Nadie me quiere

Saludos cordiales amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Muchas gracias por dispensarnos su sintonía. Gracias por sus oraciones a favor de este ministerio. Gracias por su ofrenda. Que el Señor le recompense conforme a sus riquezas en gloria. Continuamos tratando el tema de los gigantes en nuestra vida. Hemos hablado ya de algunos de esos gigantes como el desánimo, la crítica, el temor, el chisme, la culpa, la dureza de corazón, el complejo de inferioridad, los celos, la soledad, los malos entendidos, la enfermedad, el resentimiento y el mal genio. En el estudio bíblico de hoy, vamos a tratar acerca de otro gigante.

Hablando de gigantes al acecho, otro de estos poderosos gigantes podríamos llamarlo el gigante del nadie me quiere. Quizá conoce a personas esclavizadas por el gigante del nadie me quiere. A lo mejor usted mismo es una persona que se ha dejado dominar de este poderoso gigante. ¿Cómo actúa una persona esclavizada de este poderoso gigante? ¿Lo ha visto? Pues, esta persona, es algo amargada, muchas veces se auto aísla porque piensa que así no dará oportunidad a otros para ser lastimada, algunas veces manifestará una conducta muy extraña, con el único afán de captar algo de la atención de los demás. Es probable que una persona así, descuide su apariencia personal, a lo mejor no se bañará con la frecuencia que debería, quizá su cuerpo despedirá olores desagradables, o su ropa estará sucia, o a lo mejor su vocabulario será vulgar. Personas dominadas por el gigante nadie me quiere, muchas veces terminan cometiendo actos reñidos con la ley y la moral. Conocí a una persona que por razones justificadas o no, desde pequeña se dejó dominar por el gigante nadie me quiere. Cuando llegó a adolescente, su figura desalineada declaraba que tenía un serio problema para valorarse a sí misma. En realidad pensaba que todos estaban en su contra y que por tanto nadie le quería. Así que, siempre vivía a la defensiva. Ni bien llegó a la juventud, quedó embarazada sin haberse casado. Al reconocer la gravedad de su situación y al ir al pie de la cruz del Calvario para encontrar la salvación en Cristo, admitió que como estaba convencida que nadie le quería se entregó sin reservas al primer hombre que apareció en su vida con una promesa de amor. Como vemos, el gigante nadie me quiere puede causar graves estragos si permitimos que nos domine. Pero gracias a Dios que en Cristo podemos dominar a este gigante y en realidad a cualquier otro gigante. Para dominar a este gigante necesitamos armarnos de dos pensamientos fundamentales. Primero, nos es verdad que nadie nos quiere. Siempre hay personas a nuestro alrededor que nos quieren. El autor del libro Gigantes al Acecho, cuyo nombre es Ord Morrow fue una de las muchas víctimas inocentes de un divorcio de sus padres. El padre de Ord Morrow se volvió a casar, como normalmente ocurre cuando el divorcio ataca a un matrimonio y por tanto Ord Morrow pasó a vivir con su padre y su madrastra. No es extraño que el gigante llamado nadie me quiere haya intentado dominar a Ord Morrow, pero a manera de testimonio, Ord Morrow dice que finalmente reconoció que el padre le amaba entrañablemente y que su madrastra también le amaba, aunque a su manera. En otras palabras, amable oyente, no es verídico afirmar: Nadie me quiere. Siempre habrá personas que nos amen a pesar de nuestros defectos, a pesar de nuestras dificultades, aún a pesar de nuestro rechazo a ser amados. Si estamos convencidos que nadie nos quiere, estamos auto engañados y a lo mejor usamos el pensamiento del nadie me quiere como una arma para auto flagelarnos y así despertar compasión por los demás. Pero además de que siempre existen personas que nos aman a nuestro alrededor, en segundo lugar, lo más importante es que la persona más importante del universo nos ama. Mire por ejemplo lo que dice ese texto bíblico tan lleno de verdad. Juan 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Dios ama al mundo amable oyente. Si decimos que nadie nos ama, estamos haciendo a Dios mentiroso porque Él ha dicho que nos ama. Grave cosa es hacer a Dios mentiroso. A lo mejor dirá: Si Dios me ama, entonces que me lo demuestre. Bueno, a decir verdad, Dios le ha demostrado el amor que le tiene de muchas maneras. El mismo hecho que esté vivo es una muestra del amor de Dios hacia usted. El hecho que tenga comida para comer, ropa para vestir y techo para refugiarse es una demostración del amor de Dios hacia usted. Pero ciertamente, no existe muestra de amor más grande de parte de Dios que aquella sobre la cual nos habla Juan 3:16 cuando dice que Dios nos amó de tal manera que dio a su Hijo unigénito. Dios le ama tanto amable oyente, que no escatimó a su propio Hijo por usted. Romanos 8:32 dice: El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?
