¿Qué me recomiendan hacer en el caso de que los líderes de la iglesia a la cual asisto son mentirosos, impíos, ladrones, hipócritas, pero parecen buenas personas cuando están en el púlpito?

Asumo que tiene pruebas irrefutables para afirmar lo que ha dicho sobre los líderes de la iglesia en la cual se congrega. Si ese no es el caso, me temo mucho que está yendo en contra de lo que enseña la Biblia. El hecho es que todo líder en una iglesia local es blanco frecuente de rumores, chismes y ataques sin fundamento. Justamente por eso el Nuevo Testamento exhorta a los creyentes a no dar por sentado las acusaciones contra los obispos, pastores o ancianos, a no ser que haya testigos que aporten con pruebas de que realmente se ha cometido la falta de que se les acusa. Esto es lo que en esencia dice 1 Timoteo 5:19 donde leemos: Contra un anciano no admitas acusación sino con dos o tres testigos.

¿Qué hacer en el caso que las acusaciones fueren verídicas? Pues lo que se debe hacer es seguir el procedimiento que aparece en Mateo 18:15-17 donde dice: Por tanto,  si tu hermano peca contra ti,  ve y repréndele estando tú y él solos;  si te oyere,  has ganado a tu hermano.  Mas si no te oyere,  toma aún contigo a uno o dos,  para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.  Si no los oyere a ellos,  dilo a la iglesia;  y si no oyere a la iglesia,  tenle por gentil y publicano.

Este es el procedimiento a seguir. Va por pasos. El primer paso es confrontar directamente a solas. Esto significa que debe ir ante cada uno de los líderes de la iglesia para confrontarlos con su pecado. Si los líderes reconocen su pecado, lo confiesan, se arrepienten y abandonan el pecado, entonces ha ganado a su hermano. Si no, entra en acción el segundo paso. Es necesario que tome a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si los líderes reconocen su pecado, lo confiesan, se arrepienten y abandonan el pecado, entonces ha ganado a su hermano. Si no, entra en acción el tercer paso. Es necesario que hable con los líderes de la iglesia que no están en pecado, debería haber al menos uno, para que él lleve el asunto a la iglesia. Si los líderes que están en pecado lo reconocen, lo confiesan, se arrepienten y abandonan el pecado, ha ganado un hermano. Si no, entra en acción el cuarto paso, la iglesia, debería sacar de la comunión a esos líderes que persisten en el pecado. De esto habla 1 Timoteo 5:20 donde dice: A los que persisten en pecar,  repréndelos delante de todos,  para que los demás también teman.

Yo sé que llegar a este extremo es muy doloroso, pero es necesario cuando los líderes pretenden seguir viviendo en pecado. No se debe tolerar el pecado en la iglesia, peor en el liderazgo. Así que, si sabe que los líderes en la iglesia son mentirosos, impíos, ladrones e hipócritas, le corresponde la dura tarea de buscar la restauración de esos líderes. Si lo logra, en buena hora, puede seguir congregándose en esa iglesia. Si a pesar de todo esfuerzo ve que no es factible una restauración, en dependencia del Señor y bajo la guía del Espíritu Santo, será necesario buscar otra iglesia local con sana doctrina y sana práctica donde congregarse.

 

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