Mateo11:3 

Juan el Bautista reconoció a Jesús como el Mesías. pero cuando se encuentra en la celda, le viene una duda y manda a sus discípulos a preguntar a Jesús si él era aquel que había de venir. ¿por qué la duda?. 

Ciertamente que Juan el Bautista reconoció que Jesús era el Mesías desde que vio que el Espíritu Santo descendió en forma de paloma y se posó sobre él. Tiempo después, Juan el Bautista fue tomado preso a causa de su forma abierta y directa de confrontar el pecado de Herodes quien se metió en una relación ilícita con su propia cuñada. Estando en la cárcel y con una sentencia de muerte encima, Juan el Bautista oyó de las señales, prodigios y milagros que estaba realizando Jesús. para Juan el Bautista esto era una confirmación de que Jesús era verdaderamente el Mesías, pero había un problema. Si Jesús era el Mesías, quien vino para establecer su reino sobre la tierra, ¿por qué no lo hacía de una vez por todas y derrocaba al imperio romano y ponía en libertad a Juan el Bautista? Más aún, hasta donde Juan el Bautista sabía, la aceptación de Jesús entre el pueblo judío iba en disminución más bien que en aumento. El rechazo a Jesús ya era muy notorio para todos. Esto fue la fuente de la duda en Juan el Bautista. Fue por esto que mandó a dos de sus discípulos a preguntar lo que aparece en Mateo 11:3 donde dice: “¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?” La respuesta de Jesús fue de lo más interesante. Jesús hizo en ese mismo momento, señales, prodigios y milagros que no hacían otra cosa sino confirmar que él era el verdadero Mesías. Luego añadió: “Bienaventurado aquel que no halle tropiezo en mí.” Esta frase puede ser entendida como una amonestación a Juan el Bautista, a causa de su duda, pero también puede ser entendida como una exhortación a Juan el Bautista para que no abandone su fe. Juan el Bautista era tan humano como Usted y yo. ¿No es cierto que ante el fragor de la prueba tenemos la tendencia a abrir la puerta a la duda? ¿No es cierto que cuando estamos en medio del horno de fuego de la prueba llegamos a pensar que Dios nos ha abandonado? Algo parecido estaba pasando con Juan el Bautista. para Juan el Bautista debió haber sido de gran ánimo saber lo que Jesús dijo: Bienaventurado es el que no halle tropiezo en mi. Hasta donde se sabe, Juan el Bautista dejó a un lado su duda y fue uno de los tantos bienaventurados que no hallan tropiezo en Jesucristo. Juan el Bautista murió decapitado, pero murió con la esperanza viva de ser bienaventurado, porque su fe y su confianza estaban en Cristo Jesús. ¿En donde está su fe y su confianza?.

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