La riqueza material

Saludos cordiales amable oyente. Sea bienvenida, o bienvenido al estudio bíblico de hoy. Muchas gracias por ser asiduo oyente de este programa. Gracias por sostener este ministerio, bien sea con sus oraciones o sus ofrendas. Su colaboración es clave para la continuación de este ministerio. Estamos estudiando el libro de Santiago. La gente busca con desesperación algo en lo cual encontrar contentamiento o satisfacción. Según una leyenda, Baco, un dios de la mitología griega, ofreció a Midas, otro dios de la mitología griega, conceder cualquier cosa que le pidiera. Midas no pensó mucho antes de pedir que todo lo que toque se convierta en oro. Baco accedió al pedido aunque lamentó que Midas no hubiera hecho una elección más sabia. Midas se alejó satisfecho con el poder que tenía y sin tardar comenzó a usarlo. No podía creer lo que veían sus ojos. La rama que había arrancado de un roble se convirtió en una rama de oro puro. Luego tomó una piedra y para su asombro la piedra se convirtió en oro. Tocó el pasto y ante su mirada atónita, el pasto se convirtió en oro. Tomó una manzana de un árbol y he allí, tenía una manzana de oro macizo en su mano. Su satisfacción no tenía límites. Debía hacer algo para celebrarlo. Así que, llamó a sus siervos y ordenó que preparen un espléndido banquete para él y sus invitados. Los siervos obedecieron las órdenes y pronto la mesa estaba servida con deliciosos manjares. Luego de dar la bienvenida a los invitados, Midas extendió su mano para tomar el pan y sucedió lo inesperado, el pan se convirtió en oro. Probó un bocado de comida y por poco se rompe los dientes al tratar de masticar oro puro. Tomó una copa de vino, pero al beberla era como estuviera tomando oro derretido. En desesperación reconoció que lo que tanto le había traído satisfacción se había convertido en su peor pesadilla. Presa del pánico por el temor a morir de hambre levantó sus manos repletas de oro y suplicó a Baco que le quite el poder de convertir en oro todo lo que toque. Baco le dijo: Ve al río Pactolus y sigue su curso hasta su origen, una vez que llegues allí introduce todo tu cuerpo en el agua y de esa manera te lavarás de tu falta y de tu castigo. Midas lo hizo y así aprendió a no encontrar su satisfacción en la riqueza. Interesante leyenda que ilustra muy bien el hecho que la satisfacción en la vida no puede hallarse en la riqueza. Si no es en la riqueza, ¿En qué puede ser? La respuesta a esta pregunta será el tema del estudio bíblico de hoy en el libro de Santiago.

Si tiene una Biblia, ábrala en el libro de Santiago, capítulo 1 versículos 9 a 11. En cuanto al poder económico, la humanidad está dividida en dos grupos, los pobres y los ricos, pero sin importar cuan pobre o rico uno sea, todos necesitamos poner nuestra esperanza en algo para encontrar satisfacción o significado en la vida. Los pobres no corren mucho peligro de poner su esperanza en la riqueza, porque no la tienen, aunque no necesariamente por ser pobre no se puede poner la esperanza en la riqueza. Conozco cantidad de casos en los cuales personas pobres han puesto su esperanza en la riqueza que aunque no la tienen esperan tenerla algún día. Cada persona pobre que compra un boleto de lotería es un clásico ejemplo de alguien que siendo pobre pone su esperanza en la riqueza que no tiene pero espera tener si se gana el premio mayor de la lotería. En cambio los ricos, corren serio peligro de poner su esperanza en la riqueza. En realidad son contados los casos de los ricos que no tienen su esperanza en su riqueza. Tanto para los pobres como para los ricos, Santiago tiene una enseñanza en cuanto a donde debe estar puesta la esperanza. La esperanza es aquello que nos hace suspirar. ¿Qué es lo que le hace suspirar, amable oyente? ¿Una nueva casa? ¿Un trabajo mejor remunerado? ¿Un auto último modelo? ¿Una hermosa mujer? ¿Un apuesto caballero? ¿Una carrera profesional? Lo que le haga suspirar esa es su esperanza. Santiago nos muestra lo debe hacer suspirar a un pobre y a un rico y en ambos casos no es la riqueza. Primeramente consideremos lo que debe hacer suspirar al pobre. Santiago 1:9 dice El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación;

