Los Celos

Saludos cordiales amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Gracias por dispensarnos su sintonía. Continuamos tratando el tema de los gigantes en nuestra vida. Me refiero a esas cosas que cómodamente se ha instalado en nuestra vida y nos han llegado a dominar de tal manera que echan a perder todo lo que podríamos ser o hacer para el Señor. Estos gigantes pueden ser el desánimo, la crítica, el temor, el chisme, la culpa, la dureza de corazón, el complejo de inferioridad y algunos otros que los conoceremos a medida que progresamos en esta serie. Todas estas cosas son como poderosos gigantes que si se lo permitimos nos causarán gran aflicción. Gracias a Dios que los que somos creyentes hemos recibido el poder para conquistar a cada uno de estos gigantes. Eso lo hemos visto en nuestros estudios bíblicos anteriores. En el estudio bíblico de hoy, vamos a hablar de otro gigante, tan poderoso como los otros, llamado celos.

Se dice con justa razón que los celos están en cada uno de nosotros desde que nacemos hasta que morimos. Mi esposa y yo, hemos traído al mundo tres preciosos hijos. Cuando el mayor tenía tan sólo dos años nació su hermanita. Usted a lo mejor dirá: Qué bueno, así el hermano mayor ya tuvo compañía. Pues… nosotros también pensamos así. Pero a decir verdad, no resultó del todo de esa manera. ¿Sabe por qué? Pues por ese poderoso gigante llamado celos. Lamentablemente el hermanito mayor se sintió celoso por la llegada de su hermanita. Claro, las atenciones de los padres y los halagos de la familia ya no eran sólo para él. Tenía que compartir no sólo la atención y los halagos, sino muchas cosas más con aquella intrusa que de pronto apareció dando alaridos en la casa. Y no estamos hablando de un viejo pecador empedernido. Estamos hablando de una criatura de tan sólo dos años. Pero he allí, los celos estaban ya causando problema en él. Con el correr del tiempo, este gigante de los celos ya no causará solamente un lloriqueo constante como en el caso de un niño celoso, sino un comportamiento totalmente extravagante, en el caso de un adulto. Por los celos, el ser humano es capaz de causar terribles desastres. Tanto usted como yo, podemos citar caso tras caso de personas destruidas por haberse entregado al implacable gigante de los celos, hogares destruidos por los celos, iglesias destruidas por los celos. Con sobrada razón, Santiago dice en su libro, en el capítulo 3 versículo 16: Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.

