La función del esposo como cabeza de su esposa y de la familia

Es un gozo saludarle amigo oyente y darle la bienvenida al estudio bíblico de hoy. El tema de nuestros últimos estudios bíblicos ha sido la familia cristiana. Dentro de esto estamos dando atención a la función del esposo en el matrimonio y en la familia en general. En esta ocasión, David Logacho nos hablará acerca de la función del esposo como cabeza de su esposa y de la familia.

El modelo de Dios aplicado a la familia cristiana es la única garantía de familias estables en este mundo. El modelo de Dios para la familia cristiana contempla funciones o roles para el esposo, para la esposa y para los hijos. Cuando todos los elementos que forman parte de la familia cristiana se sometan a los preceptos establecidos por Dios entonces las familias funcionarán como Dios siempre quiso que funcionen. Estamos dando atención a la función de los esposos. Hemos visto que la función principal de un esposo es amar a su esposa, así como Cristo amó a la iglesia. Íntimamente ligada a esta función tenemos la función de ser cabeza de la esposa y de la familia en general. Vimos que ser cabeza del hogar no es sinónimo de totalitarismo en el hogar. El esposo como cabeza de la esposa y del hogar, no es el dictador que despóticamente maneja a los miembros de la familia a su antojo. Tampoco es el tirano que toma las decisiones como le da la gana en la familia. Ser cabeza de la esposa y de la familia es algo enteramente distinto. El fundamento bíblico se encuentra en Efesios 5:23 donde dice: “porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.” En este texto encontramos el enunciado del principio: porque el marido es cabeza de la mujer. Como toda sociedad humana, el hogar necesita de una estructura bien organizada para su correcto funcionamiento. Una sociedad sin estructura está condenada al fracaso. Dentro de la estructura para la familia cristiana existe una cabeza y un cuerpo. La cabeza es el marido. El cuerpo es la mujer. Para muchas mujeres de hoy en día, este es un principio denigrante. Pero yo me pregunto: ¿Será denigrante que los miembros de nuestros cuerpos respondan a los impulsos de nuestra cabeza? Si de pronto, su cuerpo se negara a obedecer a los impulsos de su cabeza, eso sería trágico, no solo denigrante. Imagínese Usted. Su cabeza ordena a su mano que tome una cuchara la meta en un plato de sopa y lleve un bocado de sopa a la boca. Pero a su mano se le ocurre rebelarse contra su cabeza y en lugar de llevar la cuchara con sopa a la boca, ¡la lleva a la oreja! ¡Qué desastre! Eso sí que sería denigrante. Igualmente, cuando una esposa se somete voluntariamente a los impulsos de su cabeza que es su esposo, ella, que es el cuerpo, funcionará de  una manera armónica y coordinada. Pero cuando una esposa se libera y se rebela contra su cabeza que es su esposo y se niega a someterse, se producirá un espectáculo totalmente denigrante. No existe por tanto razón válida para afirmar que es denigrante para la esposa, el que su esposo sea la cabeza. Luego de considerar el enunciado del principio, consideremos el ejemplo del principio. El texto en Efesios 5:23 continúa diciendo: “así como Cristo es cabeza de la iglesia” Qué grandioso que es nuestro Dios. Cada vez que nos da un principio para obedecer nos pone un ejemplo para imitar. El ejemplo es nada más y nada menos que Cristo y su relación con la iglesia. El marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia. La iglesia como cuerpo de Cristo es un organismo viviente que funciona a la perfección gracias a los impulsos que recibe de su cabeza que es Cristo. La iglesia no toma las decisiones por su cuenta. Todas las decisiones que toma provienen de su cabeza que es Cristo. Igualmente, una esposa debe esperar las directivas de su cabeza que es su esposo. Hemos considerado el enunciado del principio y el ejemplo del principio. Veamos ahora la explicación del principio. Efesios 5:23 continúa diciendo: “la cual es cu cuerpo y él es su Salvador” Lo que Pablo está diciendo es que Cristo es la cabeza de la iglesia, en el sentido que él es su Salvador. Dicho en otras palabras, Cristo es todo para la iglesia. La iglesia halla en Cristo la salvación de sus pecados, la iglesia halla en Cristo la provisión para sus necesidades espirituales. La iglesia halla en Cristo el consuelo para los momentos de angustia y dolor. La iglesia halla en Cristo la guía, la protección, el gozo, la satisfacción, el sentido de pertenencia y seguridad. Todo esto y mucho más es Cristo para la iglesia. Por eso es la cabeza de la iglesia. Ahora hagamos algunos paralelos entre lo que es Cristo a la iglesia como cabeza de ella y lo que debe ser el esposo a la esposa como cabeza de ella. Esposos, como cabezas de nuestras