Los creyentes debemos tener miedo a la muerte

He oído decir a un predicador evangélico que no le tiene miedo a la muerte. ¿Cómo se puede afirmar algo así cuando la muerte se presenta sorpresivamente a una persona y la saca de este mundo y después no se sabe nada más de ella?

Bueno, la idea que una persona tiene de la muerte, o la manera como una persona cataloga a la muerte depende en absoluto de la condición espiritual de esa persona.

Permítame citar algunos ejemplos para que Usted vea la diferencia. Para las personas que no tienen a Cristo como su Salvador, la muerte es el comienzo de la retribución por el pecado.

Ponga atención a lo que dice Hebreos 9:27 “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”

La muerte en este caso es como un implacable verdugo que arrastra al reo al castigo eterno. Por contraste, para las personas que tienen a Cristo como su Salvador, la muerte es el comienzo de la recompensa eterna.

Poco antes de morir, el apóstol Pablo pronunció palabras cargadas de significado sobre este asunto. Leo en 2ª Timoteo 4:6-8 donde dice: “Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida”

El apóstol Pablo mira a la muerte como el fin de una vida fructífera en este mundo, pero a la vez como el comienzo de gozar la recompensa por esa vida de justicia mientras estaba en este mundo. Dice que le está guardada la corona de justicia, la cual recibirá una vez que muera de manos del Señor Jesucristo, el Juez justo.

En este caso, la muerte es como un siervo dócil que conduce al afortunado ganador a la ceremonia donde se entregan las recompensas.

Otro ejemplo, para la persona que no tiene a Cristo como Salvador, la muerte es la puerta de entrada al tormento eterno. Esto fue lo que pasó con un hombre incrédulo quien era muy rico y sobre quien habló el Señor Jesucristo. Una vez que este hombre murió y fue sepultado, note lo que pasó. Lucas 16:23 dice: “Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham y a Lázaro en su seno”

Nuevamente aquí, la muerte para este hombre rico fue el implacable reo que condujo al hombre rico a ese lugar de tormento.

Ahora por contraste, mire lo que pasó con ese mendigo llamado Lázaro, quien a pesar de su calamidad, arregló su problema de pecado con Dios. Lucas 16:22 dice: “Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham”

La muerte para el mendigo significó el inicio de un desfile angelical que condujo al mendigo a un lugar de dicha permanente llamado seno de Abraham. La condición espiritual de la persona hace que la muerte sea la puerta al tormento eterno o la puerta a la dicha eterna.

Otro ejemplo. Para los que no son salvos por haber recibido a Cristo como Salvador, la muerte es derrota total. Es equivalente a que se trunca la vida, se truncan los planes. Eso sucedió con un hombre incrédulo que dedicó su vida a acumular riqueza olvidando su propia condición espiritual. Lucas 12:16-21 dice: “También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: Derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.”

El hombre rico estaba trabajando a manos llenas, estaba lleno de propósitos y metas. La vida le sonreía. Espiritualmente era un desastre, pero ¿Quién se preocupa por la condición espiritual cuando tiene tanto éxito en lo material? Sin embargo a este hombre le sorprendió la muerte. Eso significó el fin de la riqueza, el fin de los planes, el fin de los propósitos. La muerte aplastó totalmente a este pobre hombre. La muerte se alzó en victoria.

Pero ahora por contraste, note lo que sucede con la muerte en el caso de una persona que ha confiado en Cristo como su Salvador personal. Leo en 1 Corintios 15:54-57 “Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”

Para la persona que tiene a Cristo como su Salvador, la muerte ha sido devorada por la victoria. Esto es lo que significa la frase: Sorbida es la muerte en victoria.

Estos son unos pocos ejemplos para ilustrar que la idea o el concepto de la muerte depende totalmente de la condición espiritual de la persona que muere. Si la persona que muere es una persona creyente en el sentido de haber recibido a Cristo como Salvador personal, entonces para esta persona, la muerte ha perdido ese sabor amargo de derrota.

La muerte ha perdido esa sensación de partida hacia la nada. La muerte ha perdido ese sentir de que todo ha terminado. Es por eso que alguien ha dicho muy bien: Para los creyentes, la muerte es solo una coma en el poema de la existencia.

Así es. Por consideraciones así, aquel predicador evangélico habrá mencionado que no tiene temor a la muerte y me imagino que habrá exhortado a los creyentes a no temer a la muerte. No olvide que la muerte para un creyente fiel no es un accidente. Es simplemente como cuando llega el momento de una cita con alguien. La muerte para los creyentes es el momento para encontrarse cara a cara con su Salvador. Qué momento tan glorioso será aquel. Con razón que Pablo dijo en Filipenses 1:21: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia”

¿Se ha puesto a pensar que para el incrédulo, la única felicidad que experimentará en toda su existencia eterna es la que puede obtener en este mundo?

Porque después de la muerte le espera condenación eterna. En cambio, para el creyente, la única tristeza que experimentará en toda su existencia eterna es la que encontrará en este mundo, porque después de la muerte le espera dicha eterna. Cuando vemos pasar a la eternidad a un ser querido que ha confiado en Cristo como Salvador, nos produce mucho dolor la separación temporal, pero este dolor se mitiga cuando sabemos que esa persona está mejor allá que acá y cuando sabemos que algún día nos vamos a encontrar con ella.

Si Usted jamás ha recibido a Cristo como Salvador, no es extraño que se sienta incómodo y hasta ofendido cuando oye decir a personas que no tienen temor a la muerte, porque para Usted, lo peor que le pueda pasar a una persona es la muerte, porque para Usted la muerte es la derrota máxima, el fin de todo, la partida hacia la nada.

Pero Usted, mientras esté vivo en este mundo, tiene la oportunidad de cambiar su concepto de la muerte. Más aún, tiene la oportunidad de hacer que la muerte sea un siervo fiel que le conduce a la dicha eterna en lugar de un verdugo implacable que le conduce a la condenación eterna. La única manera de lograrlo es por medio de recibir a Cristo como su Salvador personal.

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