jesús siempre estuvo en peligro. Fueron los esfuerzos desesperados de Satanás para devorar al hijo varón. Aún en los instantes previos a la crucifixión de Cristo, Satanás hizo un esfuerzo supremo para evitar que Cristo llegue al Gólgota donde tenía que morir, no por voluntad de Satanás sino por voluntad de Dios. Fue una lucha sin cuartel en el plano espiritual. Jesús decía a su Padre: Padre, si quieres pasa de mí esta copa, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Al instante se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Pero aun así, Jesús estaba en agonía y oraba a su Padre más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra. Es el fragor de la batalla espiritual entre Satanás y Dios con Jesús en medio del fuego. Todo esto era el esfuerzo de ese gran dragón escarlata para devorar al niño para impedir que llegue al altar del sacrificio. Cuando finalmente el Señor murió por los pecados de los hombres, aunque no según el plan de Satanás, sino según el plan de Dios, Satanás todavía abrigaba una ligera esperanza de victoria. Confiaba que Jesús sea retenido por los fuertes lazos de la muerte. Pero nuevamente Satanás fue defraudado. Jesús se soltó de los lazos de la muerte y resucitó al tercer día. Satanás quedó burlado para siempre en su empeño de devorar a Jesús. Hemos considerado ya la participación del gran dragón escarlata en su vano intento de devorar al hijo de la mujer vestida de sol, de la cual se nos habla en Apocalipsis 12. Ahora nos corresponde considerar la participación de la mujer vestida de sol. Apocalipsis 12:5-6 dice: “Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono. Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días.” En realidad en este pasaje bíblico se entrelazan la participación de la mujer vestida del sol y de su hijo varón. El hijo varón representa a Jesús, el Cristo, quien por el lado humano desciende de la nación de Israel. Este hijo varón es quien regirá con vara de hierro a todas las naciones. Interesante es pensar que en su primera venida, el Hijo de Dios vino a este mundo en una forma por demás humilde. Nació en un pesebre, creció en el hogar de un carpintero. Hecho ya grande, sus discípulos fueron gente del vulgo. Su hogar fue los polvorientos caminos. Su altar fue su cruz, su sacrificio, fue su vida misma. Pero esta suprema humillación le valió para alcanzar una suprema exaltación. Una vez resucitado, Jesús fue llevado a la gloria de su Padre, donde está este momento, esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies. Cuando eso pase, vendrá a este mundo por segunda vez, pero en esta ocasión no será una venida en humillación como fue su primera venida, sino que será una venida en máxima exaltación. Dice el texto que vendrá para regir con vara de hierro a todas las naciones. Hablando de este evento sin igual, Salmo 2:6-9 dice: “Pero yo he puesto mi rey sobre Sión, mi santo monte. Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra. Los quebrantarás con vara de hierro; como vasija de alfarero los desmenuzarás.” Así es amable oyente. Este es el destino del hijo varón de la mujer. Un destino en extremo glorioso, ciertamente. En cuanto a la mujer vestida del sol, luego de dar a luz al hijo varón, seguirá siendo el blanco del ataque del gran dragón escarlata, Satanás. Este ataque llegará a su clímax a la mitad de la tribulación. Entonces se cumplirá la palabra del Señor, cuando en Mateo 24:16-20 dice: “entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa. Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo” Por esto en Apocalipsis 12 se ve a la mujer huyendo al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios. Será la persona de Dios quien se encargue de la protección de su pueblo Israel, en este lugar en el desierto. En este sitio, Israel, será sustentada por 1260 días, es decir por tres años y medio, lo que dura la segunda mitad de la tribulación. Qué consuelo es saber que Dios se encarga de proteger y sustentar a los que somos suyos. No debemos temer los embates del enemigo, llámese Satanás o alguno de sus instrumentos. Si estamos en la voluntad de Dios somos invencibles amable oyente.