La disciplina

Es un grato placer contar con su sintonía, amiga, amigo oyente. Sea bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando las características de la vida auténticamente cristiana y una de ellas es la disciplina. Sobre esto nos estará hablando en instantes más, David Logacho

La palabra disciplina en el Nuevo Testamento significa la formación dada a un niño, incluyendo la instrucción y corrección. Todo niño necesita por tanto ser disciplinado. Igual es con los hijos de Dios. Todo hijo de Dios necesita ser disciplinado. La disciplina no es algo reservado para los creyentes desobedientes. La disciplina simplemente es la formación que Dios da a sus hijos.

A veces esta disciplina demanda corrección, y Dios es muy sabio en proveer de esa corrección, pero la mayoría de las veces esa disciplina simplemente toma forma de diversas circunstancias que Dios diseña para enseñarnos cosas importantes. Así como los hijos no deben despreciar la disciplina de sus padres, los hijos de Dios tampoco deben despreciar la disciplina de su Padre.

Proverbios 15:32 dice: “El que tiene en poco la disciplina menosprecia su alma; mas el que escucha la corrección tiene entendimiento”

Este es un versículo que muchos padres hacen memorizar a sus hijos para que no se resientan cuando son castigados, pero también deberíamos memorizarlo todos los creyentes para que no nos resintamos con la disciplina de nuestro Padre celestial.

Consideremos por tanto lo que la Biblia nos enseña acerca de la disciplina de Dios. Hebreos 12:3-11 dice: “Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado; y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos y no hijos. Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquellos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.”

En estos versículos, el autor del libro de Hebreos muestra las razones por las cuales es necesario que los creyentes estén bajo la disciplina de Dios. Recuerde que estar bajo la disciplina de Dios no es sinónimo de recibir castigo de Dios por haber hecho algo contrario a su voluntad.

Estar bajo la disciplina de Dios significa simplemente estar en un proceso de formación, de desarrollo, de crecimiento hacia la madurez.

En primer lugar, los creyentes necesitamos estar en disciplina porque es la manera como se crece hacia la madurez. El pasaje que acabamos de leer dice que Dios nos disciplina para que participemos de su santidad.

La santidad es parte intrínseca del carácter de Dios. La disciplina busca que los creyentes seamos imitadores de Dios. Efesios 5:1 dice: “Sed, pues, imitadores de Dos como hijos amados”

Dios logra esto por medio de la disciplina. Esta disciplina consiste en enseñanza y corrección. Dios nos enseña a través de circunstancias que él mismo diseña. A veces esas circunstancias pueden ser aparentemente adversas, pero nunca debemos olvidar que son parte de la escuela de aprendizaje de Dios.

Hace años atrás, cuando una de mis hijas tenía apenas siete años de edad, enfrentó un grave problema de salud. A pesar de su corta edad, fue algo muy doloroso para ella, y mucho más doloroso para mi esposa y para mí. Siempre es muy doloroso ver sufrir a alguien que uno quiere con especial cariño. Pero en esa misma época, Dios se manifestó de una manera muy especial, consolando, fortaleciendo, proveyendo. Solo para citar un ejemplo, los gastos de hospitalización de mi hija eran tan altos que de ninguna manera podíamos pagarlos, pero Dios proveyó hasta el último centavo para atender esa necesidad.

Dios se mostró como Jehová Jireh, el Dios que provee. Puede ser que en este preciso instante, Usted esté atravesando por alguna situación difícil. Quizá un esposo infiel, o un hijo rebelde, o la quiebra de un negocio, o la enfermedad de un ser querido, o el rompimiento de una relación de noviazgo, cualquier cosa difícil de sobrellevar. Yo sé que es doloroso. Yo sé que esto trae un mar de dudas y confusión, pero con la autoridad de la palabra de Dios, yo le animo a que piense que cualquier cosa difícil que esté enfrentando, es parte de lo que Dios ha diseñado para que Usted aprenda alguna lección importante.