esposas, no estamos para gritar órdenes esperando que éstas se cumplan a la perfección. No estamos para humillar a nuestras esposas sintiéndonos superiores a ellas. No estamos para ser déspotas tiranos con ellas. Todo lo contrario, somos cabeza de nuestras esposas para que ellas encuentren en nosotros todo lo que ellas necesitan para estar satisfechas. Por ejemplo, para las esposas es vital encontrar seguridad en sus esposos. ¿Estamos proveyendo esa seguridad? ¿Estamos haciendo algo para que nuestras esposas sepan que ellas son lo más importante después de Dios en nuestras vidas?. Ojalá que no seamos como un amigo mío quien tenía el descaro de decir a su propia esposa: Mira, qué rubia tan hermosa aquella que va por ahí. ¡Cómo me gustaría que tú fueras como ella! Existen esposos que lastiman a sus esposas al compararlas con otras esposas: Si fueras como la esposa de fulano de tal, vieras lo delicioso que ha sabido cocinar. Comentarios insulsos como estos echan a perder la confianza y seguridad que una esposa debe tener en su cabeza que es su esposo. Como cabeza de su esposa y de la familia, el esposo debe comprender a su esposa. Debe saber cuando está afligida para consolarla. Debe saber cuándo está cansada para ayudarla en las tareas de la casa. Debe saber cuando está frustrada para animarla. Pero no, a veces los esposos llegamos a casa luego de la jornada de trabajo, y en lugar de agradecer por lo que ella ha hecho en casa, nos quejamos de que aquello está sucio o esto otro está desordenado, o que la comida está fría. Y para colmo, preguntamos ¿Qué hiciste todo el día? Una conducta así revela una absoluta falta de comprensión de lo que las esposas tienen que hacer en la casa. Ser cabeza de la esposa y de la familia es proveer para todas las necesidades de la esposa y de los hijos. La esposa tiene necesidades espirituales, el esposo como cabeza de la esposa debe satisfacer esas necesidades. Esposos, no esperemos que los pastores o ancianos satisfagan las necesidades espirituales de nuestras esposas. Ellos pueden hacerlo muy bien, pero no por ello, nosotros esposos tenemos que liberarnos de la responsabilidad de satisfacer las necesidades espirituales de nuestras esposas. Quizá algún esposo podría argumentar diciendo: Es que yo no sé mucho de la palabra de Dios. Bueno, si ese es el caso, aprenda. Tome tiempo para prepararse, estudie la Biblia, y poco a poco llegará a ser el que satisface la necesidad espiritual de su esposa. Las esposas tienen necesidades emocionales. Necesitan sentirse amadas, necesitan constante reafirmación de que las amamos, de que ellas son importantes para nosotros, de que sin ellas no podemos vivir. Los esposos debemos ser cariñosos con ellas. Debemos expresar verbalmente nuestro aprecio hacia ellas. No seamos ásperos con ellas. Algunos esposos dicen que es imposible ser tiernos con sus esposas porque se sienten ridículos al tomar de la mano a su esposa o al darle un beso o al llevarle flores. Pero esta tendencia muy enraizada en la mayoría de los esposos puede perfectamente ser superada por un firme deseo de la voluntad de hacerlo. Cuando un esposo dice no puedo ser cariñoso con mi esposa, en realidad está diciendo no quiero ser cariñoso con mi esposa. No olvidemos esposos que es nuestra responsabilidad, como cabeza de nuestras esposas, el satisfacer las necesidades emocionales de ellas. Las esposas tienen también necesidades físicas, nosotros los esposos como cabeza de nuestras esposas,  somos los responsables de satisfacer esas necesidades físicas. No esperemos que las esposas o los hijos sean quienes traen el pan a la mesa. La provisión de las necesidades materiales del hogar es responsabilidad primaria del esposo porque el esposo es cabeza de la esposa y de la familia. Ser cabeza de la esposa, tiene también que ver con que el esposo lidera o guía a su esposa y a la familia en general. En la mayoría de las veces, las decisiones que se tomen en la familia serán de común acuerdo con la esposa, pero no será extraño que en algunas ocasiones sea el esposo quien tenga la última palabra en la toma de decisiones y la esposa lo apoye aunque no necesariamente esté de acuerdo con la decisión tomada. Ser cabeza de la esposa y de la familia también significa que el esposo cuida y protege a la esposa de cualquier peligro o situación difícil. Es el esposo quien venda y cura las heridas que a veces el mundo causa en los que somos hijos de Dios. Así que, amigo oyente, ser cabeza de la esposa y de la familia no tiene nada que ver con vociferar órdenes. Cuando un esposo conoce y practica lo que en realidad significa ser cabeza de la esposa y de la familia, tenga por seguro que la esposa se someterá gustosamente a él y así la familia marchará como Dios lo ha planificado.