¿Qué puede hacer un creyente cuando se encuentra acosado por sus compañeros de trabajo, quienes son incrédulos, vulgares y blasfemos?

La primera cosa que ese creyente debe hacer, es reconocer que es normal que este mundo odie y desprecie a los que somos hijos de Dios. Juan 15:18-20 dice: “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.” El siervo no es mayor que su señor, dice el texto. Si el mundo aborreció al Señor, y aún lo llevó a la cruz, es de esperarse que los que somos sus seguidores o sus siervos también seremos objeto de la burla y el desprecio del mundo. Como humanos que somos, nuestra tendencia natural es a salir del medio en el cual somos rechazados, pero la segunda cosa que el creyente debe recordar es que Dios nos ha puesto en ese lugar con un propósito especial. Note lo que dice Efesios 5:11 “Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas” La responsabilidad de todo creyente no es salir del medio en el cual es perseguido, sino no participar en las obras malas de los malvados. Esta acción reprenderá las obras malas de éstos. Recuerde que el hijo de Dios debe ser luz en medio de las tinieblas de este mundo. Por medio de su buena conducta, la vida del creyente arrojará luz para poner en evidencia las malas obras de los impíos. Además de un testimonio con la vida, es necesario un testimonio con los labios. El creyente debe tratar de buscar oportunidades para testificar a los incrédulos, acerca de lo que logró Cristo al morir en la cruz por el pecador. La tercera y última cosa que ese creyente debe hacer, es gozarse en medio de la situación adversa que vive. Esto parece extraño, pero fíjese en lo que dice Dios en 1 Pedro 4:12-14 donde se lee: “Amados, no os sorprendáis le fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría. Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu e Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado.” Hay dos palabras que se destacan nítidamente en este pasaje: gozaos y bienaventurados. ¿Cómo es posible gozarse al ser objeto de la burla de los demás? ¿Cómo es posible ser bienaventurado cuando estamos siendo perseguidos? La clave radica en la razón por la cual somos perseguidos. Estamos participando de los padecimientos de Cristo y esto es un privilegio sin igual. Si este preciso momento, está siendo objeto del desprecio de sus compañeros de trabajo, en lugar de desanimarse, siéntase gozoso por tener el privilegio de participar de los padecimientos de Cristo. ¿Qué hacer ante la oposición de sus compañeros de trabajo? Saber que es algo normal que ocurre, reprender por medio de nuestra buena conducta y testimonio, y gozarnos  por ser partícipes de los padecimientos de Cristo.

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