No menosprecie la disciplina del Señor. Aunque todo dentro de Usted insista por quejarse o por rebelarse contra Dios, no ceda a ese impulso. Agradezca a Dios por lo que está pasando y reafirme su confianza plena en él.

En segundo lugar, los creyentes necesitamos estar bajo la disciplina de Dios porque es una prueba de genuina relación de amor entre el Padre celestial y sus hijos. Eso es lo que dice el pasaje bíblico que fue leído.

El Señor al que ama disciplina. Si se os deja sin disciplina, entonces sois bastardos y no hijos. Así como los padres que realmente aman a sus hijos están prestos a disciplinarlos, el Padre celestial quien ama tanto a sus hijos está también presto a disciplinarlos. La disciplina es una manifestación de amor. Los padres terrenales no quieren echar a perder a sus hijos criándolos sin disciplina.

El Padre celestial tampoco quiere echar a perder a sus hijos criándolos sin disciplina.

En tercer lugar, los creyentes necesitamos estar bajo la disciplina de Dios para evitar que nos desviemos del camino correcto. El creyente se parece mucho a una oveja. Las ovejas tienen una marcada tendencia a desviarse del camino que deben seguir. El pastor de ovejas se ve en la necesidad de usar su vara para enseñar a una oveja a no salirse del camino. Igual es en el campo espiritual.

Los creyentes también tenemos una tendencia a desviarnos del camino correcto. Nuestra naturaleza pecaminosa está constantemente incitándonos a desobedecer lo que Dios ha dicho en su palabra. Para contrarrestar esta tendencia natural del creyente, Dios también tiene que utilizar su vara de corrección. Es parte de la disciplina de Dios.

En la iglesia de Corinto había algunos creyentes que no estaban teniendo la actitud correcta en la Cena del Señor. Estaban participando en la Cena del Señor con su corazón manchado por el pecado. La Cena del Señor llegó a ser para ellos, nada más que una pantalla para ocultar la suciedad de su corazón de modo que los demás piensen que eran espirituales. Era un acto de hipocresía extrema.

Dios tenía que intervenir con disciplina. Ponga atención a lo que dice 1ª Corintios 11:27-32: “De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen. Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.”

La disciplina de Dios a estos creyentes en la iglesia de Corinto, tomó forma de enfermedad en algunos casos, de debilidad en otros casos y de muerte en otros casos. Dios sabe la manera apropiada para castigar a sus hijos dentro del proceso de disciplina. La vara de corrección de Dios no es para dañar a sus hijos. Es para enseñar obediencia. Es para restaurar al que ha caído. Es para evitar que vuelva a caer.

A veces la disciplina de Dios toma forma de una medida disciplinaria aplicada por la iglesia. Este fue el caso de aquel hermano en la fe que cometió una grave falta moral en la iglesia en Corinto. Si Dios no nos corrigiera cuando desobedecemos, nos acostumbraríamos a desobedecer, con graves consecuencias para nosotros.

La corrección de Dios es algo muy serio. Causa mucho dolor, pero es algo necesario y da muy buen fruto. Por eso es que el autor de Hebreos dice que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

Por al menos estas razones, es indispensable que los creyentes estemos bajo la disciplina de Dios. Si Usted es hijo de Dios, está bajo la disciplina de Dios. No es algo opcional para Usted. Lo que sí es opcional es la actitud que Usted desarrolle ante la disciplina de Dios. No menosprecie la disciplina de Dios. Aún si Dios le está corrigiendo por algo que hizo mal, agradezca a Dios por ello. Es una muestra del amor que Dios como Padre le tiene a Usted como hijo. No viva quejándose de su mala suerte. Para el creyente no existe la suerte. Si su vida está atravesando por momentos difíciles, agradezca a Dios por ello, sabiendo que eso es parte de lo que Dios ha escogido como la forma de enseñarle lecciones importantes. La vida es el laboratorio donde Dios nos instruye día a día hasta que lleguemos a gloriosa presencia.

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