En mi lectura diaria de la palabra de Dios, he notado que en el libro de Mateo se repite el milagro de la alimentación a una multitud, en Mateo 14:14-21 y Mateo 15:32-35. ¿Por qué la repetición? ¿Por qué la segunda vez que se realizó el milagro de la alimentación a la multitud no lo hicieron los discípulos, imitando a su maestro Jesús?

¿Por qué el Señor Jesús hizo dos milagros muy similares? Bueno, fue para mostrar su poder, fue para mostrar sus credenciales como Dios en forma humana, fue para aliviar el hambre física de la gente, fue para mostrarse a sí mismo como el pan de vida que satisface la sed espiritual del hombre pecador. Pero existe algo muy sutil que me gustaría señalar. Está en relación con lo que dijo el Señor Jesús cuando afirmó que alimentó a cinco mil hombres partiendo de cinco panes y alimentó a cuatro mil hombres partiendo de siete panes. ¿Nota la relación inversamente proporcional? Mientras menos panes, más se alimentaron. Mientras más panes, menos se alimentaron. ¿Qué ilustra esto? Pues algo hermoso. Lo poco es mucho cuando se lo pone en la mano del Señor Jesús. Puede ser que nosotros seamos nada a los ojos de los hombres, pero si nos ponemos en las manos del Señor Jesús, él puede hacer mucho por medio de nosotros. Es el milagro de la multiplicación. No olvide jamás esta lección: Poco es mucho cuando se lo pone en la mano del Señor Jesús. Finalmente, el Señor Jesús jamás esperó que sus discípulos realicen milagros de multiplicar panes y peces para alimentar a las multitudes. El Señor Jesús esperaba algo mucho más grande de sus discípulos. Esperaba que se sacrifiquen a ellos mismos, que tomen su cruz y que le sigan. De esa manera, no pocos, sino muchos, llegarán a encontrar al Señor Jesús como su personal Salvador. Este milagro es mayor y más importante que llenar el estómago a unos cuantos miles partiendo de pocos panes y pocos peces. Lo que cuenta para Dios es que el hombre pecador llegue a ser salvo. Una persona es salva cuando ha recibido por la fe a Cristo como su Salvador personal. Recibir a Cristo como mi Salvador personal, significa creer totalmente que Cristo murió en la cruz en mi lugar, para pagar el castigo que yo merezco porque yo soy un pecador. Recibir a Cristo como mi Salvador personal significa también creer que Cristo fue sepultado, pero resucitó al tercer día y que hoy está vivo, ofreciendo vida eterna a todos los que en él creen. La diferencia entre estar condenado y ser salvo descansa sobre el hecho de creer o no creer en Jesucristo como Salvador. Juan 3:36 dice: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehusa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.”

La salvación viene por creer en una persona, mas no en un dogma de cualquier religión que sea. Esa persona es Cristo Jesús. Hoy en día existe mucha confusión en cuanto al significado de creer. Se piensa que creer es solamente un mero asentimiento intelectual; pero creer va más allá de lo intelectual. Creer es sinónimo de confiar plenamente. Una persona que cree en Cristo ha depositado totalmente su confianza en Cristo como su Salvador y por tanto ha renunciado totalmente a su religión o a sus obras como aquello que le otorga mérito para ser salvo.

 

 

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