La depresión

Gracias por estar una vez más junto a nosotros a través de su radio receptor. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. En la serie titulada La Vida Auténticamente Cristiana, hoy nos corresponde tratar el tema de la depresión. En instantes más estará junto a nosotros David Logacho para hablarnos de este asunto.

Según una leyenda, Satanás sacó a la venta en pública subasta las herramientas que utiliza para hacer su trabajo sucio.

Una de esas herramientas tenía una forma muy extraña, pero más extraño era el letrero que acompañaba a esta herramienta. Decía: Solo en exhibición. No está de venta. Cuando alguien preguntó a Satanás acerca de esto, dijo: Yo puedo deshacerme de las otras herramientas, pero no puedo deshacerme de esta. Es la herramienta más útil que tengo. Se llama desánimo, y ella me abre el camino a corazones que de otra manera serían inaccesibles.

Cuando logro introducir esta herramienta en el corazón del hombre, me queda el campo abierto para plantar cualquier cosa que desee. Bueno, a decir verdad, el desánimo que es síntoma de la depresión es algo realmente peligroso.

La depresión es un síndrome caracterizado por una tristeza profunda e inmotivada que inhibe todas las funciones psíquicas.

La depresión ha sido descrita en términos de un oscuro túnel sin un rayo de luz.

La depresión ataca a todos por igual. No respeta sexo, ni raza, ni edad, ni posición social, ni posición económica, ni educación. Ni siquiera condición espiritual.

Quien no ha oído hablar de Martín Lutero, sin embargo, luego de cierta crisis depresiva Martín Lutero dijo: Por casi una semana estuve a las puertas del Hades. Todo me temblaba. No podía encontrar a Cristo. Estaba sacudido por la desesperación y llegué a blasfemar de Dios.

Otro gran hombre de Dios, Carlos Spurgeon dijo: La depresión de mi espíritu es tan espantosa que no la deseo ni a mi peor enemigo. Muy a menudo he pasado por ese valle de sombra de muerte.

Personajes bíblicos también la experimentaron. Allí tiene el caso de Elías. Luego del sonado triunfo sobre los profetas de Baal y luego de saber que la perversa Jezabel buscaba su vida, Elías se dejó dominar por la depresión, y mire lo que hizo. Se encuentra en 1ª Reyes 19:4 “Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy mejor que mis padres.”

Las personas en depresión miran todo tan obscuro y sin esperanza, que piensan que la muerte es la mejor salida.

Otro caso parecido fue Jonás. Después de ver la mano poderosa de Dios librando de castigo a todo una gran ciudad, mire lo que hizo. Se encuentra en Jonás 4:1-3 donde dice: “Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó. Y oró a Jehová y dijo: Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal. Ahora pues, oh Jehová te ruego que me quites la vida; porque mejor me es la muerte que la vida.”

Jonás tenía un problema espiritual, simplemente no estaba de acuerdo en los tratos de Dios con el pecador.

Jonás estaba molesto porque Dios había perdonado a todo una gran ciudad. En ese estado de cosas, Jonás entró a una crisis depresiva. Al igual que Elías, Jonás también pensaba que la mejor salida sería la muerte.

La depresión no ataca solamente a las personas predispuestas a ello. La depresión no tiene respeto por nadie. Ataca a todos por igual. Al mirar más a fondo a la depresión, se encuentra que se produce por una o varias causas, que podrían agruparse de la siguiente manera.

Causas orgánicas. Es conocido que condiciones como diabetes, problemas de presión arterial, problemas glandulares, problemas cardíacos pueden conducir a una persona a estados serios de depresión, pero también hábitos o mejor llamarlo vicios, pueden llevar a una personas a crisis depresivas. El consumo de tabaco, alcohol y drogas es caldo de cultivo para la proliferación de la depresión.

También están las causas psicológicas que arrastran a la depresión. Tenemos por ejemplo, la profunda tristeza por la enfermedad de un ser querido, o la muerte de un ser querido. Cuando David supo de la muerte de Absalón, se puso terriblemente mal. 2ª Samuel 18:33 nos dice lo que pasó: “Entonces el rey se turbó, y subió a la sala de la puerta, y lloró; y yendo, decía así: ¡Hijo mío Absalón, hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalón, hijo mío, hijo mío!”

Conmovedor. ¿No le parece? Es la depresión por causas psicológicas.

Pero también están las causas espirituales. Cosas como celos, sed de venganza, ira, rencor, remordimiento, falta de perdón, pueden arrastrar a sus víctimas a la depresión.

Judas iscariote, por ejemplo, terminó suicidándose a causa del remordimiento por haber entregado a Jesús para ser crucificado. El pecado no confesado, aunque haya sido cometido hace mucho tiempo atrás, puede perfectamente sumir a una persona en la depresión. Si Usted ya ha entrado a este siniestro túnel llamado depresión, necesita saber algunos pasos para librarse de ella.

