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¿La masturbación es pecado? ¿Trae consecuencias?

¿Es pecado la masturbación? ¿Qué consecuencias produce en la persona que se masturba?

Según el diccionario, la masturbación es el acto de procurarse solitariamente el goce sensual. También se dice que es la manera auto inducida de encontrar alivio sexual aparte del coito.

Aunque parezca extraño, la Biblia no trata este asunto específicamente. Se ha usado la historia de Onán, que aparece en Génesis 38:1-11, para indicar el desagrado de Dios ante la masturbación, pero un análisis detenido de esta historia mostrará que el desagrado de Dios contra Onán no fue por la masturbación sino por la desobediencia.

Sucede que cuando murió el hermano de Onán, la ley en cuanto al matrimonio de aquellos días, demandaba que Onán se casara con la viuda, para que de esa forma levantara una descendencia en lugar del hermano fallecido. Onán se rebeló contra esta ley y dice la Biblia que al llegarse a la viuda derramaba el semen en tierra y consecuentemente nunca llegó a tener hijos con ella. Por esta desobediencia, el Señor castigó con la muerte a Onán. El asunto con Onán entonces no fue la masturbación sino la desobediencia. Sin embargo, aunque la Biblia no trata directamente el tema de la masturbación, contiene varios pasajes que proveen instrucción para el creyente que desea adoptar una convicción sobre este asunto. Veamos algunos de ellos.

1ª Corintios 7:4 dice: «La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido, ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo sino la mujer.»

La idea aquí es que el uso del sexo está permitido únicamente dentro del matrimonio. Dios jamás tuvo en mente que un hombre o una mujer se autosatisfaga sexualmente sino que el esposo satisfaga a su esposa y la esposa satisfaga a su esposo en la relación íntima. La masturbación destruye este plan de Dios para el correcto uso del sexo.

El segundo pasaje, se encuentra en 2ª Timoteo 2:22:

«Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor.»

La masturbación es una pasión asociada con los jóvenes aunque también los adultos la practican. La Biblia es clara cuando afirma que los creyentes debemos huir de estas pasiones. Algo que también es necesario considerar es que la masturbación está siempre asociada con fantasías impuras y malos pensamientos, pero note lo que dice Filipenses 4:8.

«por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre, si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.»

La responsabilidad del creyente es pensar en cosas verdaderas, honestas, justas, puras, amables, de buen nombre, virtuosas, y dignas de alabanza. Los pensamientos que conducen a la masturbación son todo lo contrario a lo que tenemos en esta lista. Por tanto, es algo que los creyentes debemos evitar. Por lo que hemos dicho, la masturbación es contraria a la voluntad de Dios para el creyente y por tanto es un pecado.

¿Cuales son las consecuencias de la masturbación?

En cuanto a las consecuencias de la masturbación debemos decir que en lo físico, no hay ninguna. Al menos a esa conclusión ha llegado la medicina. Estamos conscientes que en el pasado se pensó que la masturbación conducía a la locura, la impotencia sexual, enfermedades nerviosas, ceguera, granos en la cara o acné, etc. pero las investigaciones recientes han desechado esta forma de pensar. El hecho real es que no existe ninguna consecuencia a nivel físico.

Las consecuencias son más bien a nivel emocional y mayormente espiritual.

En lo emocional la masturbación trae aparejado un enorme sentimiento de culpa y una tendencia al aislamiento que sin lugar a dudas deja heridas muy profundas en sus víctimas. Además la masturbación produce una adicción difícil de superar que añade peso insoportable a la carga de culpa.

En lo espiritual, las consecuencias son más severas. En el creyente que tiene este hábito, produce un colapso en su relación con Dios. El creyente, aunque se esfuerce por racionalizar su pecado, sabe que en el fondo está pecando y esto lo pone en desventaja espiritual. Ese creyente vivirá atormentado por la culpa, vivirá preso de pensamientos impuros y se sentirá incapaz de relacionarse adecuadamente con Dios. Cada vez que intente escuchar la voz de Dios por medio de su palabra o cada vez que ore a Dios, se sentirá que es un hipócrita porque está ocultando algo que está mal en su vida.

