¿Qué significa cargar la cruz de Cristo?

Tomar la cruz, o cargar la cruz, no significa llevar una imagen de la cruz en una cadena colgada al cuello, o en la billetera, o en el bolso o en la contratapa de la Biblia, o en donde sea. Por otro lado, tampoco significa tener que soportar una situación adversa o una prueba. Algunas esposas cuyos maridos no resultaron como ellas esperaban, suelen decir que la cruz que tienen que llevar es su esposo. Algunos esposos que no tienen buenas relaciones con sus suegras, suelen afirmar que sus suegras son la cruz que ellos tienen que llevar. Los que sufren de alguna enfermedad persistente también suelen referirse a su enfermedad como la cruz que tienen que llevar.

Pero vamos a dar lectura a uno de los pasajes bíblicos que hablan de tomar la cruz para determinar a qué se refiere. Se encuentra en Mateo 10:34-39. La Biblia dice: No penséis que he venido para traer paz a la tierra;  no he venido para traer paz,  sino espada.

Mat 10:35  Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre,  a la hija contra su madre,  y a la nuera contra su suegra;

Mat 10:36  y los enemigos del hombre serán los de su casa.

Mat 10:37  El que ama a padre o madre más que a mí,  no es digno de mí;  el que ama a hijo o hija más que a mí,  no es digno de mí;

Mat 10:38  y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí,  no es digno de mí.

Mat 10:39  El que halla su vida,  la perderá;  y el que pierde su vida por causa de mí,  la hallará.

Obviamente, el propósito principal del evangelio es lograr la paz con Dios. Juan 14:27 dice: La paz os dejo,  mi paz os doy;  yo no os la doy como el mundo la da.  No se turbe vuestro corazón,  ni tenga miedo.

Pero esto normalmente está precedido de un temporal conflicto en el plano humano. Cuando una persona deposita su fe en la persona y obra del Señor Jesucristo y lo hace público de alguna manera, no cosechará el aplauso de las masas sino el reproche de las masas. Pero lo más triste es la incomprensión y rechazo de las personas más cercanas al creyente ya sea padres, madres, hermanos, hermanas, suegros, suegras, hijos, hijas, amigos, y así por el estilo. Es como si la decisión de recibir a Cristo como Salvador fuera un filo cuchillo que hace división entre el creyente y las personas que le rodean. A esto se refirió el Señor Jesús cuando dijo: No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa. Esta circunstancia es una especie de prueba para determinar el grado de sinceridad de una persona que está considerando recibir a Cristo como Salvador y ser un discípulo de Él. A esto se refirió el Señor Jesucristo cuando dijo: El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí. Este versículo no está diciendo que los genuinos creyentes debemos odiar a nuestros padres o a nuestros hijos. Todo lo contrario. Los genuinos creyentes debemos amar a nuestros padres y a nuestros hijos y a todos en general. Pero el amor que debemos tener a nuestros padres, esposas, esposos, hijos, nietos, suegros, nueras y todo lo demás, debe ser de menor calidad que el amor que debemos tener al Señor Jesucristo. Presiento que esta declaración hará levantar las cejas de sorpresa a muchos creyentes, pero esa es la realidad. Poner esto en práctica implica una negación total al yo, a mis propios intereses, a mis propios afectos para dar preferencia al Señor Jesucristo, a su palabra, a su obra. Justamente es a esto a lo que se refirió el Señor Jesucristo cuando dijo: Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. Esta es la primera vez que el Señor Jesús menciona la palabra cruz a sus discípulos. Lo que el Señor Jesús estaba demandando es compromiso total de parte de sus discípulos, incluso hasta la muerte física.

Existen tantos ejemplos sobre el significado de cargar la cruz, de los cuales se puede citar el caso de un grupo de cinco misioneros, algunos de ellos muy jóvenes, con un potencial maravilloso para llegar a ser prósperos en la vida secular en su país, pero con un amor supremo por el Salvador. Este amor sin condiciones llevó a estos jóvenes misioneros a dejar atrás la comodidad en su país y un futuro brillante, y viajar a Ecuador para dar testimonio de su fe en la persona y obra del Señor Jesucristo. Estando en Ecuador, el Señor guió a estos misioneros a llevar el precioso mensaje del Evangelio a una tribu indígena en la selva ecuatoriana que en esos tiempos vivía en estado semi salvaje. Sin conocer el idioma de los indígenas y sin tener a nadie que sirva de contacto, pero conscientes del peligro que enfrentaban por la ferocidad de la tribu, estos cinco misioneros se dieron forma de entrar al territorio de la tribu para aprender su idioma, sus costumbres y sobre todo para compartir con ellos el amor de Cristo. Al parecer, la tribu indígena pensó que los misioneros representaban un potencial peligro para ellos y atravesaron con sus lanzas a todos ellos. Estos misioneros pagaron con su vida el precio de llevar el mensaje del Evangelio a los perdidos. A los ojos humanos parecía una gran pérdida. ¿Cómo es posible que cinco hombres con un futuro brillante hayan tenido que morir de esa manera tan trágica? Pero a los ojos de Dios no fue una pérdida sino una inversión. Como resultado de esta aparente tragedia, Dios trajo salvación inclusive a los que mataron a los misioneros, a sus esposas, a sus hijos, y a una cantidad de personas incrédulas. Como resultado de esta aparente tragedia, en el mundo se levantó una gran ola de interés por el campo misionero. La semilla que fue plantada dio un fruto abundante. A esto se refirió el Señor Jesús cuando dijo: El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará.

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