¿Los creyentes pueden participar en juegos de azar?

¿Qué dice la Biblia sobre los juegos de azar? ¿Es algo en lo cual los creyentes pueden participar?

Si pretendemos disfrutar en su plenitud de las bendiciones que podemos tener en Cristo, debemos apartarnos totalmente de todo aquello que sea dudoso, y los juegos de azar, cualquiera que sean, caen dentro de esta categoría. Algo dudoso. Considere por ejemplo el juego de naipes. Los naipes son los elementos de uso más común en los juegos de azar. Son millones los jóvenes que empezaron a jugar a los naipes sin pensar siquiera que podrían volverse adictos a los juegos de azar, un vicio que les arrastró a la ruina total, en lo espiritual, lo moral y lo económico. Es un hecho ampliamente difundido que el inocente juego de naipes alrededor de la mesa familiar, fue lo que inició a muchas personas en el sórdido mundo de los juegos de azar. En una familia, los mismos padres enseñaron a sus hijos a jugar a los naipes, pensando que si los hijos tenían en qué divertirse en su casa no tendrían que añorar la diversión fuera de la casa. El asunto funcionó por un tiempo, pero llegó el momento que los hijos tenían que dejar el hogar de todas maneras. Dos de los tres hijos se convirtieron en clientes asiduos de los casinos, en donde echaron a perder su vida y su dinero y el otro se salvó de caer en el mismo abismo gracias a la intervención poderosa de Dios cuando fue salvado. Se podría citar centenares de casos de jóvenes de ambos sexos que al empezar a jugar a los naipes se habrían horrorizado ante el pensamiento de llegar a ser jugadores empedernidos, pero más tarde se encontraron en una posición en la sociedad que los obligaba a jugar, primero por el pundonor de ganar y después por el dinero. Satanás es muy astuto poniendo en la mente de los jugadores que pueden llegar a ser millonarios con tan solo un poco de suerte, pero los únicos que realmente ganan con los juegos de azar, son los dueños de los casinos. Todos los demás jugadores son siempre perdedores. Además la costumbre de jugar naipes tiene la desventaja de ser una diversión en la que raramente se usa de moderación. Prácticamente, cada jugador se vuelve fácilmente en un esclavo del juego. Hombres que juegan a los naipes, pronto estarán tan metidos en eso que no tendrán tiempo para sus negocios, su familia y su formación moral y espiritual. Mujeres que juegan a los naipes, pronto se hallarán gastando tanto tiempo en el juego, que no les quedará tiempo para cumplir con sus responsabilidades ya sea como esposas o como madres. Jóvenes de ambos sexos que se dedican al juego de naipes, estarán robando precioso tiempo que bien podrían dedicar a sus estudios y a su formación en general para ser útiles a ellos mismos, a su familia y a la sociedad. Por estas consideraciones no es recomendable que los creyentes se embarquen en los juegos de azar. Puede ser que a lo mejor un creyente logre evitar volverse un esclavo de los juegos de azar, pero es inevitable que su conducta afecte a otros creyentes que piensan que los creyentes no deben involucrarse en los juegos de azar. Los jóvenes que ven a un creyente en los juegos de azar, se sentirán estimulados a jugar también, y aunque el primero lo haga con moderación, aquellos que han sido estimulados a hacerlo a través de su ejemplo, pueden perfectamente llegar a ser jugadores compulsivos. En esto tiene total aplicación el consejo de Pablo en Romanos 14:21 donde dice: “Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda o se debilite” De modo que, amable oyente, los juegos de azar no van de la mano con el testimonio cristiano y por eso los creyentes harán bien apartándose de ello.

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