Santiago se dirige a los hermanos, y dentro de este calificativo incluye a todos los que por la fe hemos recibido a Cristo como nuestro Salvador. Algunos hermanos son pobres. Es a estos hermanos a quienes Santiago se refiere cuando habla de los de humilde condición. Los hermanos pobres necesitan poner su esperanza en algo. Necesitan suspirar por algo. ¿Qué es lo que debe hacer suspirar a un hermano pobre? ¿Será acaso el anhelo de cambiar su posición económica? ¿Tal vez el deseo de llegar a ser rico algún día? Aunque no necesariamente es malo anhelar mejorar la posición económica, lo malo está en que esto nos haga suspirar en señal de que esto es nuestra máxima esperanza. Lo que debe hacer suspirar el corazón de los hermanos pobres es la exaltación. Gloríese en su exaltación dice el texto. Gloriarse en este caso significa aquello que trae satisfacción a la vida. Lo que debe traer satisfacción a vida de un hermano pobre es su exaltación. La exaltación se refiere a la posición elevada que todos tenemos ante el Padre celestial por la obra de Cristo en la cruz. Esta posición de exaltación es lo que debe hacer suspirar al hermano que es pobre. La Palabra de Dios nos enseña que somos reyes y sacerdotes, que somos coherederos con Cristo, que somos herederos de un reino incomparable, que tenemos en nosotros a Dios el Padre, que el Hijo Jesucristo mora en nuestro corazón, que el Espíritu Santo habita en nuestro cuerpo, que estamos sentados en los lugares celestiales con Cristo y tantas otras cosas más. Todo esto es la fortuna espiritual de todo hijo de Dios. Esto debe ser lo que hace suspirar el corazón del creyente pobre. La pobreza es simplemente una etapa de la existencia que con algún propósito Dios así lo ha determinado, pero no siempre será así, porque algún momento, quizá más pronto de lo que pensamos estaremos gozando de nuestra indescriptible fortuna con Cristo. Veamos ahora el caso de los ricos. Lo que debe hacer suspirar a los ricos. Santiago 1:10 dice: pero el que es rico, en su humillación
Qué interesante, el rico no debe encontrar su satisfacción para la vida en su riqueza sino en su humillación. ¿Qué significa esto? Pues que el rico debe reconocer que no es nada aquí, que es un pobre en espíritu, en otras palabras, que en realidad no puede confiar en su propia habilidad o en su fortuna. Gloriarse en su humillación es reconocer que la riqueza ha sido dada por Dios como un medio para satisfacer las necesidades de los demás, mas no para auto complacerse o jactarse de la riqueza. ¿Por qué un rico debe gloriarse o encontrar satisfacción en su humillación? El texto continúa diciendo: porque él pasará como la flor de la hierba.
Santiago usa un símil al comparar al rico con la flor de la hierba. Dice que así como la flor de la hierba pasa, el rico también pasará. Pasar significa desaparecer, perder vigor, llegar a ser inválido. La idea es que el estado de riqueza del rico no es eterno sino que pasará, se desvanecerá, y perderá su vigor. La riqueza material no dura más allá de la vida, amable oyente. La muerte no respeta posición económica. Santiago 1:11 continúa clarificando más el símil de la flor. La Biblia dice: Porque cuando sale el sol con calor abrasador, la hierba se seca, su flor se cae, y perece su hermosa apariencia;
Algún día los hermanos ricos saldrán de este mundo y se encontrarán con Jesucristo, ese instante significará el fin de su riqueza, la hierba se secará y la flor se caerá. La hermosa apariencia de la riqueza se desvanecerá. Cuan incierta es la riqueza, tiene una hermosa apariencia, pero nada más, por dentro es vacía, es absurdo que un creyente ponga en ella su esperanza. Santiago finaliza su tema aplicando el símil de la flor de la hierba. Al final del versículo 11 dice: Así también se marchitará el rico en todas sus empresas. Un día va a salir de este mundo el hermano rico. La riqueza se marchitará y junto con ella todas sus empresas. Las riquezas son inciertas e inestables, una débil base como para encontrar en eso el significado de la vida. ¿Dónde está la fuente de su satisfacción personal? ¿Qué es lo que le hace feliz en la vida? El pobre tiene que estar contento con su situación presente, buscando su satisfacción en su relación espiritual con Dios. Si usted es un hermano rico, agradezca a Dios por ello y aprenda a poner las necesidades de otros como una prioridad en su vida. Esto es humildad verdadera. Recuerde que el rico no debe gloriarse en su riqueza sino debe experimentar la felicidad dando a otros. ¿Piensa que por no tener dinero es inferior o se siente rechazado? ¿O por tener riqueza es superior y aceptado? Confiar en algo perecedero o pasajero es vanidad. ¿Qué es lo que hace que su corazón suspire? Si perdiera todas sus posesiones, ¿Cómo se sentiría? Las emociones están esclavizadas a lo que pensamos que necesitamos. La esperanza en lo eterno es la evidencia de una fe verdadera.