Una razón muy común para la debilidad espiritual en muchos jóvenes creyentes es justamente la masturbación. No está por demás señalar que la masturbación, además de manchar la conciencia de un creyente, induce a pecados más atrevidos en el área de la sexualidad. Algunos pasos prácticos para librarse del hábito pecaminoso de la masturbación son los siguientes:

Primero, reconocer que es un pecado y consecuentemente confesarlo a Dios como tal y procurar apartarse de él. El creyente que tiene problemas en esta área no debe justificar su pecado diciendo es que soy débil o es que si no lo hago no puedo liberar mi energía sexual. Esto es solamente una excusa. Dios nos ha dado a todos los creyentes el suficiente poder para decir no a las inclinaciones más fuertes de nuestra carne y además Dios ha diseñado unas formas de liberar la energía sexual sin necesidad de recurrir a la masturbación, en lo que se llama la polución nocturna o sueño húmedo. No mire a la masturbación como una necesidad en su vida sino como un pecado.

Segundo, procure involucrarse en actividades que demandan una alta dosis de energía física cuando sienta que está despertando el deseo por auto gratificarse sexualmente. La energía sexual que está desarrollándose en su cuerpo se transformará en energía física y desaparecerá el deseo por la masturbación. Esta técnica se conoce como sublimación. Por lo general, evite momentos de inactividad. Los ratos de ocio son los más propicios para caer en este mal hábito.

Tercero, busque un consejero de su confianza, maduro espiritualmente, con quien pueda hablar sobre este problema y ante quien Ud. se sienta responsable. La persona ideal en el caso de los jóvenes son los padres, a falta de ellos, los pastores o ancianos de la iglesia son una muy buena alternativa. La idea es que su consejero tenga total libertad para indagar su progreso en esta área. Aunque Ud. no lo crea, el sentirse responsable ante alguien ayuda a no cometer algo que sabemos que no es correcto.

Cuarto, considérese muerto al pecado. Esto significa que Ud. se identifica con la muerte de Cristo. Considerarse muerto al pecado implica que cuando la tentación a la masturbación toca a su puerta para despertar la pasión sexual impropia, Ud. manda a abrir la puerta a Jesucristo. No hay tentación que pueda permanecer firme ante Jesucristo.

Quinto, evite contaminar su mente con cosas que alientan su deseo sexual. Queme toda revista pornográfica, cambie de canal o apague la TV cuando se presentan escenas inmorales, no vaya a lugares donde se comercia con el sexo, evite fijar su mirada en el cuerpo de las mujeres, aprenda a mirar a una mujer a los ojos.

Sexto, clame con fervor al Señor para que Ud. tenga el valor de huir ante cualquier tentación de índole sexual. Jamás se quede a resistir una tentación de índole sexual. Para vivir es necesario huir. Recuerde lo que hizo José cuando la esposa de Potifar le tentó a la inmoralidad. Huyó aun cuando tuvo que dejar su ropa con ella.

Séptimo, reconozca que será necesario que en algún momento, en la voluntad de Dios, Ud. tendrá que casarse para dar un desfogue legítimo a su energía sexual. Por un tiempo Ud. podrá soportar el mantenerse puro como soltero, pero poco a poco eso se irá haciendo más difícil. Pablo el apóstol dice en 1 Corintios 7:9 que es mejor casarse que estarse quemando.

Octavo, procure guardar la Biblia lo más que pueda en su memoria. La palabra de Dios dice que la Biblia guardada en el corazón de una persona es un gran antídoto para que esa persona no caiga en pecado. Una mente saturada de la Biblia es como una ciudad fortificada, imposible que alguna tentación tenga cabida en ella.

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