El primero es identificar lo más objetivamente posible el motivo de su depresión. Pueden ser varios los motivos. Utilice el método de eliminación.

Comience por las causas orgánicas. ¿Hay algún desorden en su organismo? No estará mal la visita a algún especialista en medicina para detectar posibles causas orgánicas de la depresión. Si existe alguna deficiencia orgánica, busque tanto la ayuda de Dios como la ayuda de la medicina.

Si todo está bien en la parte orgánica, será hora de examinar el área psicológica. ¿Ha enfrentado o está enfrentando alguna situación que le ha traído profunda tristeza o ira, o temor, o incertidumbre? Quizá murió alguien en la familia, o quizá alguien cercano a la familia, o Usted mismo, está padeciendo alguna enfermedad considerada incurable, o tal vez ha perdido su trabajo, o su cónyuge la he sido infiel, o ha sufrido una tremenda decepción.

Cosas así pueden ser causas de depresión, cuando no se las maneja adecuadamente. Si está atravesando por las agitadas aguas de la prueba, su única salida es confiar en Dios. Dios sabe lo que hace y Dios no hace nada por accidente. Ratifique su confianza en Dios a pesar del dolor, de la tristeza o de la incertidumbre que produce la prueba.

Recuerde que Usted puede experimentar gozo en medio de la prueba. Eso es lo que dice Santiago 1:2 donde leemos: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas”

En la medida que logre ver las pruebas como Dios las ve, logrará experimentar gozo en las pruebas y se librará de la depresión. De igual manera, en la medida que piense que las pruebas son mala suerte, o castigo de Dios, o que Dios es injusto, se hundirá más y más en la depresión.

Si no hay causas ni orgánicas ni psicológicas, entonces no hay otra alternativa, sino causas espirituales. ¿Está cometiendo algún pecado que solo Usted y Dios lo saben? Ira, orgullo, celos, malos pensamientos, venganza, codicia. ¿Ha cometido algún pecado en el pasado y hasta ahora no lo ha confesado? Un aborto, relaciones sexuales prematrimoniales, robo. Estas cosas son como esqueletos que pretenden salir de sus tumbas para echar a perder nuestro gozo como hijos de Dios.

Si está cometiendo algún pecado, o lo ha cometido en el pasado y nunca lo ha confesado, debe hacerlo lo antes posible y debe apartarse de ese pecado. Proverbios 28:13 dice: “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia.”

La confesión y el alejamiento del pecado será el inicio de una vida plena con Cristo. Una vez que ha identificado el motivo de la depresión y ha dado algunos pasos para remediarlo, niéguese a sentir auto compasión. El estado depresivo le motivará a pensar que la vida ha sido injusta con Usted. El típico: pobre de mí. Niéguese a pensar así. Piense más bien en un Dios majestuoso como el nuestro. Salmo 60:12 dice: “En Dios haremos proezas, y él hollará a nuestros enemigos.”

Dios y Usted son mayoría, no importa cuán numerosos sean los enemigos, no importa cuán fuertes sean los enemigos. No importa cuán difícil sea la situación que está soportando. Además, es necesario que procure mantenerse activo. Su estado depresivo tratará de cualquier manera que Usted se quede en cama, o se quede mirando televisión, o se recluya en algún rincón solitario, pero no ceda a este impulso.

Busque estar con otros. Ocupe su mente en cosas productivas. Dedíquese a servir. Mientras más ocupado esté en el servicio, menos tiempo tendrá para pensar en Usted mismo y en sus dificultades. También debe cultivar la facultad de alabar a Dios en todo tiempo.

Es fácil alabar a Dios cuando tenemos salud, dinero y amor, pero ¿cuándo faltan todas estas cosas? En lugar de alabar nos quejamos. No ceda a la tentación de quejarse contra Dios. Mejor alábelo. Ya va a ver como la alabanza le compone el ánimo para que mire a los problemas no como esos enormes monstruos que le van a hacer pedazos, sino como oportunidades para que Dios manifieste su poder.

Mientras hace todas estas cosas, niéguese a vivir con estimulantes. Los estimulantes son maneras artificiales para sentirse bien. Pero no eche mano de algo artificial. Busque lo genuino. Deje que Dios le saque del pozo de la depresión. Salmo 40:1-3 dice: Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová.”

Maravilloso. ¿No le parece? Algo así no le pueden dar los estimulantes. Si ya los está usando, trate de dejarlos. Si está pensando usarlos, no lo haga. Si va a dejarlos, busque asesoramiento médico, porque el manejo de estimulantes es algo muy complicado.

Por último, ore lo más que pueda y busque comunión con Dios lo más que pueda. La vida auténticamente cristiana se caracteriza por la ausencia de depresión.