¿Puede imaginar tan grandiosa muestra de amor de parte de Dios a personas como usted y como yo? En algún momento del pasado, Dios desamparó a su propio Hijo para amparar a usted y a mí, amable oyente. Una ocasión un operador de un puente levadizo sobre un río, dejó levantado el puente después que había pasado lentamente navegando un gran buque de carga. Tenía algo de tiempo antes de bajar el puente hasta que pase el tren expreso, de modo que se sentó a la ribera del río junto a su pequeño hijo para jugar con él y recordar los momentos alegres y también los momentos tristes como por ejemplo cuando murió su joven esposa dejándole solo al cuidado del fruto de su amor. Sumido en sus recuerdos había perdido la noción del tiempo. Los recuerdos se interrumpieron bruscamente por el silbato del tren expreso que se acercaba al puente levadizo. Se incorporó de un salto y corrió hacia la casilla de control del viejo y herrumbrado puente levadizo para bajarlo y dejarlo listo para que pase el tren expreso. Pero un grito de su pequeño hijo le hizo detenerse en seco a mitad de camino. Su único hijo había perdido el equilibrio al borde del río y estaba colgando precariamente de unos arbustos para no caer a las aguas. Papá, ayúdame era el clamor desesperado de su hijo. El padre se encontró en una encrucijada. Si regresaba a salvar a su hijo no tendría tiempo para bajar el puente levadizo y cientos de personas inocentes que viajaban en el tren expreso se precipitarían hacia el abismo. Si continuaba su camino para bajar el puente levadizo, su único hijo desaparecería de este mundo para siempre. Los chirridos del herrumbrado puente mientras bajaba para que el pase el tren expreso, eran un grito desgarrador de renunciamiento del atribulado padre. El tren pasó como un rayo. El padre corrió hacia donde estaba su único hijo, pero ya era tarde su inocente hijo había caído al río. Una vez que sacó del agua el cuerpo inerte de su amado hijo, lo tomó en sus y miró a la distancia como tratando de divisar al tren expreso que ajeno al drama que él vivía se alejaba hacia su feliz destino. Triste historia que pálidamente ilustra el renunciamiento de nuestro Padre celestial, quien un día también tuvo que recoger en sus brazos el cuerpo inerte de su Hijo unigénito quien murió en la cruz para que personas como usted y como yo, podamos librarnos de un castigo terrible a causa de nuestro pecado. Así es amable oyente, el Padre eterno desamparó a su Hijo para ampararnos a nosotros. ¿Cómo podemos atrevernos a pensar que nadie nos quiere? Existen personas que nos quieren y existe un Dios que nos quiere entrañablemente. Saque por tanto de su mente la idea que nadie le quiere. No se deje dominar por este gigante. Si hasta ahora se ha auto aislado pensando que nadie le quiere, e inclusive ha estado manifestando conductas impropias dando por sentado que nadie le quiere, es imperativo que tan pronto como sea posible, establezca una relación personal con Dios quien le ama tanto que dio a su Hijo unigénito para que usted no se pierda sino tenga vida eterna. Reciba al Hijo de Dios como su Salvador y llegará ser hijo de quien tanto le ama. Pero si ya es un creyente y aún así piensa que nadie le quiere, recuerde que es amado por muchas personas y sobre todo por Dios. No haga a Dios mentiroso afirmando que nadie le quiere. Busque formas de mostrar amor a otros y verá que normalmente todos responderán en amor hacia usted. Proverbios 18:24 dice: El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo;
Y amigo hay más unido que un hermano.