Este es un axioma inviolable. Donde usted vea a un hombre celoso o a una mujer celosa, allí habrá peleas, vocabulario soez, intrigas, malos pensamientos, calumnias, chismes y rumores. Cuánto problema puede causar los celos. Los celos, amable oyente, son esas emociones negativas que experimentamos cuando tememos que cualquier afecto o bien que disfrutamos o pretendemos disfrutar, llegue a ser logrado por otro. Dicho en otras palabras, los celos tienen que ven con la incomodidad que sentimos cuando vemos amenazados los afectos o bienes que consideramos como de nuestra exclusiva propiedad. Es por eso que si alguien recibe cierto reconocimiento que nosotros estábamos dándolo como nuestro, casi inmediatamente comenzamos a pensar: Vaya, por qué a él y no a mí. Yo merecía más que él. Lo que pasa es que a nadie le importo. Nadie se fija en mí. Es el gigante de los celos que ha atacado. Una esposa podría pensar: Mi esposo ya no me ama. Debe haber otra mujer en su vida. Presa de este pensamiento esta esposa celosa tejerá una serie de episodios fantásticos. Si su esposo no llega a casa a la hora que se supone, pensará: Seguramente debe estar con esa otra mujer, por eso no llega a tiempo. El gigante de los celos ha atacado a esta esposa. Los celos pueden provocar verdaderos desastres amable oyente. Proverbios 6:34 dice: Porque los celos son el furor del hombre,
Y no perdonará en el día de la venganza.
Muy bien, con todo lo que hemos dicho, estoy seguro que habrá reconocido cuan peligroso es este gigante llamado celos. Ahora viene lo bueno. ¿Qué hacer para conquistar a este poderoso gigante? Primero, es necesario reconocer que los celos son pecado. Como leímos ya en Santiago 3:16 los celos son la fuente de una serie de conductas pecaminosas en el ser humano, perturbación y toda obra perversa, dice el texto. Además note lo que dice Gálatas 5:19-21 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,
Gal 5:20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,
Gal 5:21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.
En este pasaje bíblico vemos que los celos están en el mismo plano que el adulterio, la fornicación, los homicidios, las borracheras y todo lo demás. Por tanto los celos son un pecado que ofende la santidad de Dios. Si usted es una persona celosa, no justifique sus celos diciendo: Es que me provocan, o es que tengo suficientes motivos para ser celoso o celosa. Lo aconsejable es ir al Señor en oración para decirle: Señor, soy un celoso o una celosa, me he dejado dominar del gigante de los celos, reconozco que es pecado y no quiero seguir viviendo de esta manera. Luego de confesar los celos como pecado, en segundo lugar, debe apartarse de los celos. No es algo sencillo se lo aseguro y por eso usted necesitará aferrarse con todas sus fuerzas al Señor. Pida al Señor en oración la ayuda necesaria para vencer a este poderoso gigante. Cada vez que surja ese sentimiento de celos, reconózcalo inmediatamente, y una vez detectado, no deje que su mente se ocupe más en eso. Destierre inmediatamente ese pensamiento. No piense que los celos le van a ayudar a resolver los problemas que tenga, cualquiera que estos sean. Si por ejemplo, se siente celoso de un compañero de trabajo, pensando que a lo mejor él va a recibir una promoción y no usted, piense y razone que esta actitud es fruto de sus celos e inmediatamente sáquela de su mente. Tercero, jamás actúe motivado por los celos. El gigante de los celos insistirá que usted haga algo en contra de la persona contra quien se siente celoso o celosa. Si se trata de su esposo, el gigante de los celos insistirá que usted inicie una pelea, o lo que se llama una escena de celos, ante la más mínima provocación, no importa si se trata de una situación real o creada en su imaginación. Si es su compañero de trabajo, el gigante de los celos insistirá que usted busque maneras para hacer quedar mal a su compañero de trabajo ante sus superiores, de modo que su propia imagen se vea bien. Usted sabe, el viejo truco de hacer quedar mal a otros para quedar bien nosotros. No actúe motivado por los celos. Lo único que obtendrá es fortalecer a ese gigante que le tiene dominado y que se llama celos y ciertamente, en algún momento se arrepentirá de eso. Recuerde lo que pasó con el celoso rey Saúl cuando David apareció en la escena como el ungido futuro rey. Los celos de Saúl le llevaron a perseguir a David para matarlo, pero en el intento, Saúl mismo fue víctima de la violencia que causó. Por algo afirma el popular dicho: Quien siembra vientos cosechará tormentas. Cuarto, procure compartir su problema de celos con alguna persona madura espiritualmente hablando. De esta forma, el peso de los celos se hará más ligero. No esconda ese pecado de celos que ya ha detectado en su vida. Confróntelo y pida consejo a hombres y mujeres de Dios para derrotarlo. Es interesante que según la ley Mosaica, si un marido se sentía celoso de su mujer, no debía quedarse en casa alimentando a ese gigante llamado celos, por medio de sospechas sobre su mujer y haciéndole la vida imposible. Según el libro de Números, capítulo 5, lo que debía hacer es ir al sacerdote y allí, ante él, tratar el asunto para terminar de una vez por todas con esos celos tan funestos. Definitivamente, amable oyente, Dios no quiere que vivamos saturado de celos. Los celos nos quitan el gozo de vivir para Dios, y lo que es peor nos conducen al pronunciado barranco de hacer o decir cosas totalmente fuera de lugar. Debemos confrontar este pecado y desterrarlo de nuestra vida. Por último, si usted es una persona celosa, debe como nunca confiar en la suficiencia de Dios para satisfacer cualquiera de nuestras necesidades. Dios sabe lo que es mejor para cada uno de nosotros. Puede ser que nosotros pensemos que tal o cual cosa nos hará felices y por eso lo buscamos con tanto ahínco y sentimos celos ante todo lo que amenace con privarnos de aquello que esperamos. Pero solamente Dios sabe lo que es mejor para nosotros. Busquemos lo que deseamos con dedicación, pero si no lo conseguimos, no pensemos que fue porque otros fueron mejores que nosotros, sino simplemente porque aquello que buscábamos no fue lo mejor y Dios no nos lo dio porque él busca lo mejor para nosotros.