Hebreos 10:26-31 ¿Tiene que ver con creyentes?

Leamos el texto en Hebreos 10:26-31. La Biblia dice: Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!

Para comprender bien lo que el autor de Hebreos está diciendo en este pasaje bíblico, es necesario considerar que en esta oportunidad, se está refiriendo a personas que teniendo todo el conocimiento intelectual para ser salvos, sin embargo, inexplicablemente rechazan ese conocimiento intelectual, y por decirlo así, dan la espalda a Cristo Jesús, y no lo reciben como Salvador. Esto se comprueba porque no es sino más adelante en el texto, en el versículo 39 del capítulo 10 de Hebreos, cuando el autor de Hebreos se incluye a sí mismo y a otros creyentes genuinos. El autor de Hebreos está haciendo referencia a algo que era muy conocido para los judíos. Ellos sabían que los diferentes sacrificios por el pecado, cubrían solamente los pecados de ignorancia del pueblo, pero cuando alguien hacía algo malo con soberbia, es decir sabiendo que estaba haciendo algo malo, en la ley de Moisés no había sacrificio para cubrir este pecado. Por esta causa, si alguien, sabiendo que es un pecador y sabiendo que Cristo murió por él en la cruz del Calvario, y a pesar de eso, con soberbia rechaza a Cristo como Salvador, está cayendo justamente en lo que la ley de Moisés condenaba, ya no queda más sacrificio por los pecados. ¿Qué es lo que queda, entonces? Según la ley de Moisés, lo único que quedaba es ser cortado de en medio del pueblo de Israel. Pero algo más severo espera a aquel que a sabiendas voluntariamente rechaza a Cristo como Salvador. Lo que le espera es una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. Una persona así merece el castigo de los adversarios. La palabra Satanás, significa adversario. Aquel que, a pesar de saber, rechaza a Cristo como Salvador sufrirá eterno tormento en el lago de fuego junto a Satanás. La gravedad del castigo guarda relación con la gravedad de la falta. Eso es lo que el autor de Hebreos afirma cuando dice: ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo! La falta es una ofensa contra el Padre, porque es equivalente a pisotear al Hijo de Dios. La falta también es una ofensa contra el mismo Hijo. Es equivalente a tener por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado. La falta también es una ofensa contra el Espíritu Santo. Es el Espíritu Santo quien da testimonio a favor de Cristo al incrédulo. Rechazar a Cristo como Salvador teniendo pleno conocimiento de lo que se está haciendo es equivalente a dar por falso el testimonio del Espíritu Santo. Es decir que cuando una persona sabe todo lo que hace falta saber para recibir a Cristo como Salvador y sin embargo da la espalda y rechaza a Cristo como Salvador, está pecando contra el Padre, contra el Hijo y contra el Espíritu Santo.

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